Estados Unidos - Irán

La guerra en Medio Oriente vuelve a sacudir a los granos y a los fertilizantes

La escalada en Medio Oriente provocó una aumento de la energía, los fertilizantes y los granos, mientras los cultivos quedaron atravesados por más costos, más incertidumbre y una comercialización todavía lenta en Argentina

16 de Marzo de 2026

La tensión geopolítica volvió al centro de la escena y desplazó a casi todos los fundamentos clásicos del mercado agrícola. En su informe semanal, Dante Romano explica por qué la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel pasó a ser hoy el principal factor de formación de precios en los granos.

El impacto del conflicto fue inmediato sobre la energía y luego se trasladó al resto de la cadena. En la última semana, la energía subió 11%, el gas natural 9%, la urea 7% y los granos cerca de 3%, mientras el dólar se revaluó casi 2% y las acciones retrocedieron 3%. Estos movimientos son el resultado de la búsqueda de refugio por parte de los inversores en activos más seguros ante el aumento del riesgo en los mercados. 

Ese nuevo escenario pega de lleno en uno de los insumos más sensibles para la agricultura, los fertilizantes. En ese sentido, la guerra frenó la actividad de plantas en la región del Golfo y complicó la logística global. Desde esa zona sale el 49% de la urea, el 30% del amoníaco, el 20% de los fertilizantes fosfatados y el 25% del azufre, por lo que cualquier alteración en ese corredor repercute rápido en el valor internacional. 

El impacto sobre la soja

En ese marco, Romano remarcó que en Estados Unidos "el problema no sería la siembra, sino la re-fertilización una vez que los cultivos nazcan", lo que podría achicar el área de maíz y trigo y derivar parte de esa superficie hacia soja. Sin embargo, el dato clave llegará el 31 de marzo, cuando el USDA publique su informe de intención de siembra, aunque quizá todavía no logre captar plenamente este nuevo shock de costos.

En soja, la firmeza internacional se sostuvo por el crudo y por una estructura financiera todavía comprada. Los futuros tocaron máximos de 21 meses y, aunque luego apareció una lógica toma de ganancias, el poroto subió 2% en la semana. A eso se sumó la sorpresa por las importaciones chinas y los rumores de mayores compras a Estados Unidos, aunque aún no existe información que termine de confirmar ese optimismo inicial.

Por su parte, Brasil enfrenta una dificultad adicional, ya que China endureció exigencias fitosanitarias sobre los embarques brasileros y trabó grandes operaciones. Según Romano, ese freno podría abrir una ventana inesperada para la Argentina, ya que "muchos de esos buques en camino podrían ser redirigidos a Argentina generando un mercado de exportación inesperado". 

A nivel local, la soja se mueve entre mejores perspectivas productivas y una comercialización muy cautelosa. Las lluvias mejoraron la condición de los cultivos en buena parte del área agrícola, aunque persiste el déficit hídrico en el sudeste bonaerense. 

Las estimaciones para la cosecha argentina oscilan entre 48 y 48,5 millones de toneladas, mientras los productores venden a ritmo lento, entre 150.000 y 160.000 toneladas semanales de la nueva campaña. Con una gran cosecha por delante y poca mercadería comprada a fijar, el manejo de espacios aparece como uno de los grandes problemas de corto plazo.

El impacto sobre el maíz

El cereal subió 2,2% en Chicago y muestra una dinámica más positiva para los precios por la combinación de exportaciones activas en Estados Unidos, posible baja de área por el costo de fertilización, demoras en la safrinha brasileña y una cosecha argentina que avanza con interrupciones por lluvias. En su caso los precios no ceden, y conforman un escenario alcista para el futuro.

Además, en la Argentina el maíz tiene una demanda exportadora que sigue traccionando. La cosecha avanzó apenas al 9,4% al 12 de marzo, se puso precio a 1 millón de toneladas en la última semana reportada por Agricultura y el programa de buques muestra 2 millones de toneladas para cargar en los próximos días. La capacidad de pago de la exportación se ubica entre 185 y 190 dólares por tonelada, un nivel que mantiene activos a los compradores en el mercado local.

El trigo: último, pero no menos importante 

El mercado ya mira la campaña 2026/27 con preocupación por la caída esperada en Ucrania, la persistencia de problemas climáticos en otras regiones y el impacto del encarecimiento de fertilizantes sobre Brasil, donde el área triguera podría retroceder. Además, en escenarios bélicos, la demanda suele adelantarse para asegurar abastecimiento. Sin embargo, en la Argentina aún queda 53% del trigo cosechado sin precio.

El frente doméstico

En los últimos días volvieron los rumores sobre una posible baja en los derechos de exportación. Sin embargo, la señal oficial volvió a ser la misma, y la reducción de impuestos sigue "supeditada al resultado fiscal y la marcha del plan", en un contexto donde la recaudación real cae y el agro, junto con minería y energía, aparece como uno de los pocos sectores con balance positivo.

Mientras hay lluvias que ayudan a sostener la producción, también retrasan la cosecha. Y mientras los precios internacionales mejoran, lo hacen empujados por un conflicto que encarece insumos y fletes. Hay oportunidades comerciales puntuales, pero también una fuerte retención de mercadería por parte de los productores. 

El agro vuelve a mirar menos el lote y más hacia el norte. Para la Argentina, el escenario abre algunas ventanas comerciales, sobre todo en maíz y eventualmente en soja, pero también refuerza la cautela. En un mundo convulsionado, los valores pueden parecer atractivos, aunque detrás de esa mejora también viajan más costos, más volatilidad y una incertidumbre que todavía está lejos de disiparse. 

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