Biocombustibles: Brasil avanza y Argentina sigue esperando una nueva ley

El Gobierno de Lula reglamentó el programa nacional de SAF, con metas obligatorias de reducción de emisiones desde 2027. La medida vuelve a poner el foco sobre el retraso regulatorio argentino.

13 de Agosto de 2026

 Brasil avanzó esta semana en una política que puede redefinir el desarrollo de los biocombustibles vinculados al transporte aéreo y marítimo. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva reglamentó el Programa Nacional de Combustible Sustentable de Aviación (ProBioQAV), previsto en la denominada Ley del Combustible del Futuro.

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El decreto fue firmado por Lula el 12 de agosto de 2026 y establece el marco regulatorio para la producción, certificación, comercialización y utilización del combustible sostenible de aviación (SAF) en Brasil. Uno de los puntos centrales del programa son las metas obligatorias y graduales de reducción de emisiones para la aviación doméstica brasileña. El esquema comenzará a aplicarse en 2027 y tendrá una evolución progresiva hasta alcanzar una reducción del 10% en 2037. La normativa también establece un sistema nacional de certificación obligatoria para el SAF producido en Brasil o importado. El mecanismo incorpora requisitos de trazabilidad y sostenibilidad y crea el Certificado de Sustentabilidad del SAF (CS-SAF), que permitirá comercializar por separado el atributo ambiental asociado al combustible.

El esquema comenzará a aplicarse en 2027 y tendrá una evolución progresiva hasta alcanzar una reducción del 10% en 2037.

Una oportunidad para el agro

El avance brasileño no se limita al sector energético. La apuesta por los combustibles sustentables también puede convertirse en una herramienta para agregar valor a las materias primas agrícolas. Los biocombustibles permiten transformar productos como los aceites vegetales en insumos para nuevas cadenas industriales, generando demanda para la producción agropecuaria y promoviendo inversiones en infraestructura y procesamiento. La estrategia también puede generar empleo calificado y actividad económica en las regiones productivas, al mismo tiempo que amplía las alternativas para el aprovechamiento industrial de materias primas de origen agrícola. Brasil estima que podría alcanzar una capacidad potencial de producción de 2.100 millones de litros anuales de SAF en 2030, lo que lo posicionaría como uno de los principales actores de la región en combustibles sostenibles. El desarrollo de esta industria combina así objetivos de transición energética, reducción de emisiones y desarrollo agroindustrial, con el Estado estableciendo reglas y metas que buscan generar previsibilidad para las inversiones.

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Argentina, en el banco de suplentes

El avance brasileño vuelve a poner en discusión la situación argentina, especialmente por la falta de actualización del marco regulatorio para los biocombustibles y por las dificultades para avanzar con nuevas normas que permitan ampliar el desarrollo de estas cadenas. El presidente de CIARA-CEC, Gustavo Idígoras, cuestionó la situación argentina y comparó ambos procesos. "Mientras Brasil construye futuro nosotros vivimos en el pasado, con una ley vigente de estilo soviética y un proyecto de ley en el Senado que no tiene interés legislativo en ser sancionado", afirmó. Para Idígoras, Argentina debería avanzar hacia una legislación que permita desarrollar bioenergías basadas en materias primas agrícolas, con estándares de calidad y sustentabilidad y bajo un esquema de libre competencia. "El futuro de Argentina pasa por generar bioenergías basadas en materia prima agrícola con alta calidad y sustentabilidad, y fomentando la libre competencia. Es el momento de sancionar una Ley en Argentina que genere futuro", sostuvo.

"Mientras Brasil construye futuro nosotros vivimos en el pasado, con una ley vigente de estilo soviética y un proyecto de ley en el Senado que no tiene interés legislativo en ser sancionado"

La carrera por los combustibles sustentables

El caso brasileño muestra que la transición energética puede convertirse en algo más que una política ambiental. También puede funcionar como una estrategia de desarrollo productivo, especialmente en países con una fuerte base agroindustrial. Para Argentina, el desafío pasa por definir si puede aprovechar esa misma ventaja comparativa y convertir su producción agrícola en materia prima para nuevas industrias energéticas. Mientras Brasil avanza con metas obligatorias, certificación y trazabilidad para el SAF, Argentina todavía enfrenta el desafío de actualizar su marco normativo y generar condiciones que permitan atraer inversiones. La discusión ya no pasa solamente por producir más biocombustibles, sino por quién ocupará los espacios que se abren en las nuevas cadenas de energía sustentable. Y, por ahora, Brasil parece haber tomado la delantera.

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