AGRICULTURA

Agrónomos crearon un maní que resiste a su peor enemigo

La nueva semilla es resistente al carbón del maní. Fue desarrollada por la UNC y por el criadero privado El Carmen.
27 de Febrero de 2019

 Juan Soave parece la reencarnación moderna del monje austrohúngaro Gregor Mendel. El clérigo fundó las bases de la herencia genética gracias al cultivo de diferentes variedades de arvejas en el patio de su monasterio a mediados del siglo XIX.

Cruzaba diferentes variedades de guisantes y luego analizaba su descendencia. Así, desarrolló las leyes de la herencia que hoy llevan su nombre.

Soave, ingeniero agrónomo de más de 60 años, es el dueño del criadero El Carmen, en General Cabrera. Ese es su "monasterio". Allí ha desarrollado las principales semillas del país. Más del 90 por ciento del maní que se produce en Argentina proviene de este criadero.

Y ahora ha logrado una variedad que podría revitalizar la producción local. Se trata de una semilla resistente al carbón del maní, un hongo que tiene a maltraer a los productores.

El trabajo fue desarrollado en colaboración con investigadores de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y del Departamento de Agricultura de EE.UU. Y fue publicado en la revista Plos ONE, de prestigio en la comunidad científica internacional.

"En esta campaña agrícola 2018/2019, la variedad resistente se está multiplicando para comenzar la comercialización de semillas en próximas campañas. Este año se inscribirá en el registro argentino de variedades de maní", comenta Marina Bressano, investigadora de Ciencias Agropecuarias de la UNC y primera autora de la publicación.

Fábrica de maní

"Hace más de 25 años que trabajamos en el mejoramiento del maní. Somos la única fábrica privada de esta semilla en América del Sur", dice Soave.

Los primeros desarrollos del criadero El Carmen fueron los manís con hasta un 80 por ciento de ácido oleico, lo cual tiene dos ventajas: no se ponen rancios tan rápido y son más saludables (el ácido oleico es el que está presente en el aceite de oliva).

Pero ahora el gran desafío de la industria del maní es el carbón del maní. "Es un problema desde hace una década, pero ahora la situación es grave. En la última cosecha se perdieron 30 millones de dólares. En un campo se puede perder hasta el 50 por ciento de los granos", dice Soave.

El hongo ya cubre toda la zona de producción, porque está en el suelo. Son esporas que invaden el grano y lo transforman en una especie de carbón. "Se está dejando de sembrar maní por esta causa. No hay soluciones químicas, ni tampoco con la labranza o la rotación de cultivos", asegura Soave.

El criadero tiene centenares de variedades de maní que se evaluaron en lo que Soave llama infectario. "Es un invernadero cuyo suelo tiene 12 mil esporas del hongo por gramo de suelo. En el campo más contaminado hay hasta cuatro mil esporas".

Allí se detectaron las primeras variedades resistentes, entre ellas unas originarias de Bolivia que se cruzaron con manís de elite, pero sin resistencia. Estas nuevas semillas otra vez se pusieron a prueba en el infectario por tres años.

En algunos casos se logró una altísima resistencia. "No conseguimos una inmunidad total en las semillas, pero, de mil vainas analizadas, sólo una estaba infectada", dice Soave.

Investigación artesanal

La caracterización del germoplasma del criadero y de todas las evaluaciones de semillas posteriores se realiza "a mano y a ojo". Soave recuerda que en una campaña tuvieron que pelar 67 mil vainas de maní a mano. En la última campaña abrieron 20 mil chauchas.

En tiempos de ingeniería y de edición genética, el mejoramiento de estas semillas se realizó "a la antigua". "La fuente de resistencia son variedades de la misma especie que pueden cruzarse naturalmente con los cultivos locales. Se fecundan las flores de una de las plantas con el polen de las otras, y las semillas resultantes son las que forman la población que luego se somete a siete ciclos de cultivo en los que se evalúa su comportamiento frente al carbón del maní", explica Bressano.

Investigadores del Laboratorio Nacional de Maní, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, realizaron la caracterización genética de las nuevas variedades mediante el uso de una gran cantidad de marcadores genéticos.

Soave sigue evaluando el comportamiento de estas variedades resistentes. Bressano explica por qué: "Como todo organismo vivo sometido a presiones del ambiente, el hongo puede mutar y volver a infectar a estas plantas resistentes. La identificación de nuevas fuentes y formas de resistencia es una tarea continua para el desarrollo de variedades superiores", asegura.

Con paciencia monástica, Soave también está tratando de desarrollar variedades de maní de ciclo corto, pero igual de productivas.

En la actualidad, el maní comercial tiene un ciclo de vida de por lo menos 150 días. "Estamos trabajando en una variedad que podrá cosecharse a los 130 días de haberse sembrado", comenta.

FUENTE: LA VOZ