Residuos domésticos

El valor de lo que tiramos

El 50% de la basura originada en casa puede convertirse en compost, a través de una práctica simple y en espacios reducidos. A sacarle provecho!
Verónica Salamanco

El 50% de los residuos familiares son orgánicos y son aquellos que provienen de restos de frutas, verduras, y cáscaras de huevo, en el caso de los alimentos, y de papel, cartón y otros desechos degradables. Hoy en día algunos municipios promueven la separación de residuos hogareños, pero en su mayoría apuntan a la recolección de residuos secos para su recuperación. Si bien es una tendencia mundial, el camino para lograr un reciclaje eficiente es largo y requiere de campañas de educación y concientización que llevará algunos años.

Más difícil es imaginar estos procesos colectivos aplicados a los residuos orgánicos que provienen de los alimentos. Quienes no queremos sentarnos a esperar que se implementen soluciones en el barrio, podemos predicar con el ejemplo y empezar en casa  con una compostera sencilla que no sólo nos permitirá reducir en forma considerable los residuos cotidianos, sino que además brindará tierra fértil para nuestra huerta, jardín, o incluso para las plantitas de los balcones.

Para comenzar, es necesario disponer de un recipiente adecuado. El envase ideal es de madera, hecho con tablones para que el contenido pueda respirar. “Si tenés una compostera con división, podés empezar por el lado izquierdo, por ejemplo. Con una base de tierra y un núcleo de lombrices californianas, se llena de materia húmeda y se alterna con materia seca”, recomienda Pilar Cebey, socia en el emprendimiento Flor de Huerta, “cuando se llena, lo dejás descansar para que termine de madurar y empezás a llenar el derecho. De esta forma, el primer lado descansa y generamos compost en dos etapas”. Cuando todo el volumen está homogéneo, el compost se extrae por arriba.

La compostera funciona de esta manera:  se llena una mitad y luego se llena la otra para dejar descansar la primer parte y que los microorganismos se ocupen de descomponer todos los residuos. Lo primero que se coloca dentro de la compostera es material seco en cantidad considerable, hasta un alto de unos 10 centímetros. Esto es, papel, diarios, aserrín, pasto, hojas, etc. Esto funciona como colchón a los residuos que se coloquen dentro y  evita el fluido que pueda caer.

Luego se agregan tierra y lombrices hasta la mitad del envase. Las lombrices californianas son las mejores aliadas de la compostera ya que aceleran el proceso de descomposición y mejoran el contenido. Sobre esta base se puede agregar todo tipo de residuo orgánico vegetal y cáscaras de huevo, siempre cuidando de guardar la proporción con residuos orgánicos secos para que se desarrolle una proporcionada descomposición y no genere olores desagradables. El compost se retira por la parte superior con una palita según la cantidad que se necesite para abonar la huerta. El tiempo desde que la materia orgánica se transforma a compost es de 2 meses en verano y 3 meses en invierno.

“El compost tiene varios destinos”, agrega su socio Santiago Remondino, “puede usarse para combinar 1 parte de compost cada 3 de tierra para hacer sustrato para macetas o almácigos, diluir en agua para regar con té de compost, y poner sobre la tierra alrededor de las plantas para que se aporten a la tierra los nutrientes que las plantas consumen al crecer”.

Y por qué no una huerta

En paralelo con la elaboración de compost casero, muchos se animan a armar una pequeña huerta. Hay muchos modelos de huertas para espacios urbanos, como terrazas, patios y balcones. En general, son cajones montados sobre ruedas que permiten moverlas para optimizar su orientación con el sol y facilitar la circulación y limpieza, sobre todo si el espacio es reducido.

Si la familia quiere empezar con verduras de hoja y aromáticas, lo puede hacer en medio metro cuadrado, con una huertera de 1,00x 0,50m. Por la salud de la tierra, se recomienda hacer rotaciones de cultivos además de abonar periódicamente, por eso el compost es tan importante y va de la mano con la huerta. “Los huerteros saben que todos los componentes son importantes y la tierra es uno elemental, por eso abonar el suelo donde crecen las plantas es parte del éxito y de la salud de las plantas”, asegura Pilar. 

"La huerta nos permite comer nuestros propios alimentos, sin agrotóxicos, gratis  y sin impacto ambiental. Nos brinda un momento en el dia que nos conecta con la naturaleza y como dice el dicho:  "Cualquier dia se recomienda meter mano en la tierra, para tener la mente sana toda la semana", suma Santiago.

La clave de cualquier huerta es la biodiversidad: combinar especies, flores, aromáticas, hortalizas, y también contar con abono. Y también, disfrutar de su cuidado y de ver crecer los frutos que luego llevaremos a nuestras mesas!