La brecha a superar

La Argentina quedó a mitad de camino y cosechó lejos de su potencial

Especialistas advirtieron que los rindes representan apenas entre el 50% y el 65% del potencial en los cultivos de gruesa, mientras que en trigo la mayor brecha aparece en los años con mejores condiciones

4 de Mayo de 2026

La discusión sobre cuánto más podría producir la Argentina con la tecnología disponible volvió a quedar en el centro de la agenda agroindustrial. En la previa del Congreso Aapresid 2026, investigadores señalaron que el país todavía deja sin capturar una parte clave del potencial productivo en maíz, soja y trigo.

Maíz y soja: la gruesa produjo lejos de su potencial

En cultivos de gruesa, el diagnóstico muestra una distancia significativa entre lo que se obtiene y lo que podría alcanzarse. El investigador del CONICET y docente de la FAUBA, José Andrade, señaló: "En maíz los rindes logrados están en torno al 50-55% del potencial y en soja entre el 60 y el 65%".

Las causas no aparecen asociadas a un único problema, sino a limitaciones estructurales del sistema productivo. En gruesa, Andrade identificó a la nutrición como uno de los puntos más críticos, y señaló: "Estamos aplicando menos nutrientes de los que los cultivos se llevan, es decir, estamos haciendo minería de nutrientes en los suelos".

Esa subinversión impacta directamente sobre los rindes y ayuda a explicar por qué una parte del potencial queda fuera del resultado final. Además, en soja entran en juego factores operativos que condicionan el manejo, como los retrasos en la fecha de siembra por limitaciones logísticas.

Según señaló el especialista: "No es solo manejo, también hay una cuestión de inversión y capacidad operativa". El señalamiento apunta a una dificultad que se profundiza a gran escala, cuando la posibilidad de sembrar en tiempo y forma depende de recursos, maquinaria, organización y financiamiento.

Por eso, cerrar la brecha en maíz y soja exigirá mejorar la nutrición, ajustar dosis y estrategias, optimizar fechas de siembra e invertir en capacidad operativa. Sin embargo, los especialistas remarcaron que no siempre conviene perseguir el máximo potencial. En esta línea Andrade señaló: "Un productor eficiente debería apuntar a alrededor del 80% del rendimiento potencial, que es donde se logra un equilibrio costo-beneficio".

Trigo: la fina desaprovechó los mejores años

En el caso de la campaña fina, el especialista de INTA Balcarce, Pablo Abbate, incorpora otra mirada. Para el técnico, no alcanza con observar la brecha de cada campaña, sino que también hay que evaluar cómo evoluciona el rendimiento a lo largo del tiempo.

En esta línea, Abbate señaló que "en la mayoría de las localidades, la mayor brecha se da en los años de mayor potencial, donde se desaprovechan las mejores condiciones". Esa lectura muestra que el problema no aparece únicamente cuando el ambiente limita la producción, sino también cuando el escenario ofrece oportunidades que no llegan a capturarse por completo.

En trigo, el foco está puesto en la toma de decisiones bajo incertidumbre, según explicó Abbate: "El manejo está apuntado a un ambiente promedio porque el riesgo es alto". Esa estrategia permite reducir exposición en años normales, pero también limita la capacidad de capturar mejores resultados cuando las condiciones son favorables.

La Argentina quedó a mitad de camino y cosechó lejos de su potencial

En este cultivo, el uso de datos aparece como una herramienta clave para mejorar las decisiones. Abbate destacó el rol del seguimiento del cultivo y la ambientación, y señaló: "La ambientación ayuda a reducir riesgos y el monitoreo permite ajustar decisiones en tiempo real".

Sin embargo, remarcó que imágenes, sensores y otras herramientas deben complementarse con estrategias como franjas de suficiencia para tener verdadero impacto. En fina, el desafío será dejar de decidir solo en función del promedio, intensificar el monitoreo y aprovechar mejor las campañas de alto potencial.

Una brecha técnica, económica y estratégica

El techo productivo existe y es conocido, pero las brechas de rinde no son solo técnicas. También están atravesadas por la incertidumbre climática, los márgenes ajustados, el acceso al financiamiento, la logística y la capacidad de inversión.

En ese escenario, el uso de información puede ayudar a identificar dónde se pierden kilos y qué decisiones tienen mayor impacto. Para Andrade, "cuanta más información tengamos para analizar las causas de la brecha, mejor", aunque esa información debe validarse con experimentación para transformarse en decisiones agronómicas efectivas.

El desafío, entonces, no pasa únicamente por producir más, sino por definir en qué ambientes, con qué nivel de inversión y bajo qué estrategia conviene acercarse al potencial. Como sintetizó Abbate: "Hoy el problema no es solo producir más, sino saber cuándo y dónde invertir para capturar ese potencial".

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