Sur de Córdoba: la campaña gruesa pasó del estrés hídrico al impacto de lluvias intensas
Luego de un enero con fuerte déficit de precipitaciones y altas temperaturas que afectaron al maíz de primera en plena etapa crítica, las abundantes lluvias recientes abren una nueva expectativa para el cierre de campaña
El clima tomó protagonismo en esta campaña debido a la inusual y heterogénea disponibilidad hídrica, y esta no fue la excepción en el sur de la provincia de Córdoba. La región pasó en pocas semanas del estrés hídrico por sequía a lluvias de más de 100 mm, como fue el caso de la localidad cordobesa de Vicuña Mackenna.
En este sentido, la campaña 2025/26 había comenzado con una disponibilidad hídrica alentadora, gracias a un invierno y una primavera con abundantes precipitaciones. Este contexto permitió recomponer perfiles y reconfigurar la intención de siembra con mayor participación del maíz de primera.
En contacto directo con Revista Chacra, el presidente de la Sociedad Rural de Vicuña Mackenna, Javier Salvatore, se refirió a este escenario explicando: "Pasamos de un 10% de maíz de primera y 90% de maíz tardío a cerca de un 40% de maíz temprano y 60% tardío". Esta decisión generalizada de los productores se dió como respuesta a un contexto que, hasta ese momento, ofrecía condiciones óptimas para apostar a mayores rindes.
Sin embargo, a partir de octubre las lluvias comenzaron a mermar y enero terminó por consolidar un escenario adverso. En este sentido, en el mes de enero el registro de precipitaciones en el sur de la provincia de Córdoba (departamentos de Río Cuarto, General Roca y Presidente Roque Sáenz Peña) disminuyó en promedio un 33,7%.
Fuente: Bolsa de Cereales de Córdoba
Maíz temprano, el más afectado
En este sentido, el dirigente rural detalló que se registraron cerca de 20 días consecutivos con temperaturas extremas y sin lluvias significativas. Y afirmó: "El proceso de llenado de granos se vio bastante afectado y llegamos a tener muerte de plantas en algunos lotes".
En términos productivos, las consecuencias ya son previsibles. De este modo, se espera un rendimiento entre 30 y 50 quintales, muy por debajo de los potenciales proyectados al inicio de campaña. En la delegación Río Cuarto, el maíz temprano fue el cultivo más castigado por el estrés térmico e hídrico, mientras que los lotes tardíos, con fechas de siembra más retrasadas, lograron transitar mejor el período crítico.
En soja y maní también se observaron síntomas de estrés, aunque con mayor capacidad de recuperación ante eventuales lluvias. Salvatore explicó: "Hoy vemos diferencias importantes entre lotes, dependiendo de cómo les tocó la distribución de agua".
Más de 100 milímetros en pocas horas
El escenario cambió abruptamente el pasado domingo, cuando una tormenta intensa dejó registros que oscilaron entre 110 y 120 milímetros en el área urbana de Vicuña Mackenna y zonas aledañas. Sin embargo, el fenómeno tuvo un comportamiento muy localizado. En este sentido, Salvatore detalló: "A cinco kilómetros ya la lluvia fue de 70 o 75 milímetros, y a 30 kilómetros apenas 10 milímetros".
Y agregó: "No hubo escorrentía importante porque son suelos arenosos, con buena capacidad de absorción". En cuanto a las consecuencias de estas precipitaciones, solo en sectores bajos o cercanos a humedales podrían registrarse excesos puntuales.
Alivio parcial y nueva expectativa
"Para cerrar bien la campaña necesitaríamos alguna lluvia más", advirtió el presidente. Según su estimación, cultivos como la soja podrían requerir entre 30 y 40 milímetros adicionales para consolidar rindes, mientras que el maní y el maíz tardío necesitarían entre 40 y 50 milímetros, dependiendo de la evolución de las temperaturas.
El otro factor que comienza a preocupar es el calendario, ya que tras el estrés sufrido, varios lotes presentan demoras en su desarrollo. Al respecto el dirigente sostuvo: "El período de cosecha se va a atrasar; en lugar de marzo, probablemente estemos hablando de abril".
Esa postergación abre un nuevo frente de incertidumbre debido al mayor riesgo de heladas tempranas. Si el otoño se adelanta, podría comprometer parte del potencial que hoy se intenta recuperar con la recarga hídrica.
El caso de Vicuña Mackenna refleja, en escala local, un fenómeno más amplio que atraviesa al agro argentino. Las campañas se encuentran cada vez más expuestas a extremos, donde la estrategia de siembra y el manejo del riesgo climático pesan tanto como la tecnología aplicada.
El desafío ahora será transitar el tramo final del ciclo con la mayor estabilidad posible. Si las lluvias acompañan y el otoño no se anticipa, parte de lo perdido podría compensarse. De lo contrario, el impacto del estrés hídrico de enero quedará marcado en los números finales de la región.

