Bajo la lupa

¿Qué tipo de genética bovina necesita hoy el productor?

Hay que abrir el debate sobre qué tipo de genética bovina necesita hoy el productor para responder a un negocio atractivo pero cada vez más cambiante y exigente.

Roque CassiniProductor agropecuario, cabañero y Vicepresidente 2° de la Asociación Argentina de Angus | roque@lacassina.com
4 de Junio de 2026

 La ganadería argentina atraviesa uno de esos momentos que hay que saber aprovechar. Después de muchos años donde costaba encontrar previsibilidad, hoy vemos señales positivas que vuelven a poner a la producción de carne en un lugar muy interesante. Los precios internacionales están firmes, la demanda global sigue creciendo y la Argentina tiene todo para transformarse en uno de los grandes proveedores de carne de calidad del mundo.

Pero para aprovechar esa oportunidad no alcanza solamente con tener vacas o más kilos de pasto. El desafío pasa por producir mejor, con más eficiencia y con animales que puedan adaptarse a distintos mercados y sistemas productivos. Ahí es donde la genética empieza a jugar un rol central.

En ese sentido, creo que la reciente decisión del Gobierno de incorporar la amortización acelerada para reproductores de genética superior es una medida muy importante. Facilitar la inversión en genética es apostar directamente a mejorar la productividad, la calidad de carne y la competitividad de toda la cadena ganadera.

Pero para aprovechar esa oportunidad no alcanza solamente con tener vacas o más kilos de pasto

Muchas veces se habla de genética como algo lejano o reservado para grandes cabañas, pero la realidad es exactamente la contraria: la genética es probablemente la herramienta más democrática que tiene el productor para mejorar su negocio. Un buen toro impacta durante años sobre todo el rodeo y permite producir más kilos, más rápido y con mejores características comerciales.

¿Qué tipo de genética bovina necesita hoy el productor?

Desde hace tiempo, en La Cassina trabajamos con esa idea. Nuestro objetivo no es criar animales "de exposición", sino producir reproductores útiles, funcionales y adaptables a distintos ambientes y planteos productivos. Desde Guaminí, en el centro sur de Buenos Aires, vendemos toros en regiones muy diversas del país y vemos claramente que el productor necesita cada vez más animales con plasticidad.

La genética es probablemente la herramienta más democrática que tiene el productor para mejorar su negocio

Hoy el negocio cambia muy rápido. Hay momentos donde conviene apuntar a un novillito liviano para consumo interno y otros donde aparecen oportunidades muy interesantes para exportación. Por eso creemos en el concepto de animales "binorma": reproductores capaces de generar hacienda que pueda terminarse bien tanto en 390 kilos como arriba de 500 kilos, sin perder eficiencia ni calidad.

La flexibilidad pasó a ser una de las herramientas más valiosas del negocio ganadero moderno.

En nuestra experiencia, sistemas como el MEJ (Macho Entero Joven) muestran claramente hacia dónde puede crecer la ganadería argentina. Son animales que llegan rápidamente a altos pesos, con excelente eficiencia y calidad de carne, y que permiten capturar muy buenos valores de exportación. Sin embargo, para producir ese tipo de hacienda no alcanza solamente con alimentación o manejo: hace falta genética preparada para responder.

Por eso creemos que este es un momento ideal para que muchos productores se animen a invertir en reproductores superiores. Además, hoy existen herramientas financieras y fiscales que ayudan a hacerlo de manera más accesible.

¿Qué tipo de genética bovina necesita hoy el productor?

En nuestra cabaña el desafío es ofrecer toros que funcionen en el campo real, en distintas condiciones ambientales y económicas, y que le permitan al criador mantener abiertas distintas alternativas comerciales según el contexto.

Argentina tiene por delante una oportunidad enorme. El mundo demanda carne y valora cada vez más la calidad, la sanidad y la eficiencia productiva. Tenemos las condiciones naturales, el conocimiento y la experiencia para responder a esa demanda. Ahora también empezamos a tener señales que incentivan la inversión.

La genética no es un gasto. Es una inversión de largo plazo que define gran parte del resultado futuro de un rodeo. Y en un negocio tan cambiante como el ganadero, contar con animales más eficientes y más flexibles puede marcar la diferencia entre simplemente producir o realmente crecer.

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