La dieta recomendada por EE.UU., bajo la lupa médica
Ante las nuevas recomendaciones alimenticias del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el reconocido médico Jorge Tartaglione resaltó el valor de las proteínas animales y advirtió sobre los riesgos del consumo de grasas en pacientes con colesterol LDL elevado
En el marco de la actualización de las guías alimentarias de Estados Unidos, se reavivó el debate sobre el rol de las proteínas, las grasas y los lácteos en una alimentación equilibrada. A partir de estos lineamientos, el médico Jorge Tartaglione, ex Presidente de la Fundación Cardiológica Argentina, analizó su posible adaptación a la Argentina y los cuidados a tener en cuenta según el perfil de paciente.
En relación con la recomendación estadounidense sobre el consumo de proteínas, Tartaglione destacó la importancia de este nutriente y subrayó el alto valor biológico de las proteínas de origen animal, así como su impacto en la salud. Asimismo, puso especial énfasis en su consumo en situaciones de pérdida de masa muscular, como la sarcopenia, y resaltó el rol clave que cumplen las proteínas en el crecimiento y mantenimiento del músculo, tanto en personas mayores como en deportistas.
En esa línea, remarcó una diferencia central entre las proteínas de origen animal y vegetal: el alto contenido de vitamina B12, zinc y selenio que caracteriza al primer grupo. Por este motivo, el especialista recomienda que las personas vegetarianas evalúen la incorporación de suplementos de vitamina B12 en caso de presentar déficit. Otro elemento diferencial es el hierro hemo, propio de la carne, que, a diferencia del hierro no hemo de origen vegetal, presenta mayor relevancia clínica, especialmente en casos de anemia.
Respecto de la recomendación estadounidense de una ingesta diaria de entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal, Tartaglione señaló que, dado que la Argentina es un país con alto consumo de carne, esos niveles ya se encuentran, en general, alcanzados y resultan adecuados para la población.
En cuanto a la directriz sobre el consumo de leches enteras, advirtió que su indicación depende de cada caso particular. En personas con antecedentes de infarto agudo de miocardio y niveles elevados de colesterol LDL, conocido como "colesterol malo", se debería reducir la ingesta de grasas.
En esa misma línea, recomendó para estos pacientes disminuir el contenido graso de las carnes y priorizar cortes magros, con bajo nivel de grasa, especialmente de grasa intersticial, que no generan un impacto negativo en los parámetros metabólicos.
Por último, en relación con las grasas saludables, como la manteca, destacó la importancia de su consumo. No obstante, advirtió que en pacientes con colesterol LDL elevado su ingesta debería reducirse al mínimo, ya que podría aumentar significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares, como el accidente cerebrovascular.
"Esta dieta podría adaptarse a la Argentina, pero cada paciente es diferente y también lo son los riesgos asociados a su incorporación. En especial, cuando existen antecedentes familiares de infarto agudo de miocardio o de muerte súbita a edad temprana, es necesario un seguimiento más exhaustivo y una evaluación más cuidadosa", concluyó el médico.

