Cultura

Revalorizar lo nuestro

Sin perder los diseños y técnicas ancestrales, y con materia prima propia, un grupo de artesanos encontró la forma de hacer frente a la competencia de los productos industriales.
Verónica Salamanco - Redacción Chacra

A lo largo y a lo ancho del país hay artesanos que, con técnicas ancestrales, trabajan diferentes materias primas, diseñan y elaboran productos únicos. Los puntos de venta son generalmente locales, y se suelen concentrar en los puntos turísticos. Para estos emprendedores es muy difícil crecer en materia comercial porque no tienen recursos para trasladarse ni para promocionar sus productos.

Como si estas dificultades fueran pocas, hay objetos que provienen de la artesanía industrial que compiten en forma desleal, ya que tienen bajo costo y materiales similares. En esa situación estaba Susana Prado, tejedora salteña, hace unos años cuando ya no tenía espacio para vender sus telares en la calle y sólo había conseguido colocar algunos en un hotel 5 estrellas de la ciudad de Salta. A través de esas piezas, que se destacaban por su buen gusto y su elaboración artesanal, el Ministerio de Desarrollo Social contactó a Susana y le propuso reunir a emprendedores que estuvieran en su misma situación. “Eramos unos 15 artesanos. Vinieron diferentes profesionales a explicarnos qué es la Marca Colectiva y cómo eran los pasos a seguir para integrar todos un mismo proyecto”, recuerda Susana, “Nos dejaron todos los papeles y nos pusimos de acuerdo para aceptar la propuesta”.

Los primeros pasos fueron la elección del nombre y la inscripción de cada uno como monotributista para formalizar su situación. Se autobautizaron como Muspay, que en quechua quiere decir “hablar en sueños”. “Que venga alguien del Gobierno de la Nación y nos ofrezca esto era como un sueño. En el ministerio también sintieron que era un buen nombre porque sabían que para nosotros era como un sueño y que no terminábamos de creerles, con lo cual les generamos más compromiso”, señala la emprendedora, a la vez que destaca que “lo que tenemos en común es que somos todos artesanos”. “Hacemos artesanías, no manualidades”, se ocupa en aclarar, “La artesanía va desde el origen del producto, en mi caso, la lana de llama y oveja. También hacemos el diseño y las piezas. En cambio, las manualidades se pueden comprar partes listas, se pueden mezclar, se puede copiar. También me gusta, pero cada uno a lo suyo”.

Cada creación que lleva la marca Muspay es elaborada por los artesanos con sus propias manos como si fuera una pieza de arte. Los tejidos se hacen en telares, bastidores y con aguja; y la bijouterie y artículos para escritorio, en alpaca y madera.

Con la marca colectiva, los artesanos lograron fortalecer su producción y comercializarla en diversas ferias, como Tecnópolis, Ferias Navideñas y la Feria de Corea del Sur Expo Yeosu 2012. Esta herramienta les otorgó además valor agregado y mayor visibilidad a sus creaciones, además de garantizar la calidad de las mismas.

“Empezamos a ir a ferias, eligiendo los productos según las posibilidades de llevarlos porque nosotros nos hacemos cargo del traslado”, cuenta Susana, “también hacemos catálogos que renovamos cada seis meses”. Se firmó un convenio entre Cancillería y el Ministerio de Desarrollo Social, con lo cual cada vez que Cancillería tiene que hacer un regalo al exterior, se dirige a los emprendedores para consultar productos y precios. También hay convenios con otros organismos como Policía Federal cuando tienen que hacer algún regalo, o algún cambio en los uniformes que lleven un detalle artesanal. “Cada uno tiene su monotributo, cada uno factura por su trabajo, y cada uno tiene su cuenta del banco”, aclara Prado.

La modalidad habitual es que cada artesano trabaje en su taller, pero cuando llegan grandes pedidos, se juntan y completan el pedido entre todos, porque cada uno tiene su especialidad, pero todos tienen conocimiento de lo que hace el otro.

Hay productores que se quieren sumar a Muspay. “La única condición es que sea artesano. Hay algunos que trabajamos en el mismo rubro, pero no lo tomamos como competencia porque cada uno tiene su estilo y nos respetamos”, continúa, “Lo único que pedimos es respeto. Viene gente atrás, que es la nueva generación que tiene que aprender, y la condición que pongo para que trabajen con nosotros es que no dejen la universidad porque necesitamos gente preparada. Vamos progresando porque nos están conociendo mucho. Esto es para crecer y no quedarse”.