La urea argentina tiene una huella de carbono 42% menor al promedio mundial
Profertil certificó la huella de carbono de su urea bajo la norma ISO 14064-3:2019, un respaldo que puede mejorar la competitividad de los granos argentinos frente a las crecientes exigencias ambientales de los mercados internacionales
En un escenario internacional donde las exigencias ambientales pesan cada vez más en la agroindustria, la firma Profertil logró un hito decisivo para el rubro. Un proceso de auditoría externa bajo la norma ISO 14064-3:2019 confirmó que la urea granulada elaborada por la compañía emite sensiblemente menos gases de efecto invernadero que el promedio de la oferta global, marcando un diferencial competitivo para la cadena agrícola.
La medición, que evaluó la Huella de Carbono de Producto (CFP) bajo el enfoque cradle-to-gate (de la cuna a la puerta), arrojó una marca de 777,8 kilos de CO? equivalente por tonelada. Al contrastar este parámetro con 59 estudios internacionales del sector, la huella del insumo argentino se ubica un 42% por debajo de la media mundial (fijada en 1.329,5 kilos), una cifra que sitúa al insumo local dentro del top 15% de mayor eficiencia ambiental del planeta, bajo la categoría de "Gas Eficiente".
Este logro es el resultado de un recorrido de 25 años de mejoras en la planta de Bahía Blanca, enfocado en inversiones destinadas al uso creciente de energías renovables, la eficiencia energética y la optimización de procesos, lo que permitió recortar cerca de un 40% las emisiones del insumo respecto de sus registros de 2014.
El impacto directo en el bolsillo y la gestión del lote
Para el productor agropecuario, la novedad excede el plano meramente ambiental y se convierte en una herramienta de negociación concreta. Dado que la huella de la urea representa entre el 40% y el 50% de la huella de carbono total en planteos de trigo y maíz, la disponibilidad de un dato certificado localmente evita que los granos argentinos sean evaluados con metodologías punitivas por defecto de los calculadores internacionales.
Contar con esta métrica oficial permite a los agricultores certificar la sustentabilidad de sus cosechas ante industrias de alta exigencia, como la citrícola, la arrocera o la cañera, y ganar terreno de cara a las barreras de entrada que comenzará a aplicar la Unión Europea a través de su Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM).
Con este avance, la compañía lograría transformar un indicador ambiental en una ventaja competitiva y económica directa para la producción nacional.

