Alerta verde: el impacto invisible de las plantas tóxicas
Con más de 230 especies riesgosas en el país y efectos que van desde el estrés por festuca hasta impactos en la salud humana, las intoxicaciones vegetales se consolidan como una amenaza subestimada para la rentabilidad ganadera
El manejo ganadero en Argentina enfrenta un desafío que suele pasar desapercibido hasta que el daño es irreversible. Según una reciente revisión publicada por la revista Toxicon y difundida por la Agencia de Noticias Científicas y Tecnológicas Argentina de la Fundación Instituto Leloir, el avance de la frontera productiva y el sobrepastoreo están exponiendo a los rodeos a más de 230 especies vegetales capaces de causar desde fallas orgánicas fulminantes hasta pérdidas crónicas en la fertilidad.
Juan Francisco Micheloud, investigador del INTA y el CONICET, advierte que estas intoxicaciones representan entre el 15% y el 25% de las consultas en laboratorios veterinarios, un impacto económico que muchas veces se subestima por la falta de registros en cuadros no agudos.
Las amenazas más críticas en el campo argentino
Según el instituto, una de las especies más peligrosas para la región central y el litoral es el sunchillo. Esta planta de flores amarillas es responsable de la mayor cantidad de brotes de intoxicación aguda en el país, provocando una falla hepática letal en bovinos, ovinos, caprinos y equinos. Su peligrosidad se multiplica porque mantiene la toxicidad incluso estando seca, lo que facilita su dispersión a través de fardos de alfalfa contaminados que se comercializan en zonas donde la especie no es nativa.
Duraznillo blanco.
Por otro lado, el duraznillo blanco representa el principal riesgo crónico en la zona del Litoral. Al contener principios activos derivados de la vitamina D, genera una calcificación progresiva de los tejidos blandos conocida como "enteque seco". Esto deriva en una pérdida de peso progresiva y dificultades de movilidad que comprometen seriamente la productividad y, según se investiga actualmente, también la capacidad reproductiva del animal.
Riesgos para la salud humana y seguridad alimentaria
Para el especialista, el problema no se agota en el bienestar animal, sino que también alcanza la salud pública de manera indirecta. Tal como destacan desde la Fundación Instituto Leloir, en regiones como las Yungas el consumo de toxinas provenientes de ciertos helechos puede representar un riesgo cancerígeno para los seres humanos, ya que estas sustancias son capaces de filtrarse a las napas de agua o transferirse a productos lácteos como el queso. Asimismo, las plantas del género Senecio pueden contaminar la miel con alcaloides tóxicos para el hígado.
Estrategias de prevención y manejo del lote
Para mitigar estos riesgos, la clave reside en el conocimiento profundo del lote y en un manejo forrajero equilibrado que evite situaciones de emergencia. La recomendación fundamental de los especialistas es evitar el sobrepastoreo, ya que cuando la oferta de pastura adecuada decae, los animales pierden su capacidad natural de selección y terminan consumiendo especies tóxicas por necesidad, convirtiéndolas en especies dominantes.
La divulgación y el monitoreo constante de la abundancia de estas plantas en cada establecimiento son las herramientas más efectivas. Según el investigador, identificar las especies presentes y conocer su frecuencia dentro de la pastura permite al productor anticiparse a muertes súbitas o mermas en la fertilidad que, de otra manera, seguirán condicionando la rentabilidad del negocio ganadero.

