Vida sana

Me tomo cinco minutos.... y un poco más también

La camellia sinensis es la planta que da origen al té. Los procesos de cosecha y elaboración dan a esta infusión infinitas opciones saludables. Cómo elegir el mejor té y cómo prepararlo
Verónica Salamanco - Redacción Chacra

Cuenta la leyenda que en el 2737 a.C., China tenía un emperador llamado Sheng-Tun, que solía beber agua hervida por cuestiones de salud y de higiene. En uno de sus paseos por el bosque, se sentó bajo un árbol para descansar y beber su agua. Como era otoño, algunas hojas cayeron en su vaso y el emperador observó que el agua se teñía de color marrón y que desprendía un agradable aroma. El árbol no era otro que la camellia sinensis, y de esta manera, nació el té como una bebida exclusiva para las personas de alcurnia. En el antiguo Oriente, obsequiar bolsas de té era un signo de respeto entre los emperadores y un lujo reservado para pocos. Hoy, casi 5.000 años después, el té se difundió a lo largo de todo el mundo, gracias a sus diferentes sabores y a las propiedades benéficas para la salud que los antiguos chinos supieron ver desde el primer momento.

Tomar té: una costumbre que hace bien 

En todo el mundo millones de personas beben a diario una taza de té. Los hábitos y rituales varían mucho en cada país. En China, la encargada de servir el té es la dueña de casa, y con esa ceremonia que ofrece a sus huéspedes, también les brinda un momento de paz y de sosiego. En este país, es tradición que las novias sirvan el té a sus suegros al día siguiente de la boda, como símbolo de respeto. En Inglaterra el five o´clock es sagrado. A diferencia de los países orientales, en el Reino Unido se permite endulzar al té, ya sea con azúcar o miel. En Rusia también lo endulzan, pero lo hacen colocando primero un terrón de azúcar en la boca y luego tomando la infusión. De esta manera, respetan la tradición oriental de mantener el té en su forma natural, y mezclan los sabores en el paladar.

Hay infinitas variedades y combinaciones de tés, pero todas ellas derivan de la misma planta: la camellia sinensis. De acuerdo a la forma de cosecha y a los procesos de deshidratación y fermentación de sus hojas, los tés se pueden agrupar dentro de cuatro tipos:

El té negro: se recogen las hojas jóvenes, los pecíolos y tallos tiernos, y se dejan marchitar. Luego se produce el proceso de fermentación, que involucra una serie de oxidaciones y condensaciones que provocan el enrulado de las hojas, que pueden ser enteras, rotas o trituradas. Una de las variedades es el Orange Pekoe, té recolectado de los brotes de la planta y de las hojas inmediatamente inferiores a éstos enrolladas longitudinalmente. La denominación viene de Orange que significa "Real" de la corte de Orange-Nassau en los Países Bajos y de Pak-Ho que significa pelo blanco, ya que los brotes del té están recubiertos por los mismos. Si se indica solamente Pekoe, es un té de calidad inferior al anterior. El mismo tiene hojas más cortas y menos fibras. Los tés de hojas trituradas muy pequeñas -pero no en polvo-, dan una infusión muy oscura y de cuerpo, aunque son menos aromáticos que los tés de hojas enteras, rotas o en hebras. Se los utiliza para hacer té en saquitos. Existen dos tipos: Fannings y Dust, este último más triturado que el anterior.

El té rojo: es el producto del marchitado, enrulado, semifermentado y secado de las yemas, hojas jóvenes y tallos tiernos.

El té verde: se caracteriza por no tener ningún proceso de fermentación. Las hojas recién recogidas se dejan secar y luego se les aplica un tratamiento térmico (cocción al vapor y secado al fuego) para detener la fermentación de las enzimas y evitar la descomposición de la hoja.

El té blanco: se obtiene por la recolección de las yemas nuevas antes de que abran. Se dejan marchitar para que se evapore la humedad y se desecan. Es el té más delicado y más difícil de conseguir en el mercado.

Las diferencias en su elaboración confieren a cada tipo de té ciertas cualidades y propiedades medicinales. El té verde, por no tener ningún proceso químico en su obtención, se considera el más “puro” y el más beneficioso para el organismo. Es antioxidante, ya que mantienen intactos los compuestos llamados flavenoides que impiden el envejecimiento celular que provocan los radicales libres. También ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, disminuye los niveles de colesterol y su alto contenido de flúor resulta útil para combatir las caries y disminuir la placa bacteriana. En muchos casos, también se recomienda el té verde para acompañar las dietas para adelgazar, ya que aumenta la termogénesis, es decir, el ritmo de quema de calorías del cuerpo. Controla el avance de enfermedades degenerativas como el cáncer gracias a las catequinas que inhiben la reproducción de los tumores cancerosos.

Los rojos, productos de la semifermentación, también contienen propiedades antioxidantes, protegen el sistema cardiovascular y colaboran a prevenir el cáncer. Tienen un color más oscuro y resultan una opción más atractiva para los paladares que no logran habituarse al suave sabor del té verde. Del mismo modo que el té verde, el rojo tambièn suele prescribirse para contrarrestar la somnolencia y la fatiga mental.

Los tés negros, o fermentados, contienen más propiedades aromáticas y su contenido de flavenoides ayudan a la relajación de los vasos sanguíneos. Colaboran en la no oxidación del colesterol “bueno” y son igualmente benéficos para el sistema cardiovascular y la protección de las caries como los anteriores. Contiene taninos, con propiedades astringentes. Esto permite indicar té negro en casos de diarrea.

La ceremonia del té

Para aprender a preparar un buen té siguiendo la tradición oriental, nos acercamos al Barrio Chino, donde lo primero que notamos es que esta ceremonia no es cuestión de “me tomo cinco minutos”, sino que requiere de más tiempo para poder realizar el ritual con la tranquilidad y el cuidado que merece. María Corbalán, encargada cultural de Buddha Bar, reveló algunos secretos para aprovechar el sabor y el aroma de esta infusión. “La tetera se sirve sobre una vaporera para mantener el té caliente, nunca frío ni tibio. Y el agua nunca debe hervir, porque quema las hebras. Debe alcanzar una temperatura de unos 85 grados. Aquí las tazas son pequeñas, entran en el cuenco de una mano. Una tetera de 400 ml. alcanza para 20 personas a la vez. Nunca debe llenarse toda, para que las hebras no pierdan sus propiedades. El primer té que se prepara sirve para calentar la tetera y las tazas, y para impregnarlas de su sabor. No se bebe, se sirve y se tira”, contó María, haciendo un paralelo con la tradición argentina de obsequiar el primer mate a la Pachamama. “Luego se vuelve a llenar la tetera, manteniendo las hebras que ya se han hidratado, y se ofrece el té a los invitados. El primer paso es servirlo en el pocillo chico y alargado. En China se disfruta en té con todos los sentidos. Primero se restrega este recipiente entre las manos y así siente el aroma que libera el té y se percibe su calor. Una vez que se hizo esto, se vuelca en el segundo cuenco y allí se aprecia su color. Luego se lo bebe en sorbos muy pequeños. El té se toma en dos tiempos, es decir, se llena la misma tetera dos veces. Cuando no está sobre una vaporera, lo que se hace es calentarla poniéndola bajo agua caliente”, explicó.

Lo ideal es el uso de teteras de barro o de porcelana y nunca usar la misma tetera para otro tipo de té. Los utensilios no se lavan con detergente ni ningún tipo de jabón, sólo se enjuagan, para no contaminar su sabor. Y para conservar las hebras, hay que guardar los tés en recipientes herméticos, ya sea metálicos o de porcelana en un lugar fresco y seco.

Una opción para estos exigentes paladares está en la la combinación del té verde con flores de jazmín, una infusión de color amarillo verdoso y que conserva el aroma de las flores.“El agregado del jazmín le confiere un lindo color y un aroma más atractivo”, indicó María, “y además es muy bueno para la circulación de la sangre y para la piel gracias a su clorofila”. Otra variedad es el Pu-her añejo, un té verde de color rojo intenso que colabora con la digestión, gracias a que acelera el metabolismo del hígado y ayuda a quemar las grasas. Es un té añejo con un lejano sabor a tierra mojada. “Después de comer una pizza o una comida con altas calorías, es una opción tomar un vaso de té Pu- her para eliminar las grasas y evitar el aumento de peso”, recomiendan en Buddha Bar.

En cuanto a los tés rojos, se puede probar la variedad de Yunnan, que tiene aroma a orquídeas y propiedades antioxidantes. Es producto de la recolección de hojas enteras y tiene un sabor muy similar al té inglés, con un color anaranjado que logra cuando las hebras se concentran. “El oolong es una variedad de té rojo, derivado de las hojas del capullo que se cosechan al amanecer”, explicó María, “se ponen sobre ladrillos, se enciende fuego abajo y la alta temperatura provoca que las hojas se enrollen hasta quedar como una pelotita. Cuando se sirve en la tetera, el agua caliente estira las hojas y allí largan el aroma y el sabor”. A este té se puede agregar una semilla llamada cardamomo, que colabora en la eliminación de toxinas.

Y las opciones siguen... y son casi infinitas. Hay que acostumbrarse al sabor, aprender a disfrutar de los aromas y sentirse, por un instante, parte de esta cultura milenaria que prioriza, por sobre todas las cosas, la pureza y el bienestar del cuerpo y del espíritu.