De un avión de 1961 a los drones: cómo la calibración cambia los resultados
La jornada puso a prueba distintas tecnologías de aplicación y mostró que la calibración y el conocimiento pueden ser tan determinantes como el equipamiento.
La discusión sobre la tecnología aplicada al agro suele estar asociada a la incorporación de nuevos equipos, mayor potencia y automatización. Sin embargo, una jornada realizada en Río Cuarto planteó una mirada diferente: antes de cambiar de máquina, hay margen para mejorar el rendimiento de la tecnología disponible.Ese fue uno de los principales ejes de Fitosanitarios 360, una jornada organizada por la Mesa de Buenas Prácticas de Río Cuarto, que reunió a más de 400 productores, aplicadores, técnicos, empresas y referentes del sector. Aviones agrícolas, pulverizadoras terrestres y drones fueron evaluados a campo bajo una metodología que puso el foco no sólo en la capacidad operativa de cada equipo, sino también en la calidad efectiva de las aplicaciones. Entre los desarrollos presentados se destacaron sistemas de paso variable en vuelo para aviación agrícola, pulverizadoras eléctricas y distintas tecnologías orientadas a mejorar la precisión, el control y la eficiencia.
El equipo no lo es todo
Uno de los datos que dejó la jornada fue que el costo o la antigüedad de una máquina no necesariamente determinan su desempeño. Durante la experiencia se presentó el caso de una pulverizadora terrestre de unos 20 años de antigüedad, con un valor estimado de US$ 40.000, que puede alcanzar una capacidad de trabajo cercana a las 400 hectáreas por día, manteniendo altos estándares de calidad. También se mostró el desempeño de un Piper de 1961, equipado con un motor de 150 HP y con un valor estimado de US$ 90.000. Correctamente configurado, el avión puede realizar unas 100 hectáreas por carga y completar ese trabajo en aproximadamente una hora, con resultados de calidad para aplicaciones de fungicidas. "Antes de preguntarnos cuánto cuesta una nueva tecnología, también debemos preguntarnos cuánto potencial todavía no estamos aprovechando de la tecnología que ya tenemos", señaló Juan Molina, secretario de FeArCA y titular de Grupo APC. La experiencia buscó justamente ponerle números a esa premisa: medir el desempeño permite identificar cuánto de la capacidad de un equipo se está utilizando realmente y qué ajustes pueden mejorar sus resultados.
"Antes de preguntarnos cuánto cuesta una nueva tecnología, también debemos preguntarnos cuánto potencial todavía no estamos aprovechando de la tecnología que ya tenemos"
Menos agua, más eficiencia
Las pruebas a campo también mostraron resultados vinculados con el uso eficiente de los recursos. Una pulverizadora terrestre consiguió una aplicación de excelente calidad utilizando 6 litros de agua por hectárea, mientras que los drones mostraron buenos resultados y evidenciaron la evolución que viene teniendo esta tecnología como herramienta para las aplicaciones agrícolas. En aviación agrícola se obtuvo otro de los resultados destacados: un avión correctamente calibrado superó el 90% de calidad de aplicación, con parámetros considerados prácticamente ideales para tratamientos con insecticidas y fungicidas. Más que comparar máquinas entre sí, la propuesta apuntó a comparar resultados y demostrar cuánto puede cambiar una aplicación cuando se ajustan correctamente variables como la configuración del equipo, el tamaño de gota, el volumen, la distribución y las condiciones de trabajo.
Un avión correctamente calibrado superó el 90% de calidad de aplicación, con parámetros considerados prácticamente ideales para tratamientos con insecticidas y fungicidas.
Productividad y calidad, en la misma ecuación
La experiencia estuvo coordinada técnicamente por Fundación Benet y Grupo APC, con una metodología basada en medir, comparar y convertir los resultados en información útil para la toma de decisiones. En ese marco se presentó además el Programa PC (Productividad y Calidad en Pulverizaciones), que busca integrar dos objetivos que muchas veces se analizan por separado: aumentar la capacidad operativa y, al mismo tiempo, mantener o mejorar la calidad de las aplicaciones. El planteo es especialmente relevante en un contexto en el que los costos de producción obligan a buscar mayor eficiencia por hectárea. Hacer más hectáreas no alcanza si la calidad del tratamiento se deteriora; y mejorar la aplicación sin considerar la capacidad operativa también puede limitar la productividad.
Fitosanitarios 360 puso ambas variables sobre la misma mesa. La jornada contó con el acompañamiento del Gobierno de Córdoba, FeArCA, Fundación Benet y Grupo APC, además de empresas, instituciones, productores, aplicadores y técnicos vinculados a la actividad. El mensaje que atravesó las demostraciones fue concreto: la incorporación de tecnología puede ampliar las posibilidades, pero la calibración, la medición y el conocimiento son los que permiten convertir ese potencial en resultados.
La incorporación de tecnología puede ampliar las posibilidades, pero la calibración, la medición y el conocimiento son los que permiten convertir ese potencial en resultados.

