Chicharrita: la campaña gris donde el manejo define el resultado
La campaña actual muestra una presión intermedia del vector, lejos de la crisis 2023/24 pero sin margen para relajarse. Según Brichta, el desenlace dependerá más del manejo integrado y la anticipación que del clima.
La chicharrita del maíz, vector Dalbulus maidis, vuelve a ocupar el centro de la escena sanitaria en la actual campaña. Sin embargo, el contexto no es el mismo que el vivido en 2023/24, cuando la combinación de alta presión poblacional, baja frecuencia de heladas y continuidad verde generó pérdidas históricas. Tampoco es el escenario aliviado del ciclo siguiente, donde el invierno actuó como regulador natural. "Hoy estamos frente a una campaña intermedia, un escenario gris, donde el desenlace dependerá más de la estrategia agronómica que del clima", sostuvo el Ingeniero Agrónomo, Juan Pablo Brichta de Agro Advance Technology.
El análisis comparativo de monitoreos muestra con claridad esta diferencia. En ese sentido, Brichta explicó que "en 2023/24 la curva poblacional presentó una pendiente explosiva desde las primeras semanas post emergencia, con incrementos abruptos en capturas por trampa y colonización acelerada de lotes" y señaló que, en la campaña actual, en cambio, la pendiente es más moderada. "Existe presencia temprana y crecimiento sostenido, pero sin la dinámica exponencial que caracterizó aquella crisis", opinó el especialista y subrayó: "La diferencia no es menor: implica más margen para intervenir con anticipación".
Desde el punto de vista climático, el invierno anterior había mostrado mayor frecuencia e intensidad de heladas, funcionando como un "servicio ambiental" que redujo la población invernal del vector. En el último invierno, si bien se registraron mínimas relevantes, la frecuencia acumulada de eventos fue menor. Ese matiz permitió mayor supervivencia de poblaciones residuales, especialmente en regiones con presencia de maíz guacho.
Regionalmente, el patrón mantiene coherencia con campañas previas. El noroeste argentino continúa mostrando la mayor presión estructural, particularmente en planteos tardíos. "Mantiene sensibilidad elevada cuando el vacío sanitario no es estricto", afirmó Brichta y contó que "en la región Centro y Núcleo, la situación es más heterogénea y depende fuertemente de fechas de siembra y coordinación interpredial. En todos los casos, el factor determinante ya no es exclusivamente climático, sino agronómico".
La lección más importante que dejó la crisis 2023/24 es que el control reactivo y exclusivamente químico resulta insuficiente frente a presiones sostenidas, "debemos aprender de las experiencias pasadas, y del manejo integrado que realizan otras regiones, la combinación de tecnologías es la clave para el manejo de una plaga con alta reactividad". Es por ello que la respuesta está hoy en un Manejo Integrado de Plagas (MIP) real y profesionalizado. El monitoreo sistemático -mediante trampas cromáticas estandarizadas, plantas centinela y registro digital- permite detectar tendencias antes de que la curva se dispare. "La eliminación temprana del maíz voluntario corta el puente sanitario y la rotación de modos de acción reduce riesgo de resistencia", sostuvo el especialista.
Pero uno de los cambios más relevantes de esta campaña es la incorporación estratégica de herramientas biológicas. "El uso preventivo de entomopatógenos como Beauveria bassiana dejó de ser complementario para transformarse en estructural dentro del esquema sanitario", afirmó Brichta y explicó que "su mecanismo de acción por infección y colonización permite reducir presión poblacional sin generar resistencia y con plena compatibilidad en programas de rotación química".
Por otro lado, el especialista contó que, en escenarios de presión media, como el actual, "el biológico actúa amortiguando la pendiente poblacional antes de que alcance umbrales críticos" y resaltó: "No reemplaza la herramienta química en situaciones de alta infestación, pero sí permite evitar que el sistema llegue a ese punto; la clave está en la anticipación: aplicación en ventana preventiva, control del pH y dureza del agua, horarios de baja radiación y correcta cobertura". Cuando estas variables se respetan, el impacto es consistente y medible en la dinámica poblacional.
Comparada con 2023/24, la campaña actual muestra tres diferencias estructurales: mayor conciencia sanitaria, protocolos de monitoreo más sólidos y mayor adopción de biológicos dentro del MIP. La presión existe, pero el sistema productivo está mejor preparado. La pendiente poblacional es más controlable y el margen de decisión es mayor.
"El escenario es gris", destacó y agregó que "no hay señales de colapso sanitario generalizado, pero tampoco margen para la relajación". En ese sentido, Brichta subrayó que "el resultado dependerá de decisiones tomadas en tiempo y forma: monitorear antes que el vecino, eliminar el maíz guacho sin concesiones, rotar modos de acción y aplicar biológicos en etapas tempranas".
La chicharrita sigue presente. La diferencia es que hoy el manejo puede adelantarse a la crisis y cuando la presión no es extrema, la estrategia técnica define el resultado.

