Bancos de germoplasma

Reservorio de genética

Los bancos de germoplasma permiten conservar variedades vegetales que van desapareciendo del circuito comercial pero que tienen gran valor histórico y cultural.
Verónica Salamanco - Redacción Chacra

El crecimiento de los cascos urbanos, los cambios de hábitos, el avance de la biotecnología y la aparición de nuevas variedades vegetales son parte del desarrollo de la civilización. En este proceso, muchas cosas van quedando atrás y son rescatadas por los historiadores, antropólogos, y otros profesionales que buscan preservar la historia de la humanidad y su cultura. Parte de esta función la llevan adelante los bancos de germoplasma distribuidos en todo el mundo, donde se conservan millones de semillas de miles de variedades que ya no están en su marco natural.

Esta forma de conservación “ex situ” se realiza en lugares especialmente acondicionados para garantizar la viabilidad de todas las especies. En Argentina se creó en 1988 el Programa de Ámbito Nacional Recursos Genéticos del INTA que propició la estructura adecuada para el establecimiento de un Sistema Nacional de Recursos Genéticos, y a partir de 1994 se consolidó la Red de Bancos de Germoplasma (Red Gen). Esta Red está integrada por nueve Bancos Activos de Recursos Fitogenéticos, 11 Colecciones Activas situadas en diversas áreas agroecológicas del país, cuatro Bancos de Recursos Zoogenéticos y un Banco Base (BB) que mantiene un duplicado de resguardo de las colecciones de los Bancos Activos y otras Instituciones que lo soliciten.

En el EEA INTA La Consulta se centraliza el Banco Activo con especies hortícolas. “Nuestra función es conservar variedades de distintas especies hortícolas a futuro”, señaló Leonardo Togno, responsable del Banco de Germoplasma de esa localidad, “Secamos bien las semillas, las colocamos en envases herméticos con una bolsita de silicagel a modo de secante y periódicamente hacemos revisiones para constatar que estén en buen estado y con buen poder germinativo. En esas condiciones una semilla puede conservarse unos 50 años o más”.

“La importancia de esta conservación es porque a nivel mundial, las variedades van cambiando y las semillas que se cultivaban, en determinado momento dejan de producirse, y como las semillas sobreviven poco tiempo, después se pierden y no se pueden recuperar nunca más, porque volver a formar una variedad con todas las cualidades que tenía la anterior es imposible. Una variedad que se pierde no se recupera nunca más”, explicó.

Hace unos años los técnicos del INTA realizaron un viaje por todo el país visitando pequeños horticultores que les dieron semillas de sus producciones. Esas muestras se llevaron a La Consulta, y fueron clasificadas con la mayor cantidad de información posible: origen, nombre del donante, cómo y para qué eran cultivadas, etc. “Y eso es muy importante porque se puede prever, por ejemplo, que la variedad es de una región y que probablemente no se adapte a otra. O, por ejemplo, había un poroto que siempre se sembraba intercalado con maíz. Era muy buen poroto pero no soportaba el viento, y necesitaba apoyarse en el maíz. Desconocer esos datos te puede llevar al fracaso. Todo eso hace al valor de la semilla”, agregó Togno.

“En algunos casos usamos una balanza para pesar los frutos, o un refractómetro para medir el contenido de azúcar, etc, para poder agregarle toda la información posible a la semilla. Así tratamos de caracterizar la parte morfológica, agronómica y molecular, para poder tener más datos de cada variedad. Cuanto más detallado esté, mejor se reconoce y mejor se podrá aprovechar”, concluyó.

La recolección de muestras es permanente y cada nueva variedad ingresa en un listado temporal. El primer paso es la multiplicación de esas semillas para obtener material suficiente para el banco, que son aproximadamente 2.000 por variedad, a la vez que se conserva parte de lo que quedó de la muestra original.. “A veces guardamos más porque parte de la función del banco es entregar semillas si alguien las solicita en forma gratuita”, indicó el profesional.

“Tenemos alrededor de 5.000 variedades y cada una tiene sus particularidades. El ajo, por ejemplo, no produce semilla, entonces hay que cultivarlo todos los años para que sobreviva. En el tomate las semillas son muy longevas, entonces es más fácil”, detalló. Continuamente el material se revisa y se siembra para crear nuevas semillas, y dependiendo de la especie, es la estrategia que se busca para polinizar porque se deben asegurar que no se cruce con ninguna otra variedad. En algunos casos eso es sencillo, como en la arveja, que ella sola cierra su flor y no se cruza nunca. El zapallo, por lo contrario, se cruza mucho. En La Consulta tienen armado un plan de siembra, donde se aíslan las variedades y se intenta mantener esa variedad lo más parecido a su origen.

No sólo es importante la labor que se hace por mantener el germoplasma, sino que también se está trabajando para que haya “sucursales” en varios puntos del país, de modo que en cada una se guarde material genético local para que sea de fácil acceso a los productores, que pueden acudir a solicitar semillas si lo desean.

Patrimonios de la humanidad

Una curiosidad: en 2008 se inauguró en Noruega el Depósito Internacional para las Semillas de Svalbard, una fortaleza en las costas heladas del Océano Ártico. El depósito de cemento está protegido por una cubierta de roca y hielo, con un túnel de 120 metros y puertas blindadas que separan el “tesoro” del mundo exterior. Tiene, por ahora, 425.000 muestras de variedades únicas de más de 100 países, en condiciones que garantizan la conservación durante siglos.

En Argentina el camino es más reciente, pero nuestras instalaciones ya permiten que se realicen las siguientes actividades:

  • Conservación a largo plazo (-18ºC) de duplicados de semillas ortodoxas de las colecciones de la Red de Bancos de Germoplasma de INTA (RBG) y de colecciones de trabajo del INTA y otras instituciones tanto nacionales como internacionales. Se conservan semillas de especies vegetales cultivadas, líneas avanzadas de programas de mejoramiento, cultivares obsoletos, poblaciones primitivas y parientes silvestres de interés agrícola, forestal, ornamental y medicinal; de uso actual y potencial para la agricultura y alimentación. También se conservan semillas de especies amenazadas, raras, endémicas y/o significativas de ecosistemas frágiles.
  • Conservación a corto plazo (25ºC) y mediano plazo (9 y 19ºC) mediante la técnica in vitro de explantos extraídos de plántulas establecidas in vitro de colecciones de papa, batata y mandioca de la RBG y de colecciones de trabajo del INTA.
  • Conservación a largo plazo (-196ºC) mediante la técnica de crioconservación de semillas ortodoxas, ápices y yemas en dormición de especies vegetales que se propagan agámicamente y de colecciones de larga vida que pertenecen a la RBG.
  • Conservación en custodia del duplicado de la colección mundial in vitro de papa del Centro Internacional de la Papa de Perú.