Forrajes

Lo clásico no siempre es garantía de calidad

Recomendaciones de mejoras en el proceso de producción de heno de alfalfa para obtener mayor cantidad de nutrientes al mismo costo operativo.
INTA

Si bien el heno de alfalfa es el recurso de conservación de forrajes más antiguo y de mayor adopción en la Argentina, históricamente la calidad del mismo en nuestro país fue muy baja por ser considerado solo como una fuente de fibra.

La llegada de las rotoenfardadoras a principios de la década de los ‘80 revolucionó la forma de hacer reservas de forrajes, facilitando la mecanización de todo el sistema de confección, almacenaje y suministro de heno, presentando en un primer lugar la ventaja de independizarse de la necesidad de mano de obra, que era necesaria años anteriores cuando la gran mayoría del heno producido se hacía con enfardadoras chicas (con sistemas de atado con alambre).

A mediados de la década de los ‘90, en todo el mundo y principalmente en Estados Unidos, se vio la necesidad de mejorar la calidad de la fibra de los henos (mayor digestibilidad e inclusión en las dietas, además de incorporar la fibra en los sistemas TMR) y tener forrajes secos con mayor cantidad de nutrientes (proteína), dando paso a la segadoras acondicionadoras y a las megaenfardadoras.

Con el desembarco de las segadoras acondicionadoras y las megaenfardadoras (fardos cuadrados de 400 y 700 kg), se generó otro suceso tecnológico en la confección de heno de alfalfa de alta calidad pero a pesar del gran avance que demostraron, no llegaron a instalarse en el mercado, pero no por una cuestión tecnológica sino principalmente porque el costo de adquisición era relativamente alto y el punto de amortización para su adquisición hacía necesarias un gran número de hectáreas para amortizar los equipos.

A mediados de la década del 2000, la instalación en el país de empresas exportadoras de heno de alfalfa originaron una revolución de este forraje conservado, demostrando que existen zonas muy aptas para la producción de heno de alta calidad iniciando de esta manera la comercialización de fibra proteica hacia el exterior y también dentro del país, iniciando un fenómeno que hasta el momento no se conocía y que replicaba la experiencia de Estados Unidos, donde se exporta heno de calidad de las zonas más secas como California a las diferentes regiones donde se produce leche como Wisconsin.

En la actualidad, este fenómeno se puede ver en la Argentina, donde se "exporta" heno en forma de megafardo desde Santiago del Estero, Chaco o Córdoba (zona Centro y Noroeste) a regiones húmedas como la cuenca de Trenque Lauquen o bien la provincia de Santa Fé (Centro-Sur/Este del país).

Parámetros: objetivos versus subjetivos

En los principales mercados mundiales, el precio del heno se fija a través de parámetros objetivos y analíticos como proteína bruta (PB), fibra (FDN, FDA, Lignina), digestibilidad, entre otros, determinando así el denominado VRF (Valor Relativo del Forraje) que se clasifica en las siguientes categorías: Supreme - Premium - Good - Fair - Utility.

Contrariamente, la calidad forrajera del heno en nuestro país, principalmente de los rollos, se evaluaba solo en forma subjetiva a través de criterios organolépticos (color, olor, presencia de hoja, presencia de malezas), lo que hace que muchas veces no se considere necesario el esfuerzo por elevar los parámetros de calidad.

Mercado de equipos

Analizando el mercado de equipos de henificación, siempre se ha considerado que la presencia de las megaenfardadoras no ha influido negativamente en las ventas de rotoenfardadoras, esto se debe a que ocupan distintos nichos del mercado de henificación, principalmente por diferentes costos de adquisición (U$S 45.000 contra U$S 220.000 promedio) y capacidades de trabajo (16 t Materia Seca/h vs 45 t/h). Las megaenfardadoras ocupan un nicho de mercado más industrial o de venta de insumo (fibra proteica de alta calidad), mientras que al nicho de mercado de las rotoenfardadoras lo integran productores o contratistas más locales.

Generalmente los usuarios de "las mega" son prestadores de servicios o grandes productores que se dedican a la comercialización y exportación de alfalfa -henifican unos 15.000 megafardos por campaña-, mientras que "las roto" son utilizadas por contratistas pequeños o bien productores que le dan un uso doméstico, y realizan en promedio unos 1.900 rollos por año.

Si bien las megaenfardadoras no compiten con las rotoenfardadoras en el tipo de usuario que las adquiere, es importante mencionar que en los últimos tiempos ha crecido mucho el mercado interno de megafardos, principalmente en zonas agroclimáticamente más húmedas y que no son favorables para producir heno de calidad, donde el productor prefiere no producir sus propios rollos y se ha volcado a comprar el heno tranqueras afuera a otras zonas donde el logro de calidad es más estable.

El número de unidades de rotoenfardadoras comercializadas sigue siendo muy importante (más de 400 unidades/año), y eso se debe a que los rollos seguirán ocupando un papel central, especialmente a nivel de productores que adquieren los equipos para uso propio, dado el menor costo de elaboración, la facilidad de manejo y la disponibilidad de equipamiento complementario para el transporte, almacenamiento y suministro del heno en forma de rollos.

Desde hace 5 años, el 70% de la demanda del mercado se inclinó por máquinas con ancho de cámara de 1,2 m, por la posibilidad que brindan para poder ser transportarlos en camión donde la carga no puede superar los 2,40 m de ancho, pero también por la mayor facilidad de uso de estos henos al procesarlos con los acoplados mixer. Esta tendencia cambia la preferencia histórica hacia máquinas de 1,56 m con diámetro de rollo de 1,7 a 1,8 m, por una mayor facilidad de uso que presentan estos al suministrarlos en los aros porta rollos.

Un nicho que continúa creciendo es el de las rotoenfardadoras con sistema procesador de fibra, de las cuales el mercado pasó en los últimos dos años de 5 modelos a 12 con este equipamiento y ya se han comercializado unas 141 máquinas en los últimos 5 años.

Tecnologías de producción y pérdidas

Si bien los argentinos estamos evolucionando notablemente en la adopción de tecnologías de henificación, todavía queda mucho por mejorar en el proceso de elaboración. Las pérdidas de materia seca y calidad de heno de alfalfa producida al momento de la henificación son de variada magnitud y se deben principalmente a la pérdida de hoja que se produce al momento de la confección.

Es muy importante tener en claro que se pueden llevar a cabo ciertas mejoras en el proceso de producción de heno que permitan cosechar, al mismo costo operativo, mayor cantidad de nutrientes, ya que la elaboración de un rollo o megafardo con la mejor calidad demanda las mismas operaciones de corte, rastrillado, henificación y estivado que uno de mala calidad. La diferencia radica principalmente en ejecutar esas actividades en el momento oportuno y con las regulaciones adecuadas para cada caso.

Las pérdidas actuales en nuestro país durante el proceso de corte, elaboración, almacenamiento y suministro de heno de alfalfa ascienden a 1.600.000 toneladas. Aplicando tecnologías de proceso y buenas prácticas es posible reducir en esta campaña al menos 20% de esta ineficiencia actual ocasionada al momento de la producción de heno.

Usos en el mixer

En cuanto al uso de la fibra procesada, los rollos o megafardos elaborados con el cutter presentan una gran facilidad para el uso posterior que se da a esa fibra, dado que no es necesario trozarla con un mixer o una moledora. El largo promedio de las hebras depende del número de cuchillas que utilice el sistema procesador, pero normalmente varía entre 5 y 10 cm el tamaño ideal para ser incorporado y mezclado con el resto de los ingredientes en un mixer con sinfines lisos. Un dato a tener en cuenta cuando el heno procesado proviene de un rollo "cuteado" es que no se debe superar los 200 kg que se incorpora a un mixer horizontal mezclador, y cuando proviene de un megafardo, no superar los 350 kg, dado que cantidades mayores podrían llegar a obstruir el mixer.

Cuando se utiliza el sistema procesador de fibra, tanto en rotoenfardadoras como en megas, las pérdidas se incrementan linealmente a medida que disminuye la humedad del forraje henificado, llegando al 3% de pérdida (límite de tolerancia establecido por INTA) cuando se trabaja con 13% de humedad. Por debajo de este valor de humedad, el material se encuentra muy susceptible a perder hojas y la agresividad mecánica a la que es sometido el forraje en el proceso de "cuteado" incrementa notablemente la pérdida de hoja y de proteína.

Recordar que una vez confeccionados los henos tenemos que tratar de conservar esa calidad en el tiempo, con la menor pérdida posible por almacenaje. Es por ello que los rollos y megafardos deben ser sacados del lote y llevados a su lugar de estiba inmediatamente después de hechos.

Durante el almacenaje debemos clasificar los henos según su calidad para optimizar luego su uso en el mixer al momento de confeccionar la ración.

En el caso de los rollos, corresponde almacenarlos pegados por sus caras planas, formando filas orientadas en la misma dirección de los vientos predominantes, lejos de los árboles y separadas entre sí. Siempre conviene colocar sobre pallets o postes y cubrir con algún tipo de cobertura.

Por último, vale la pena estibar los megafardos siempre bajo galpón o tinglado. En caso de cubrirlos con lona, hacerlo 4 días después que se hayan confeccionado para evitar la condensación de la humedad alrededor del plástico.

(Más información en revista Chacra impresa de noviembre)


Mauricio Bártoli (chacra) sobre informe de Mario Bragachini, Federico Sánchez, Gastón Urrets Zavalía y Mauro Bianco Gaido (INTA Tecno Forraje).