la fruta del dragón

Pitahaya, evalúan variedades para potenciar su producción

Especialistas del INTA Jujuy estudian materiales genéticos y estrategias de manejo para mejorar la productividad de la fruta del dragón, una especie que comienza a consolidarse como una alternativa rentable para las regiones subtropicales del país.

27 de Junio de 2026

La pitahaya, conocida internacionalmente como fruta del dragón, comienza a posicionarse como una alternativa productiva de creciente interés en Argentina. Aunque su cultivo aún es incipiente, cada vez más productores de provincias como Jujuy, Salta, Formosa, Misiones, Corrientes y Entre Ríos apuestan por esta fruta tropical de alto valor comercial, mientras el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) avanza en investigaciones destinadas a generar información técnica que acompañe el desarrollo del sector.

Pitahaya, evalúan variedades para potenciar su producción

Desde la Estación Experimental del INTA Yuto, en Jujuy, los especialistas trabajan en la evaluación de diferentes variedades y en la adaptación del cultivo a las condiciones agroambientales del norte argentino, con el objetivo de ofrecer herramientas que permitan incrementar la productividad y mejorar la calidad de los frutos. "La pitahaya pertenece a la familia de las cactáceas y es un cultivo perenne que se caracteriza por su rusticidad y su capacidad de adaptación a distintos ambientes. Sin embargo, para alcanzar buenos rendimientos requiere condiciones específicas de manejo", explicó Carina Armella, investigadora del INTA Yuto. La especialista indicó que, si bien la planta posee una elevada tolerancia a la sequía, necesita altas temperaturas, humedad y una importante disponibilidad de luz para florecer y producir frutos. "Puede sobrevivir en condiciones adversas, pero sin calor y luminosidad suficientes no desarrolla su potencial productivo", señaló.

"Puede sobrevivir en condiciones adversas, pero sin calor y luminosidad suficientes no desarrolla su potencial productivo"

Un mercado en expansión

La demanda de pitahaya ha crecido de manera sostenida durante los últimos años. Inicialmente, el principal mercado se concentraba en el Área Metropolitana de Buenos Aires, impulsado por el consumo de comunidades asiáticas familiarizadas con este fruto. Sin embargo, el interés comenzó a expandirse hacia otros sectores de consumidores, favoreciendo el desarrollo de nuevos emprendimientos productivos. "Hoy ya existen productores de Jujuy que comercializan pitahaya y también aumenta el número de personas interesadas en incorporar distintas variedades para diversificar la producción y extender el período de cosecha", destacó Armella. Además de su atractivo aspecto, la fruta es valorada por su alto contenido de antioxidantes, vitamina C, fibra y minerales, características que la convierten en un alimento cada vez más demandado por consumidores que buscan productos saludables y funcionales.

"Hoy ya existen productores de Jujuy que comercializan pitahaya y también aumenta el número de personas interesadas en incorporar distintas variedades para diversificar la producción y extender el período de cosecha"

Doce variedades bajo evaluación

Uno de los principales ejes del trabajo del INTA consiste en la evaluación de 12 variedades pertenecientes a cuatro especies del género Selenicereus: Selenicereus monocanthus, Selenicereus undatus, Selenicereus megalanthus y Selenicereus purpusii. Los ensayos incluyen materiales de pulpa blanca, roja, fucsia y amarilla (tipo palora), con el propósito de identificar cuáles presentan mejor adaptación a las condiciones ambientales del norte argentino y cuáles ofrecen mayor rendimiento, calidad de fruta y estabilidad productiva. Los investigadores también analizan aspectos vinculados a la biología floral de cada variedad. Algunas presentan autoincompatibilidad, por lo que requieren obligatoriamente polinización cruzada para producir frutos, mientras que otras son parcialmente compatibles y generan cosechas de menor volumen y peso.

En este sentido, Armella explicó que las variedades autofértiles muestran mayores porcentajes de cuajado de frutos y reducen la necesidad de realizar polinización manual, aunque aclaró que la autofertilidad constituye una característica genética compleja que puede variar incluso dentro de una misma especie. "Existen variedades autofértiles e incompatibles dentro de la misma especie, por lo que resulta fundamental conocer previamente las características del material vegetal antes de iniciar una plantación", indicó la investigadora. Por esa razón, desde el INTA recomiendan adquirir plantas certificadas y realizar una adecuada planificación del cultivo, ya que muchas diferencias entre variedades no pueden identificarse únicamente mediante la observación de la planta.

"Existen variedades autofértiles e incompatibles dentro de la misma especie, por lo que resulta fundamental conocer previamente las características del material vegetal antes de iniciar una plantación"

La luz, un factor clave para aumentar la producción

Otro de los aspectos que concentra las investigaciones es la influencia del fotoperíodo sobre la producción. La pitahaya necesita aproximadamente 12 horas diarias de luz, con temperaturas cercanas a 30 °C durante el día y alrededor de 20 °C por la noche, para inducir la floración y garantizar una buena producción de frutos. Con el objetivo de prolongar el período productivo, algunos ensayos incorporan iluminación artificial mediante tecnología LED, una estrategia que permite extender la floración durante varias semanas en otoño, hasta que las temperaturas descienden por debajo de los 15 °C, momento en el que la planta reduce considerablemente su actividad fisiológica. "En Jujuy estas condiciones se presentan principalmente durante la primavera y el verano. Cuando disminuyen las horas de luz, la planta deja de florecer", explicó Armella.

Una oportunidad para diversificar la producción

El crecimiento del interés por la pitahaya refleja la búsqueda de nuevas alternativas productivas capaces de generar mayor valor agregado y diversificar las economías regionales. Con el respaldo de la investigación científica y la incorporación de materiales genéticos adaptados a las condiciones locales, el INTA busca sentar las bases para el desarrollo de una cadena productiva que podría consolidarse en los próximos años como una opción rentable para las regiones subtropicales de Argentina, respondiendo además a una demanda creciente tanto en el mercado interno como en los mercados internacionales.

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