fruticultura

Por la crisis, cerraron doce industrias jugueras

La crisis del sistema terminó impactando sobre este tipo de actividad y más de 2.000 trabajadores fueron expulsados del sector.
11 de Septiembre de 2019

 La industria de concentrados en la región acompañó durante años el desarrollo de la actividad frutícola del Valle de Río Negro y Neuquén.

Fue uno de los grandes soportes del sistema. La venta de manzanas y pera que el productor primario destinaba a la elaboración de jugo permitía el financiamiento del inicio de la temporada por el gran volumen que manejaba y los plazos cortos con los que se pagaba. Desde hace ya un par de años, este escenario cambió profundamente.

La crisis de la actividad frutícola arrastró también a toda la industria secundaria, por fuera de la comercialización en fresco, que estaba relacionada con la actividad.

Las frías estadísticas, que muestran distintos informes privados, reflejan este complejo contexto. Entre 2000 y 2003 existían 14 empresas elaboradoras de jugos concentrados distribuidas en vastas regiones del Alto Valle y Valle Medio, las que daban trabajo en forma directa a algo más de 2.500 empleados. Entre todas ellas producían alrededor de 100.000 toneladas (temporada 2001) de concentrado que se exportaba -en su gran mayoría- al mercado de los Estados Unidos. Para semejante volumen, se necesitaron industrializar cerca de 700.000 toneladas de manzanas y peras. En esos años se exportaban más de 100 millones de dólares por año de concentrado.

Esta riqueza, que se producía en la región hace tan solo 18 años atrás, fue diezmada por las políticas económicas de los distintos gobiernos que atravesaron esos años hasta la actualidad.

Los últimos estudios, para el cierre de la presente temporada, proyectan que las exportaciones de jugos concentrados alcanzarán las 18.000 toneladas, quedando hoy solo dos (Natural Juice y Jugos SA) de las 14 empresas exportadoras que existían en aquel entonces. Todas las cooperativas ligadas a esta actividad exportadora cerraron sus puertas.

Cuando mencionamos la crueldad de las estadísticas hablamos de estas críticas cifras: en algo menos de dos décadas más de 2.000 trabajadores industriales fueron expulsados del sistema, 12 empresas, muchas de ellas de primera línea, bajaron sus persianas por falta de competitividad; los ingresos de divisas, en el período bajo análisis, cayeron en más de 80 millones de dólares; y una industria que financiaba el inicio de la rueda que significa la temporada de cosecha dejó de hacerlo hace ya unos años.

Problemas internos

Cuando se analiza la evolución que ha tenido la industria de concentrados en estas últimas décadas, lo primero que observa es que, los momentos en los que el país contaba con un tipo de cambio competitivo, las exportaciones crecían fuertemente. Pero, con el paso del tiempo, estos saltos en el comercio cada vez eran menores, pese a que las devaluaciones se mostraban con mayor intensidad. ¿Por qué esta correlación dólar-exportación no se mantuvo? Por las políticas económicas aplicadas en los distintos gobiernos, las que desencadenaron una descapitalización del sector y altos costos de producción que hicieron poco competitivo al producto en el exterior. A esto se le suma la creciente y feroz carga impositiva, en la que se incluyó en estos últimos años el impuesto -inexistente en otros países- sobre los productos de exportación.

Todo este combo fue determinante para el progresivo deterioro que se observó en la actividad.

Pero esta crisis de la industria juguera no se observa en otros países del globo. En el mercado internacional, el comercio del concentrado continúa creciendo pese a los vaivenes políticos y económicos existentes en todo el mundo.

Una de las tantas jugueras abandonadas en la región.

Los informes elaborados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, en sus siglas en inglés) destaca que la producción de concentrados de manzanas y peras crecieron 35% durante el período 2001-2018.

Las estadísticas muestran, claramente, que los problemas de la industria en el Valle de Río Negro y Neuquén son internos y están desacoplados de la evolución del sector a nivel internacional.

Expectativas por la menor oferta a nivel mundial

Hay buenas expectativas para el comercio de la industria de jugos concentrados en la presente temporada. Este escenario se da por tres causas bien definidas.

La primera de ellas es la menor cantidad de fruta cosechada en el hemisferio norte. Según datos suministrados por la Asociación Mundial de la Manzana y la Pera (WAPA, por sus siglas en inglés) la cosecha de manzanas en la Unión Europea alcanzará en esta temporada las 10.556.000 toneladas, cifra que refleja una caída interanual del orden del 20% y un 8% menor que la media de los últimos tres años. Polonia, el mayor productor de manzana y elaborador de concentrado de Europa, tiene previsto cosechar un 44% de fruta menos respecto de la temporada 2018. La estadística oficial detalla que se proyecta una producción de 2.710.000 toneladas, frente a la cifra de 4.810.000 toneladas del año pasado. Pero también China muestra caídas sensibles en su oferta. Este gigante prevé una caída del 30% de su cosecha de manzanas, unos 10 millones de toneladas menos que la pasada temporada. Esta menor oferta debería impactar sobre el precio final del concentrado en el mercado internacional.

El segundo punto es la caída de los stocks de concentrado a nivel mundial, quitando presión en la comercialización.

El tercero, es la guerra comercial entre China y Estados Unidos, este último el mercado hacia donde se destina el 100% del concentrado que se fabrica en el Valle de Río Negro y Neuquén. En septiembre del año pasado, la administración Trump impuso aranceles del 10% sobre las importaciones de concentrados chinos. En este sentido, hay que destacar que el gigante asiático hoy concentra más del 60% de la importación norteamericana de este producto. Pero la crisis entre ambos países llevó a elevar ese arancel al 25% en mayo de este año. La oferta argentina se mantiene sin aranceles.

Los valores del concentrado en Estados Unidos están en baja pese a la menor oferta.

Todo este escenario permitiría entrever que la menor oferta que hay en el mercado sumado a los aranceles a las importaciones chinas iba a repercutir en los precios finales del producto. Sin embargo, nada de esto está ocurriendo.

Los valores del concentrado en Estados Unidos están en esta temporada en torno a los 6 dólares el galón, un 20% por debajo de los consolidados durante el año anterior. Por otra parte, la demanda de los importadores norteamericanos no reacciona a la espera de nuevas medidas del gobierno de su país.

En definitiva, según analistas del mercado, puede que para el último trimestre del año los precios del concentrado comiencen a levantar teniendo en cuenta la caída de oferta mundial para este tipo de producto.

Fuente: Diario Río Negro