Investigan si el malbec puede "recordar" la sequía para mejorar su adaptación al cambio climático
Un proyecto internacional liderado por una investigadora del INTA fue seleccionado por la UE para estudiar los mecanismos epigenéticos que permitirían a la vid responder con mayor eficiencia al estrés hídrico.
La capacidad de las plantas para adaptarse a condiciones ambientales extremas es uno de los grandes desafíos de la agricultura frente al cambio climático. En ese contexto, un equipo de investigación liderado por Inés Hugalde, investigadora del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), busca responder una pregunta que despierta creciente interés científico: ¿la vid puede "recordar" la sequía? El proyecto fue seleccionado por la Comunidad Europea dentro de una convocatoria destinada a promover el liderazgo de mujeres investigadoras en las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática (STEM), y quedó entre las 10 iniciativas internacionales elegidas para recibir financiamiento.
La memoria de las plantas, bajo la lupa
La investigación se centra en la variedad malbec y analiza cómo responde al déficit hídrico mediante mecanismos epigenéticos, es decir, procesos que modifican la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Según explicó Hugalde, el objetivo es determinar si una planta que atravesó un período de estrés por falta de agua puede conservar esa información y responder de forma más eficiente cuando vuelva a enfrentar una situación similar. "La epigenética nos permitiría analizar si una planta como la vid, cultivada en zonas áridas, 'recuerda' haber tenido sed y se prepara, luego de un evento estresante, para futuros eventos de sequía", señaló la investigadora.La epigenética estudia cómo distintos factores ambientales, como la disponibilidad de agua, la nutrición o las condiciones de cultivo, pueden activar o silenciar determinados genes, modificando la respuesta fisiológica de las plantas sin cambiar su información genética.
"La epigenética nos permitiría analizar si una planta como la vid, cultivada en zonas áridas, 'recuerda' haber tenido sed y se prepara, luego de un evento estresante, para futuros eventos de sequía"
Una ventaja única de la vid
Uno de los aspectos que hace especialmente valiosa a la vid (Vitis vinifera) para este tipo de estudios es que se propaga de forma agámica, mediante estacas. Esta característica permite evaluar si la información adquirida durante un episodio de estrés hídrico puede mantenerse en el material vegetal utilizado para multiplicar nuevas plantas, generando individuos mejor preparados para enfrentar condiciones adversas. Diversos estudios recientes demostraron que la exposición repetida al estrés puede inducir una memoria epigenética, que favorece respuestas fisiológicas más rápidas y eficientes cuando la planta vuelve a atravesar condiciones similares.
Aplicaciones para la vitivinicultura
Más allá del interés científico, la investigación apunta a generar herramientas concretas para el sector productivo, especialmente para la industria viverista, responsable de seleccionar y producir las plantas destinadas a nuevos viñedos. Actualmente, los procesos de selección clonal priorizan aspectos genéticos y sanitarios, mientras que las condiciones ambientales en las que crecieron las plantas madre tienen escasa consideración. El equipo busca desarrollar recomendaciones de manejo que permitan obtener estacas con memoria fisiológica, capaces de originar plantas mejor adaptadas al estrés hídrico desde las primeras etapas de implantación del viñedo. "Entender cómo la memoria al estrés es mantenida en las estacas y se manifiesta posteriormente en plantas enraizadas repercutiría en un establecimiento más exitoso de los viñedos", afirmó Hugalde.
"Entender cómo la memoria al estrés es mantenida en las estacas y se manifiesta posteriormente en plantas enraizadas repercutiría en un establecimiento más exitoso de los viñedos"
Una investigación con proyección internacional
El proyecto es desarrollado junto con Philippe Gallusci, de la Université de Bordeaux, y cuenta con la codirección de Inés de Rosas (UNCuyo). También participan Carlos Marfil (Conicet-UNCuyo) y la becaria doctoral Constanza Gallay Ruba. La iniciativa forma parte del programa Erasmus+, financiado por la Unión Europea, que impulsa proyectos internacionales orientados a fortalecer la cooperación científica, la movilidad de investigadores y el desarrollo de investigaciones estratégicas para la innovación. Con este estudio, el equipo espera aportar nuevos conocimientos sobre los mecanismos de adaptación de la vid frente al estrés hídrico, una problemática cada vez más relevante para regiones productoras como Mendoza, donde la escasez de agua, las altas temperaturas y las olas de calor representan desafíos crecientes para la vitivinicultura.

