Editorial

 Todo indica que el girasol tiene aguante

Por distintas razones, los líderes del mercado global están con serias dificultades para encarar las ventas externas del aceite generado a partir de esta oleaginosa. Es momento de capturar las oportunidades que se presentan.
Claudio Gianni
17 de Noviembre de 2022


Por distintas razones, los líderes del mercado global están con serias dificultades para encarar las ventas externas del aceite generado a partir de esta oleaginosa. Es momento de capturar las oportunidades que se presentan.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Antes de la guerra, Ucrania y Rusia monopolizaban al menos el 50% de la producción mundial de girasol y el 78% del negocio exportador. El panorama ya no es el mismo. Tratar de entender qué puede ocurrir con los precios de la oleaginosa se remite a analizar la situación de ambos contendientes; la Argentina viene en tercer lugar, muy lejos de ellos, su influencia es claramente menor.

La nación de la bandera azul y amarilla tenía la pole position entre los exportadores de aceite de girasol antes de que las garras de Putin -Rusia es el segundo vendedor global- desarmaran sus planes productivos. Se estima que ahora Ucrania ha obtenido en esta campaña el volumen más modesto de girasol desde 2015, alrededor de 10-11 millones de toneladas, por debajo de los 16-17 millones de toneladas de las temporadas anteriores. Esto se debe a una fuerte reducción del área sembrada en 2022, en medio de la guerra.

Como consecuencia de los daños generados por los ataques rusos, fuentes ucranianas esperan que en 2022/23 la exportación de semillas de girasol de Ucrania aumente un 20 % interanual, a 1,95 millones de toneladas, pero el pronóstico para el envío al exterior de harina y aceite de girasol es un 15% y un 26% inferior, respectivamente. El USDA, en tanto, calcula que la nación invadida no exportará más de 3.6 millones de toneladas (19% menos) respecto de los 4.5 millones de toneladas habituales. Por su parte, las ventas externas de Rusia crecerían en 600.000 toneladas, a 3.7 millones de toneladas. En el nuevo escenario, el share de Ucrania en el comercio mundial descendería del 50 al 34%, al tiempo que Rusia treparía al 35% y la Argentina al 8.5%.

Con la misma divergencia en los números según la fuente considerada, hay consenso respecto de una importante caída para el girasol alto oleico en Ucrania. Sin embargo, en este caso los especialistas llaman a no entusiasmarse, dado un exceso de producción de canola con alto contenido de ácido oleico en Canadá, que podría ayudar a llenar el vacío.

En el balance, cualquiera sea el número exacto, está claro que el líder del mercado verá mermado su poder de fuego para venderle aceite de girasol al mundo. Es que además las desgracias no han terminado para Ucrania. Ahora se cree que la molienda de girasol podría ser menor aún debido a la crisis que enfrenta el país luego de los ataques rusos con misiles y drones kamikaze sobre la infraestructura energética. Fuentes con sede en Ucrania sugieren que la reducción en el procesamiento podría ir desde un 28% hasta un 44%. La cifra dependerá de cuanto duren los ataques de Putin y la capacidad de las empresas para proporcionar electricidad de forma autónoma para la producción de aceite de girasol. La realidad indica que Rusia sigue martillando el suministro de energía y de agua de Ucrania, y que cada día que pasa la situación es peor. Sin estos elementos, la industria no puede funcionar.

Hasta que el Kremlin empezó con estos ataques estratégicos, los aceiteros ucranianos estaban solicitando al Ministerio de Economía que se aumente el arancel sobre la exportación de semillas de girasol del 3,5 % al 10 %, con el fin de impulsar su transformación interna en aceite de girasol de mayor margen. Además, reclamaban que se estimule el procesamiento profundo del aceite de girasol dentro del país, incluida su purificación y envasado antes de venderlo en el extranjero. Es difícil saber si seguirán en esta movida.

Lo de Rusia es otro tema. Las sanciones internacionales a las entidades bancarias rusas y el aumento del riesgo debido al robo de granos de cereales del territorio ucraniano ocupado ilegalmente han llevado a la mano invisible del mercado a aumentar las primas de riesgo de las exportaciones rusas en forma de mayores costos de seguro, financiación y fletes. Estas primas de riesgo han hecho que los envíos de fertilizantes y granos rusos tengan un costo prohibitivo para algunos compradores internacionales, para consternación de Moscú.

Algunos analistas esperan que todo esto recorte en un 30% los despachos rusos, lo cual sigue siendo un gran golpe para el suministro mundial de aceites con alto contenido de oleico.

En la Argentina, en tanto, el girasol entusiasma a propios y extraños, si bien más de uno se preocupó con la baja de precios de septiembre y parte de octubre. Era el momento de cosecha en el Mar Negro, un golpe a las cotizaciones que suele marcar buena parte de la campaña. Sin embargo, esta vez el girasol mostró las uñas rápidamente. En el mes de octubre, el único precio de aceite que repuntó en Rotterdam fue el de girasol, y se mantiene muy alto respecto de los valores históricos; se calcula en torno de los U$S/tn 1.370 hasta el ingreso de la cosecha argentina. Entre nosotros los productores no están vendiendo y hay un alto volumen a fijar.

La BCBA vaticina una siembra en la Argentina 300.000 hectáreas por encima de la superficie del año pasado; el 75% ya está sobre el terreno y el 86% de lo implantado muestra una condición entre buena y normal. Están en marcha 1.5 millones de los 2 millones de hectáreas que conforman la intención de siembra, ya que es muy importante el atraso en el sudeste de Buenos Aires.

¿La extensión por 120 días del acuerdo por el corredor de granos en Ucrania puede cambiar las cosas? El corredor ha dado lugar a una recuperación parcial de los envíos desde la nación invadida, pero siguen estando muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra y no se recuperarán por completo en el corto y mediano plazo. El transporte de granos a los puertos es un desafío, además de muy costoso, mientras que las finanzas de los agricultores ucranianos continúan complicadas.

Salvo una grave crisis económica en los países desarrollados, hay elementos para pensar que hasta mediados de 2023 los números del girasol deberían verse muy sólidos. Después dependerá de la evolución de la guerra en el Mar Negro. Lo demás quedará a cargo del mercado local, tantas veces objetado en cuanto a su transparencia. No son tiempos para andar dilapidando oportunidades.

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