La sostenibilidad ya no se mide por compromisos, sino por resultados verificables
En un contexto de creciente demanda por evidencia ambiental, la certificación, la agricultura regenerativa y la medición de impactos son herramientas claves.
Durante años, la conversación sobre sostenibilidad estuvo centrada en evitar impactos. Hoy, el desafío es otro: demostrar resultados.
En un escenario marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la creciente presión sobre los recursos naturales, los sistemas agroalimentarios enfrentan la necesidad de producir más, pero también de producir mejor.
La FAO y la Agenda 2030 de las Naciones Unidas han trazado una hoja de ruta clara: avanzar hacia sistemas productivos capaces de generar alimentos, proteger los ecosistemas y contribuir simultáneamente a la mitigación y adaptación al cambio climático.
A través de sus estándares de certificación, la Mesa Redonda de Soja Responsable (RTRS, por sus siglas en inglés), contribuye a ese objetivo promoviendo prácticas alineadas con diversos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre ellos, aquellos vinculados a la producción responsable (ODS12), la acción climática (ODS13) y la conservación de los ecosistemas terrestres (ODS15).
Este Día Mundial del Ambiente 2026 invita a reflexionar no solo sobre la urgencia de los desafíos ambientales, sino también sobre la necesidad de acelerar soluciones capaces de generar impactos verificables.
La pregunta ya no es si debemos avanzar hacia modelos más sostenibles, sino cómo acelerar esa transición y demostrar resultados de manera verificable.
Durante los últimos veinte años, RTRS ha trabajado para transformar principios de sostenibilidad en herramientas concretas para productores, empresas y mercados, contribuyendo a convertir la sostenibilidad en una práctica demostrable a lo largo de las cadenas de valor.
La pregunta ya no es si debemos avanzar hacia modelos más sostenibles, sino cómo acelerar esa transición y demostrar resultados de manera verificable.
Sin embargo, la evolución de los desafíos ambientales exige también nuevas soluciones. En este contexto, la agricultura regenerativa ha ganado protagonismo como un enfoque capaz de mejorar la salud de los suelos, fortalecer la biodiversidad, optimizar la gestión del agua, aumentar la resiliencia productiva y reducir emisiones.
De la teoría a la práctica
Con ese objetivo, RTRS desarrolló el proyecto piloto Sistema de Incentivos Regenerativos (RIS, por sus siglas en inglés), una iniciativa destinada a identificar mecanismos capaces de incentivar la adopción de prácticas regenerativas a escala.
El piloto desarrollado en cinco establecimientos agrícolas de Brasil, que abarcan cerca de 15.000 hectáreas, permitió evaluar la aplicación del Protocolo de Agricultura Regenerativa RTRS en condiciones reales de producción.
Los resultados fueron alentadores. Los establecimientos participantes alcanzaron un puntaje agregado del 67%, obteniendo una clasificación de nivel avanzado según el Protocolo de Agricultura Regenerativa RTRS.
Los mejores resultados se registraron en las dimensiones de agua, biodiversidad y clima, mientras que también se observaron avances relevantes en materia de salud del suelo, impulsados por una amplia adopción de prácticas como la siembra directa, la rotación de cultivos y el monitoreo de suelos.
Pero quizás tan importantes como los resultados fueron los aprendizajes.
El piloto confirmó que la agricultura regenerativa requiere enfoques adaptados a cada contexto productivo. También evidenció la necesidad de simplificar la recopilación de datos, especialmente para productores más pequeños, y de continuar desarrollando herramientas que permitan medir los avances de manera práctica y consistente.
Este proceso fue posible gracias al trabajo conjunto de más de 40 especialistas, productores y representantes de distintos sectores, reflejando uno de los principios fundamentales de RTRS: las soluciones más robustas surgen de la construcción multisectorial.
Latinoamérica: una oportunidad para la soja baja en carbono
Uno de los hallazgos más relevantes del proyecto RIS fue que los mercados muestran un interés creciente por comprender los resultados concretos que generan las prácticas regenerativas. Entre ellos, la reducción de emisiones y la huella de carbono ocupan un lugar central en la conversación global sobre sostenibilidad agrícola.
En este contexto, RTRS desarrolla dos líneas de trabajo complementarias. La primera tiene alcance global y busca comprender las expectativas y requerimientos de los mercados en torno a la medición y reducción de emisiones en las cadenas agrícolas. La segunda se centra en la industria acuícola latinoamericana, donde se está analizando el potencial de una soja baja en carbono, considerando que la soja representa una proporción significativa de la huella de carbono del alimento balanceado.
Este vínculo se ve reforzado por el creciente protagonismo del sector acuícola dentro de la membresía y las actividades de RTRS: cerca del 50% de los nuevos miembros incorporados en 2025 provienen de este segmento, y aproximadamente el 80% de los nuevos sitios certificados bajo el estándar de Cadena de Custodia en América Latina estuvieron vinculados ese mismo año a cadenas relacionadas con la acuicultura.
No se trata de crear nuevos mercados ni estructuras paralelas, sino de contribuir a la discusión global sobre cómo mejorar la calidad, coherencia y comparabilidad de la información ambiental en las cadenas de suministro.
Una mirada al futuro
Al celebrar el Día Mundial del Ambiente, resulta evidente que la sostenibilidad ya no puede limitarse a declaraciones de intención.
Los próximos años exigirán sistemas capaces de demostrar avances en materia de clima, biodiversidad, salud del suelo, uso eficiente del agua y resiliencia productiva. La buena noticia es que muchas de las herramientas necesarias para lograrlo ya existen. El desafío es ampliarlas, perfeccionarlas y hacerlas accesibles a mayor escala.
En definitiva, avanzar hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles no es solo una necesidad ambiental. Es una condición para garantizar la seguridad alimentaria, proteger los recursos naturales y fortalecer la resiliencia de las comunidades que dependen de ellos.
La buena noticia es que muchas de las herramientas necesarias para lograrlo ya existen. El desafío es ampliarlas, perfeccionarlas y hacerlas accesibles a mayor escala.
Después de dos décadas impulsando la producción responsable de soja a nivel global, en RTRS estamos convencidos de que la sostenibilidad del futuro será cada vez más colaborativa, más basada en evidencia y más orientada a resultados. Y es precisamente esa transición, de las promesas a la demostración de impacto, la que marcará la agenda ambiental de los próximos años.

