La falta de crédito frenó a los sectores que más empleo generan
Los nuevos préstamos hipotecarios, el financiamiento en dólares para firmas no exportadoras y una línea destinada a vehículos buscaron aliviar una economía marcada por la escasez de pesos
Los anuncios realizados durante las últimas semanas reconocieron uno de los principales obstáculos que atraviesa la actividad productiva argentina, la falta de financiación. Sin embargo, para el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), las iniciativas apenas modificaron una situación que comenzó a profundizarse en abril de 2025.
El deterioro quedó reflejado en el estancamiento del stock de préstamos como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB), una dinámica que afectó especialmente a los sectores que concentran buena parte del empleo. Al mismo tiempo, el avance de la morosidad volvió más complejo cualquier intento de reactivar el financiamiento.
De acuerdo con el análisis realizado por la entidad, el problema se originó cuando el control de los agregados monetarios pasó a ocupar un lugar central dentro de la estrategia antiinflacionaria. La decisión provocó una marcada volatilidad de las tasas de interés y restringió la disponibilidad de moneda en el mercado interno, bajo la expectativa de que ingresarían los denominados "dólares del colchón".
Aunque el Banco Central (BCRA) comenzó a comprar divisas luego de las turbulencias de septiembre de 2025, mantuvo prácticamente sin cambios el patrón de su política monetaria. Entre enero y agosto de 2026, solo 22 de cada 100 pesos emitidos para adquirir dólares quedaron circulando. Además, durante los últimos doce meses, la base monetaria creció apenas 6,6% nominal, frente a una inflación acumulada de 33,5%.
El ajuste coincidió con una mejora de las reservas líquidas del BCRA, que pasaron de USD 15.000 millones a USD 26.000 millones desde fines de 2025. No obstante, la cantidad de dinero disponible en la economía siguió disminuyendo y el M2 privado (cantidad de dinero en circulación) pasó del 7,9% del PIB en el segundo trimestre de 2025 al 6,6% en el tercero de 2026, mientras que la base monetaria bajó del 4,4% al 3,8%.
Fuente: IERAL en base a BCRA
La mora complicó la recuperación
La falta de financiamiento también estuvo acompañada por un fuerte incremento de los incumplimientos. Al momento de lanzarse el programa cambiario de abril de 2025, la morosidad representaba el 2,6% del total de las operaciones; doce meses después alcanzó el 7,7%.
Según el análisis realizado por el IERAL, si los préstamos al sector privado no se expanden a un ritmo anualizado equivalente al 2% del PIB, las empresas deben resignar capital de trabajo para afrontar sus compromisos, especialmente ante un costo financiero que permanece muy elevado.
Para facilitar la refinanciación de las obligaciones vencidas sin alterar los contratos, el Banco Central podría garantizar fondos en el corto plazo y ofrecer mayor previsibilidad para horizontes más extensos. Una alternativa sería intervenir en el mercado de tasas, del mismo modo que lo hace en el de futuros del dólar.
Otra posibilidad consistiría en transformar créditos a tasa fija en instrumentos ajustables por UVA, con el objetivo de reducir las cuotas iniciales. El informe también planteó revisar la carga tributaria nacional y provincial aplicada a estas operaciones, como ya ocurrió con las hipotecas.
El agro se expandió en una economía desbalanceada
Desde el segundo trimestre de 2025, la falta de crédito tuvo mayor incidencia que las importaciones en la caída o el estancamiento del comercio, el transporte, la industria y la construcción, sectores que concentran el 43% del empleo del país. Los datos disponibles mostraron que la actividad industrial disminuyó 6% entre abril de 2025 y julio de 2026, mientras que la construcción retrocedió 5,2%. En sentido contrario, el conjunto integrado por el agro, la minería y los hidrocarburos avanzó a un ritmo anualizado cercano al 10%.
Pese a ese desempeño, la inversión en máquinas y equipos cayó 14,8% entre el primer trimestre de 2025 y el comienzo del tercero de 2026. Esta contracción constituye una señal de alerta para las cadenas agroindustriales, porque limita la incorporación de tecnología y puede condicionar su capacidad de crecimiento.
El IERAL consideró que la desaceleración de la inflación y las expectativas de devaluación contenidas abrieron una oportunidad para modificar el esquema vigente. Entre las opciones mencionó fijar una meta mensual para algún agregado relacionado con la liquidez bancaria y establecer un corredor explícito de tasas que permita refinanciar deudas, reducir la incertidumbre y comenzar a salir de la actual trampa crediticia.

