Protección vegetal

Fitosanitarios: el nuevo mapa del control de malezas que redefine al agro argentino

Siembra directa, glifosato y malezas resistentes empujaron un cambio de estrategia: menos receta única y más manejo integrado, innovación y buenas prácticas

15 de Enero de 2026

La agricultura argentina atravesó una transformación profunda en las últimas décadas con la adopción de la siembra directa y la incorporación de cultivos tolerantes a herbicidas, con el glifosato como emblema. Este cambio marcó un antes y un después en la protección vegetal, al optimizar el control de malezas, reducir los laboreos mecánicos y avanzar en la conservación del suelo, mejorando la eficiencia del sistema productivo.

Ese salto tecnológico no solo redefinió cómo se produce, sino también cuánto y qué insumos se utilizan. Con el paso del tiempo, el uso de herbicidas se fue ajustando en volumen y diversidad de principios activos frente a nuevos desafíos agronómicos, dando lugar a un manejo más complejo y estratégico que hoy redefine las prácticas productivas a escala nacional.

El Coordinador de Gestión Sustentable de CASAFE, Federico Elorza, explicó: "Los fitosanitarios siempre fueron una herramienta esencial, pero la siembra directa y los cultivos tolerantes cambiaron la escala y la estrategia". Y agregó: "Hoy el desafío no es solo controlar, sino hacerlo de forma sostenible con decisiones basadas en la ciencia".

Según relevamientos de la Red de Malezas de Aapresid (REM), más de 25,8 millones de hectáreas están afectadas por biotipos resistentes o tolerantes. Se trata de un escenario que obliga a abandonar esquemas lineales y adoptar enfoques integrales. Es por eso que CASAFE impulsa el Manejo Integrado de Malezas (MIM) como eje, promoviendo la rotación de modos de acción, la preparación correcta de mezclas, la incorporación de cultivos de servicio y la planificación de densidades y fechas de siembra adecuadas antes de recurrir al control químico.

En paralelo, la industria avanza reduciendo la toxicidad y mejorando formulaciones y perfiles de riesgo. Es por ello, que hoy 2,5 de cada 4 productos utilizados son de banda verde, categoría que corresponde a la clase toxicológica IV según SENASA y refleja baja toxicidad aguda. CASAFE atribuye esa evolución a coformulantes más seguros, menor volatilidad y formulaciones más específicas.

La innovación también puede verse dentro del desarrollo de nuevas moléculas y soluciones biológicas, que han ampliado las herramientas disponibles en la actualidad. Tal es así que, de acuerdo con CASAFE, el 80% de las empresas socias de la entidad producen tanto productos químicos como biológicos, en un segmento que crece exponencialmente e integra esquemas de Manejo Integrado de Plagas y Malezas.

De acuerdo con CASAFE: "Estos avances tecnológicos solo generan impacto real cuando se acompañan de buenas prácticas, capacitación y una adecuada gestión ambiental". Es por ello que la entidad trabaja para que la inovación llegue de manera segura y efectiva al campo con programas como Depósito OK, dedicada a la gestión de envases vacíos junto a CampoLimpio y articulación público-privada. En el plano regulatorio, también se sofisticó la evaluación de riesgos ambientales y de exposición, incorporando modelos y monitoreos para un uso responsable y transparente.

Para finalizar, Elorza sostiene: "la sostenibilidad no es un destino, sino un proceso de mejora continua". En este sentido, la discusión ya no pasa solo por "usar o no usar" fitosanitarios, sino por cómo se decide, con qué combinación de herramientas y bajo qué estándares de seguridad y gestión. En una agricultura atravesada por resistencias y tolerancias, este nuevo rumbo apunta a una mejora continua donde productividad, innovación y responsabilidad ambiental se vuelven inseparables. 

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