Aves argentinas

El chingolo, pequeño compañero

"Allí donde el hombre construya una casa y plante un árbol llegará el chingolo para hacerle compañía", reza el dicho popular. En esta nota conocemos un poco más de este pájaro que nos regala su canto a toda hora.
Verónica Salamanco - Redacción Chacra

En Argentina hay ocho variedades de chingolos. Habitan en espacios abiertos, con árboles y arbustos, cultivos y plantaciones, ya que su dieta está integrada por semillas e insectos. El chingolo frecuenta parques, jardines y lugares poblados en general, llegando incluso hasta los patios de las casas en procura de alguna miguita de pan. También se lo puede ver en las zonas rurales, terrenos con arbustos, montes y costas de espejos de agua. Es inquieto y veloz en el vuelo. Pariente del gorrión, anda a los saltitos y con su canto transmite alegría. Su plumaje tiene predominancia de color gris amarronado, con un gorrito en la cabeza que termina en un ligero copete. El pico es corto y cónico, de alrededor de 1 cm. y medio y la cola, también corta, suele medir unos 4 centímetros

Para el cortejo el macho hace alarde de su voz y el "pavoneo" ante la hembra. En el suelo, el macho abre las alas mientras emite un armonioso canto. Luego despliega las plumas en abanico y extiende la cola. Pueden llegar a sostenerse verdaderos combates prenupciales.

Los chingolos construyen su nido en primavera, a muy poca distancia del suelo, en un lugar protegido. La tarea está a cargo exclusivamente de la hembra. Comúnmente lo realiza en una depresión del suelo, así los bordes del nido quedan bajo el nivel del terreno, protegido del viento entre matas y cardos. A veces también lo levanta entre dos ramas de un árbol o en un poste e incluso es posible que nidifique entre raíces o en huecos de barrancas. La hembra construye el nido en forma de copa de unos 9 cm. de diámetro y 7 de profundidad con pajitas, cerdas y crines. Le lleva unos tres días realizarlo, tras lo cual acondiciona el fondo para hacerlo más mullido. En este nido depositará de 2 a 4 huevos pequeños (de 19 por 15 mm.) de color celeste con manchitas parduscas. 

Los chingolos tienen dos posturas al año. En Buenos Aires, la primera nidada generalmente se produce en octubre y la segunda de diciembre a enero, o más tarde. Dado el escaso alimento en la montaña, el chingolo andino pone sólo dos huevos igual característica se da en las zonas tropicales. Después de alrededor de 13 días de incubación, nacen los pichones que permanecen en el nido de 9 a 11 días, siendo alimentados por ambos padres y celosamente protegidos ante cualquier amenaza. Durante la época de crianza de los pichones es común ver a los adultos llevando en el pico langostas, mariposas, lombrices.

A menudo los tordos, que no construyen nido, depositan sus propios huevos en el nido del chingolo. El chingolo lo acepta y lo incuba junto con los propios. Cuando nace la pollada sucede a veces, que los pichones del tordo, que son más grandes, desalojan a los del chingolo del nido. Otras veces lo comparten y los padres chingolos, que son excelentes padres adoptivos, alimentan a todos por igual. Cuando nacen los pichones su cuerpo está cubierto de un oscuro plumón. Al abandonar el nido ese plumón es reemplazado por otro grisáceo; es el plumaje juvenil que en pocas semanas se desgastará. Es entonces cuando se produce la segunda muda, que afectará al cuerpo y a las cubiertas alares pero no al resto de las alas ni a la cola. Este plumaje ya es igual al del adulto. Los adultos también experimentan uno o dos cambios de plumas en los períodos pre y postnupcial.

Sus enemigos son fundamentalmente los lagartos, culebras, comadrejas, felinos, los zorros y las aves de rapiña.

Un comportamiento singular

El chingolo se acuesta más tarde que otros pájaros, de modo que se lo escucha cantar ya muy avanzado el crepúsculo cuando las otras aves ya duermen. Si bien es un pájaro confiado, es también precavido y se espanta con facilidad. No son fáciles de atrapar y no les gusta vivir en cautiverio.

Son fundamentalmente granívoros pero se alimentan también de insectos coleópteros, en menor proporción, y un 10 % de minerales. Como todos los "semilleros", los chingolos parten los granos con los bordes cortantes de sus picos y la ingesta de semillas se ve favorecida por el movimiento de la mandíbula inferior, de adelante hacia atrás. Para buscar alimento, los chingolos suelen agruparse. En el sur de la Argentina es común verlos en las inmediaciones de los bosques, cerca de casas y quintas y entre los rastrojos de los cultivos procurando su comida en el suelo. En estos casos se asocia con los gorriones, con quienes suele confundírselos, aunque se identifican gracias a su copetito gris. Así, la alimentación del chingolo es omnívora.

Aunque el chingolo no es un ave estrictamente gregaria, ocasionalmente puede formar bandadas de varios cientos de individuos, que se dispersan si algo las espanta.

En la zona de los Andes suelen juntarse con otras aves como el fringilo amarillo, el fringilo plomizo y grisáceo, en intersticios y bóvedas de las rocas. Estos refugios son usados durante la noche como especies de "dormitorios colectivos" en los que forman grupos de hasta 200 individuos defendiéndose del frío.