Desde el lote: maíz temprano estresado y soja al límite en el sur de Córdoba
En Del Campillo, sur de Córdoba, el déficit hídrico se hace sentir con mayor intensidad en el maíz de primera y condiciona a la soja, en un contexto donde el manejo previo aparece como un factor determinante para sostener los rindes
En el sur de Córdoba, la campaña agrícola ingresa en una etapa decisiva, marcada por la escasez de agua y el impacto de las altas temperaturas. Según explicó el ingeniero agrónomo Nalec Sandoval Lahitte, productor de Del Campillo, el cultivo más comprometido es el maíz de primera, mientras que la soja también muestra signos claros de estrés hídrico.
Maíz de primera
Según explicó el productor, el maíz de primera fue el cultivo más afectado por la combinación de sequía y altas temperaturas durante el período de floración. No obstante, aclaró que en su caso particular los lotes muestran un mejor comportamiento que el promedio zonal, principalmente por la estrategia de manejo implementada.
En ese sentido, señaló que los productores que lograron conservar humedad en el perfil del suelo, a través de barbechos bien manejados, presentan cultivos en mejores condiciones que aquellos que llegaron a los momentos críticos con el suelo desnudo.
Según explicó, al no ser el maíz temprano un cultivo típico de la zona, muchos productores optan por repartir las ventanas de floración. En ese contexto, comentó que varios decidieron picar los maíces que no lograron una buena fecundación y destinarlos a forraje para la hacienda.
En cuanto a las perspectivas de rendimiento, indicó que el estrés hídrico durante el llenado de granos obligó a revisar las proyecciones iniciales. "Hace un par de semanas se hablaba de rindes que iban desde 20 hasta 80 quintales. Hoy el escenario está más acotado", explicó. Actualmente, las estimaciones se ubican en un rango de 55 a 65 quintales.
Maíz tardío
En cuanto al maíz tardío, el productor explicó que la zona se orienta mayoritariamente a este tipo de planteos, por lo que, a grandes rasgos el cultivo muestra un mejor comportamiento frente a la variabilidad climática. Según detalló, los lotes "están aguantando", a la espera de nuevas lluvias, aunque con escaso margen: la falta de precipitaciones obligó a consumir la poca humedad remanente en el perfil del suelo.
No obstante, aclaró que, por el momento, el potencial de rendimiento no se encuentra comprometido en la mayoría de los casos, aunque reconoció que existen lotes puntuales de maíz tardío que presentan un deterioro más marcado.
En este contexto, el entrevistado destacó la importancia del manejo previo en la definición del resultado productivo. "En la agricultura, el 60 % lo explica lo que hiciste previamente, un 30 % cómo lo sembraste y solo un 10 % el clima", señaló. Y agregó que, cuando las lluvias escasean, la diferencia la marcan las decisiones de manejo y planificación, como la superficie implantada y la estrategia productiva adoptada.
Soja al borde
En cuanto a la soja, el productor describió un escenario delicado, con los cultivos al límite de su disponibilidad hídrica y a la espera urgente de lluvias. Según explicó, en muchos lotes queda apenas una semana de agua en el perfil, lo que condiciona seriamente el desarrollo de la oleaginosa.
Reunión de CREA en un lote de soja de Del Campillo.
"Las plantas están chicas, resistiendo", señaló, y explicó que el estrés se hace más evidente en los sectores donde existe mayor competencia entre plantas o alguna deficiencia del suelo. En esos ambientes, agregó, ya se observan manchas en las hojas, síntomas claros de estrés hídrico, con un impacto directo sobre el potencial de rendimiento.
En comparación con el maíz temprano, aclaró que la soja presenta un período de sensibilidad al rendimiento más prolongado. "En soja, las etapas fenológicas y reproductivas influyen durante más tiempo en el rinde, mientras que en maíz el período crítico es más corto y el cultivo resulta más tolerante", explicó.
Girasol
En contraste con otros cultivos, el girasol muestra un panorama más alentador, aun en un contexto de limitada disponibilidad de agua. Según explicó el productor, las cabezas se están formando en buenas condiciones, lo que permite sostener expectativas positivas.
Si bien señaló que las lluvias siempre son bienvenidas, aclaró que el cultivo se encuentra bien encaminado y, por el momento, no presenta inconvenientes de gravedad asociados al estrés hídrico.
Expectativas climáticas
De cara a los próximos días, el ingeniero señaló que, más que una lluvia abundante, los cultivos necesitan precipitaciones distribuidas en pulsos moderados y frecuentes. En ese sentido, explicó que para el desarrollo del cultivo resulta mucho más eficiente que el agua llegue en eventos de menor volumen, en lugar de concentrarse en lluvias intensas.
En términos acumulados, indicó que al ciclo agrícola aún le estarían faltando alrededor de 200 milímetros de agua, aunque aclaró que la recuperación de ese déficit no depende de una sola precipitación. "Que caigan 100 o 200 milímetros de una sola vez no hace que el cultivo crezca cinco veces más que si recibe 20. Lo que realmente importa es la continuidad del aporte hídrico", sostuvo.
En esa línea, remarcó la necesidad de que comiencen a registrarse lluvias cada 4, 5 o 10 días, con acumulados de 20 a 30 milímetros, que permitan sostener el crecimiento del cultivo y cubrir la demanda diaria de agua.

