suelo

El INTA propone estrategias para frenar la erosión de los suelos en el semiárido

Investigadores destacan que la conservación del carbono orgánico y el mantenimiento de la cobertura vegetal son claves para reducir la pérdida de suelo y sostener la productividad en las regiones semiáridas del centro del país.

28 de Junio de 2026

 La creciente frecuencia de lluvias intensas representa un desafío cada vez mayor para la conservación de los suelos en las regiones semiáridas de Argentina. Frente a este escenario, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) destacaron la importancia de fortalecer las prácticas de manejo que permitan minimizar la erosión hídrica, preservar el carbono orgánico y mantener la productividad de los sistemas agropecuarios.

El INTA propone estrategias para frenar la erosión de los suelos en el semiárido

Un estudio realizado por investigadores del INTA y del Conicet en la cuenca de El Morro, en la provincia de San Luis, reveló que la intensidad de la erosión no depende únicamente del volumen de lluvia, sino también de la interacción entre la textura del suelo, el contenido de carbono orgánico y el manejo productivo aplicado en cada ambiente. Para analizar el comportamiento de los suelos frente a eventos extremos, los investigadores utilizaron un simulador de lluvia capaz de reproducir precipitaciones de alta intensidad, aplicando una lámina de 36 milímetros en apenas 10 minutos. Según explicó Pablo Peralta, investigador del INTA-Conicet, los resultados fueron contundentes. "Los suelos bajo uso agrícola perdieron entre dos y siete veces más sedimentos que aquellos cubiertos por vegetación natural durante eventos de lluvias intensas", indicó. El trabajo también permitió comprobar que los lotes agrícolas con menor contenido de carbono orgánico presentan una mayor vulnerabilidad frente a la erosión. 

La nutrición y la salud del suelo, claves para cerrar la brecha de rendimiento en los cultivos

De acuerdo con Juan Cruz Colazo, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria San Luis, la reducción de este componente disminuye la estabilidad estructural del suelo y facilita el desprendimiento de partículas durante las precipitaciones. "El estudio demostró que cuanto menor es el contenido de carbono orgánico, mayor es la erosión, especialmente en aquellos suelos con alta proporción de limo y arcilla", explicó Colazo. El investigador señaló además que la relación entre el escurrimiento superficial y la erosión no siempre es directa. En los ambientes con vegetación natural se generan fenómenos de hidrofobicidad que producen una lámina superficial de agua capaz de proteger el suelo del impacto directo de las gotas de lluvia. "Estos suelos pueden presentar un mayor escurrimiento, pero registran menores tasas de desprendimiento de sedimentos que los suelos agrícolas, debido a que la cobertura vegetal protege la superficie y conserva la estructura del suelo", precisó.

"Estos suelos pueden presentar un mayor escurrimiento, pero registran menores tasas de desprendimiento de sedimentos que los suelos agrícolas, debido a que la cobertura vegetal protege la superficie y conserva la estructura del suelo"

Cobertura vegetal y carbono: las principales herramientas de conservación

A partir de los resultados obtenidos, los especialistas remarcaron que mantener una adecuada cobertura vegetal constituye la estrategia más eficiente para disminuir la erosión hídrica. El INTA recomienda conservar al menos un 30% de cobertura sobre la superficie del suelo mediante el uso de cultivos de cobertura, como el centeno durante los barbechos, y un manejo adecuado de los rastrojos dentro de los sistemas de siembra directa. "Estos cultivos amortiguan el impacto de la gota de lluvia y, mediante el desarrollo de sus raíces, contribuyen a mantener unidos los agregados del suelo", explicó Colazo. En aquellos ambientes donde el contenido de carbono orgánico es inferior al 0,5%, o en zonas marginales donde la agricultura resulta poco viable, los investigadores proponen incorporar pasturas perennes, como alfalfa o pasto llorón, especies que favorecen la recuperación de la estabilidad estructural y contribuyen a restaurar la calidad del suelo.

"Estos cultivos amortiguan el impacto de la gota de lluvia y, mediante el desarrollo de sus raíces, contribuyen a mantener unidos los agregados del suelo", explicó Colazo.

Estrategias adaptadas a cada ambiente

Los especialistas también destacaron que las prácticas de conservación deben ajustarse a las características de cada tipo de suelo. Mientras que los suelos arenosos requieren mantener una cobertura permanente para evitar el desprendimiento de partículas, los franco arenosos demandan una atención especial debido a que combinan altos niveles de escurrimiento con una elevada susceptibilidad al arrastre de sedimentos. Finalmente, desde el INTA remarcaron que la conservación del suelo debe abordarse con una visión integral que contemple toda la cuenca. En este sentido, la implementación de obras de sistematización, como las terrazas, permite disminuir la velocidad del escurrimiento superficial, favorecer la infiltración del agua y reducir significativamente las pérdidas de suelo durante los eventos de lluvias intensas. Para los investigadores, la combinación de cobertura vegetal, recuperación del carbono orgánico y obras de conservación constituye una estrategia fundamental para enfrentar un escenario climático cada vez más variable, proteger uno de los principales recursos productivos del país y garantizar la sustentabilidad de la agricultura en las regiones semiáridas.

Suscríbase para recibir notificaciones importantes
CHACRA desea enviar noticias de primerísima mano.
Para aceptar basta con hacer click en el botón "Permitir"