Investigadores argentinos aíslan una bacteria para combatir importantes enfermedades en cultivos

El tratamiento permitió recuperar el desarrollo normal de plántulas de cebada y abre una alternativa para combatir estas enfermedades con menor impacto ambiental.

13 de Agosto de 2026

Los hongos del género Fusarium son responsables de importantes enfermedades y pérdidas económicas en numerosos cultivos. Entre ellos, Fusarium oxysporum puede infectar distintas especies vegetales y parte de su capacidad para afectar el crecimiento de las plantas está vinculada con la producción de ácido fusárico, una micotoxina que daña las células e inhibe el desarrollo de raíces y hojas.

Investigadores argentinos aíslan una bacteria para combatir importantes enfermedades en cultivos

Frente a este problema, un equipo de investigación de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y el CONICET logró aislar una bacteria del suelo con una característica particularmente interesante: es capaz de degradar el ácido fusárico. "Esta cepa del género Burkholderia usa la micotoxina como su única fuente de carbono, nitrógeno y energía para crecer", explicó Jimena Ruiz, investigadora del Instituto de Investigaciones en Biociencias Agrícolas y Ambientales (INBA, FAUBA-CONICET) y docente de Microbiología en la FAUBA. El hallazgo tiene una aplicación concreta. Cuando los investigadores aplicaron la bacteria sobre semillas previamente tratadas con ácido fusárico, las plántulas recuperaron un desarrollo normal. El efecto tóxico de la micotoxina, que habitualmente afecta el crecimiento de raíces y hojas, fue revertido por completo. Además, el equipo avanzó en la identificación de los mecanismos que permiten a la bacteria degradar el compuesto. Ya describieron algunos de los genes y enzimas involucrados en el proceso, un paso clave para transformar el descubrimiento en una herramienta tecnológica.

Cuando los investigadores aplicaron la bacteria sobre semillas previamente tratadas con ácido fusárico, las plántulas recuperaron un desarrollo normal

Una alternativa a los fungicidas

Actualmente, el control de las enfermedades y contaminaciones asociadas a Fusarium se apoya, entre otras estrategias, en el uso de fungicidas. Estos productos pueden generar impactos ambientales y, en algunos casos, las estrategias de control pueden perder eficacia con el tiempo. Otra alternativa consiste en desarrollar cultivos resistentes a los patógenos, aunque se trata de procesos que pueden ser costosos y demandar largos períodos de desarrollo. En este contexto, la investigación apunta a una estrategia diferente: aprovechar microorganismos o las enzimas que producen para modificar las moléculas tóxicas y convertirlas en compuestos seguros. El enfoque se conoce como biotransformación y permite pensar en tratamientos más específicos, sin necesidad de liberar microorganismos vivos al ambiente. Para Ruiz, este aspecto será central en las próximas etapas del desarrollo. "Primero hay que entender los procesos naturales para después poder aplicarlos", señaló la investigadora, quien remarcó que avanzar hacia soluciones tecnológicas con menor impacto ambiental requiere tiempo y recursos.

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La bacteria como herramienta, no como nuevo problema

El objetivo del equipo no es necesariamente aplicar la bacteria directamente sobre los cultivos. El conocimiento de los genes y enzimas que intervienen en la degradación del ácido fusárico podría permitir desarrollar tratamientos basados en esas herramientas biológicas. La estrategia forma parte de una búsqueda más amplia de alternativas para enfrentar las micotoxinas. Estos compuestos comenzaron a recibir especial atención a partir de la década de 1960, cuando se descubrió que una contaminación con Aspergillus flavus y su aflatoxina estaba detrás de una serie de muertes de pavos en Inglaterra. Desde entonces se identificaron numerosas micotoxinas producidas por distintos hongos y se multiplicaron los estudios destinados a reducir su presencia y sus efectos. Una de las estrategias estudiadas es la bioadsorción, en la que microorganismos como levaduras o bacterias lácticas interactúan con las micotoxinas a través de sus paredes celulares y las "capturan", reduciendo su disponibilidad. Ruiz abordó este tipo de alternativas en un trabajo publicado en la revista Advances in Applied Microbiology.

El trabajo realizado por la FAUBA y el CONICET suma ahora una herramienta diferente: la biotransformación del ácido fusárico. El desafío será convertir este descubrimiento de laboratorio en una tecnología aplicable al agro, capaz de reducir las pérdidas provocadas por Fusarium sin trasladar el problema al ambiente. Para las investigadoras, comprender cómo los microorganismos interactúan naturalmente con estos compuestos es el primer paso para desarrollar nuevas soluciones. En esa interacción entre microbiología y producción agropecuaria aparece una oportunidad concreta para diseñar tratamientos más eficaces y sustentables.

El desafío será convertir este descubrimiento de laboratorio en una tecnología aplicable al agro, capaz de reducir las pérdidas provocadas por Fusarium sin trasladar el problema al ambiente.

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