El Niño y exceso de lluvias: el sorgo como aliado para asegurar forraje
Ante la alta probabilidad de un evento El Niño, técnicos del INTA destacan la implantación de sorgo como una estrategia para anticiparse a los excesos hídricos, asegurar la disponibilidad de forraje y sostener la productividad de los sistemas de cría bovina en el este de Formosa.
Los pronósticos climáticos para la campaña 2026/27 anticipan una alta probabilidad de ocurrencia del fenómeno El Niño, con mayores precipitaciones durante la primavera y el inicio del verano. Para los sistemas de cría bovina del este de Formosa, este escenario implica un mayor riesgo de anegamientos e inundaciones que pueden comprometer la disponibilidad de forraje, dificultar el manejo de los rodeos y afectar la productividad de los establecimientos ganaderos. La experiencia regional demuestra que la planificación anticipada es una de las principales herramientas para reducir el impacto de estos eventos. Generar reservas forrajeras antes del período crítico permite sostener la alimentación de los rodeos cuando disminuye la superficie útil de pastoreo y las condiciones ambientales limitan el normal funcionamiento del sistema productivo.
En este contexto, la implantación de sorgos de alta producción aparece como una alternativa eficiente por su adaptación a las condiciones del este formoseño, su elevada producción de biomasa, su capacidad de rebrote y su aptitud para ser aprovechado mediante pastoreo rotativo intensivo.
Una reserva forrajera para el período crítico
La estrategia, propuesta por técnicos de la Agencia de Extensión Rural El Colorado del INTA, contempla la utilización de sorgos azucarados de nervadura marrón, materiales fotosensitivos capaces de producir un importante volumen de materia seca y soportar varios ciclos de aprovechamiento durante el verano. Su elevada capacidad de macollaje y tolerancia al pisoteo permite mantener una oferta sostenida de forraje, contribuyendo a preservar el estado corporal de las vacas de cría y reducir las pérdidas productivas asociadas a los excesos hídricos. La incorporación del cultivo busca generar una herramienta que permita contar con forraje disponible antes de que se manifiesten las condiciones más restrictivas, reduciendo la dependencia de la superficie de pastoreo durante los períodos de anegamiento. Para los establecimientos ganaderos, la clave está en planificar la superficie necesaria en función de las características del rodeo y del período que se pretende cubrir.
Cómo calcular la superficie necesaria
La planificación debe realizarse a partir de la demanda de materia seca del rodeo, considerando la categoría animal, la cantidad de cabezas, el consumo diario y el período de utilización. Bajo las condiciones de referencia adoptadas para esta estrategia, una vaca de cría de 400 kilogramos consume aproximadamente 12 kilogramos de materia seca por día. Con una producción estimada de 40.000 kilogramos de materia verde por hectárea, equivalente a 8.000 kilogramos de materia seca, y una eficiencia de cosecha del 50%, es posible disponer de alrededor de 4.000 kilogramos de materia seca aprovechable por hectárea. Este dato permite dimensionar la superficie necesaria y organizar un esquema de pastoreo rotativo intensivo, de acuerdo con la demanda del rodeo y la disponibilidad de forraje.
Con una producción estimada de 40.000 kilogramos de materia verde por hectárea, equivalente a 8.000 kilogramos de materia seca, y una eficiencia de cosecha del 50%, es posible disponer de alrededor de 4.000 kilogramos de materia seca aprovechable por hectárea.
Fecha de siembra y manejo del cultivo
La implantación requiere una adecuada preparación del suelo y una correcta elección de la fecha de siembra para favorecer un rápido establecimiento del cultivo. Considerando los costos de las labores de preparación tercerizadas, la siembra y la semilla, la inversión estimada asciende a $620.250 por hectárea, equivalente aproximadamente a 107 kilogramos de ternero. En condiciones normales, el primer aprovechamiento debería realizarse entre los 30 y 35 días posteriores a la siembra, cuando las plantas hayan desarrollado un adecuado sistema radicular y presenten entre seis y ocho hojas verdaderas. A partir de ese momento, la asignación diaria de franjas debe definirse en función de la oferta de materia seca disponible y la demanda del rodeo, buscando mantener un equilibrio entre el consumo y la capacidad de recuperación del cultivo. El diseño de callejones permanentes para acceder al agua y a las áreas de descanso también puede contribuir a reducir el pisoteo, mejorar la eficiencia de utilización del forraje y prolongar la vida útil de las pasturas durante el período estival.
Más resiliencia frente a un clima variable
La incorporación del sorgo como reserva forrajera no constituye solamente una respuesta ante los posibles excesos hídricos asociados al fenómeno El Niño. También puede convertirse en una herramienta para mejorar la planificación forrajera y la resiliencia de los sistemas de cría bovina. Contar con una superficie destinada a producir forraje de manera planificada permite anticiparse a escenarios en los que el agua limite el acceso a los potreros y reduzca la disponibilidad de pasturas. En el este de Formosa, donde los sistemas ganaderos pueden quedar expuestos a períodos de anegamiento e inundaciones, la estrategia apunta a reducir la vulnerabilidad mediante una mayor previsibilidad en la oferta de alimento. Así, el sorgo se presenta como una herramienta para asegurar forraje, sostener el estado corporal de las vacas y reducir el impacto productivo de los excesos hídricos, al tiempo que fortalece la capacidad de los establecimientos para enfrentar escenarios climáticos cada vez más variables.

