Medio ambiente

Techos verdes: más que una moda

Los techos verdes son una tendencia en las ciudades que se ocupan por la calidad de vida. Cómo construirlos para que cumplan su función y perduren en el tiempo.
Verónica Salamanco - Redacción Chacra

Los techos verdes están en auge: no sólo permiten entrar a la naturaleza a lugares impensados de las ciudades hasta ahora sino que también contribuyen a disminuir la polución del aire y mejorar la calidad de vida. Pero hay que saber construirlos y mantenerlos para que estos techos cumplan adecuadamente su función y no ocasionen daños estructurales. El INTA ha realizado varios estudios sobre este tema y junto con el Instituto de Floricultura de su sede en Castelar, desarrolló un documento con recomendaciones sobre los pasos a elegir y la selección de materiales.

La Dra. María Silvina Soto, especialista de dicho Instituto destacó el rol de los techos verdes por sus numerosas ventajas: “Disminuyen la polución del aire y el efecto isla urbana, mejoran la estética visual y la calidad de vida, conservan energía, favorecen la formación de corredores de flora y fauna y retrasan el escurrimiento del agua de lluvia”. Asimismo, explicó que este tipo de techos “otorga créditos para el programa LEED (Leadership in Energy and Environmental Desing standars) que promueve la construcción de edificios que presentan un bajo impacto ambiental brindando ambientes de vida y trabajo saludables”.

La clave del éxito para un techo verde tiene cuatro pilares: la estructura edilicia, el sistema de impermeabilización, el sustrato y la elección de las plantas. Para Soto se trata de un trabajo multidisciplinario en el que tanto los arquitectos, ingenieros, agrónomos, paisajistas y técnicos en floricultura deben trabajar conjunta y mancomunadamente, ya que es la única manera que los techos verdes sean sustentables a largo plazo.

Estos son espacios donde la cubierta vegetal es plantada sobre un sustrato de poca profundidad. Son lugares que generalmente no son accesibles y por eso hay que considerar que deben tener bajo mantenimiento sin suministro de riego y con condiciones más hostiles que acotan la diversidad de especies. El sustrato debe tener un bajo contendido de sales y un pH levemente ácido. Además, de contar con buen drenaje, ser liviano y con poca materia orgánica. “De ninguna manera se debe utilizar tierra”, advirtió, “ya que presenta propiedades físicas no adecuadas tales como la baja permeabilidad, alta retención de agua, poca disponibilidad para las plantas y un peso elevado. Además, podría provocar interferencias en los desagües”.

El sustrato a utilizar debe contar con propiedades físicas y químicas adecuadas para las especies que se quieren plantar. Para su composición, la técnica recomendó utilizar hasta un 80 % de materiales inorgánicos como piedra pómez, zeolita, vermiculita y perlita, mezclado con un 20 %, como máximo, de materiales orgánicos como turba o compost. “Un sustrato a base de compuestos inorgánicos permitirá que la profundidad no varíe, que el drenaje sea el correcto y se mantenga estable a través de los años, y que –mediante un manejo nutricional adecuado– se logre tener la comunicad vegetal deseada”, detalló.

En referencia a la selección de variedades aptas para estos ambientes, Soto ponderó la necesidad de que sean “altamente eficientes en el consumo de agua con una composición de no menos de un 80 % de especies Crassas”. La diversificación de especies permite aumentar la estabilidad del sistema, por lo que aconsejó utilizar entre 10 y 15 especies, en porcentajes diferentes dependiendo de la estrategia de cada una con respecto a la velocidad de crecimiento y propagación.

También hay que considerar el momento del año que va a ser implantando: “Las especies predominantes deberán ser aquellas que respondan mejor a la estación de implantación, para asegurar una rápida cobertura. Con los años cada comunicad adoptará una dinámica determinada para cada época del año”, señaló Soto, “En estos sistemas, la composición florística responde a las condiciones del lugar y a las estrategias de cada especie, observándose asociaciones sinérgicas que presentan nichos específicos para el desarrollo y la sobrevivencia de cada genotipo”.

De acuerdo con la especialista, “si bien el único género apto para estos ecosistemas es el Sedum (Sedum mexicanum, Sedum acre, Sedum álbum, Sedum kamtschaticum, Sedum rupestre y S. reflexum), existen algunas especies nativas estudiadas en el Instituto de Floricultura que podrían ser adecuadas para este uso”. Entre estas, se destacan Gomphrena celosioides, Phyla canescens, Senecio ceratophylloides, Grahamia bracteata, Portulaca grandiflora, Portulaca gilliesii. Cabe destacar que la inclusión de nativas en mezclas de Sedum comerciales no deberá ser mayor al 20%, asegurando una buena interacción entre especies. Actualmente las investigaciones se focalizan en aumentar la diversidad de especies nativas para estos usos, avaluar diferentes componentes de sustratos y buscar estrategias de nutrición para lograr rápida cobertura, baja mantención y buen manejo florístico.

En el INTA desarrollaron un instructivo para armar un techo verde en siete pasos. Para ello, los elementos necesarios son: Bandeja de madera o metal, Lámina de polietileno, Bandejas de cultivo, Leca o piedras, Tela antiraíz o tejido mediasombra, Sustrato y Plantines

Siete pasos

1- Seleccionar un soporte de madera o de metal.

2- Extender una lámina de polietileno sobre la superficie.

3- Colocar las bandejas de cultivo. Se adquieren en viveros.

4- Rellenar las bandejas con leca o pequeñas piedras.

5- Extender la tela antiraíz. Esta tela antiraíz también se consigue en viveros o puede reemplazarse por tejido mediasombra. Si tiene poca altura, añadir un borde de plástico que aumente la profundidad de la bandeja.

6- Incorporar un sustrato, rico en nutrientes para asegurar la fertilidad del suelo y el crecimiento de las plantas. Opcional: para evacuar el exceso de agua acumulado, es conveniente colocar un tubo entre la capa de polietileno y las piedras.

7- Ubicar los plantines.

“Debemos recordar que los techos verdes son estructuras que están relacionadas con un ahorro de energía, principalmente de consumo de agua, basado en sistemas sostenibles a largo plazo (10 o más años)”, concluyó la dra. Soto, “Cabe resaltar la diferencia entre un jardín de altura que es un espacio verde donde el sistema se pone en función de la vegetación (esto quiere decir que tanto las características el sustrato, la profundidad del misma, los sistemas de riego, el mantenimiento, la fertilización está de acuerdo a los requerimientos especies ornamentales que queremos en el jardín), y un techo verde donde son las plantas las que van a estar en función del sistema. Si ponemos la cantidad de recursos en función del espacio podemos decir que los jardines de altura son sistemas intensivos y los techos verdes son sistemas extensivos”.