Gastos e inversiones

¿Puede la soja seguir pagando sus propios gastos?

Un nuevo informe revela que, aunque la soja recuperó terreno frente a herbicidas y hectáreas, hoy su poder de compra se desvanece frente a fertilizantes, logística y maquinaria

28 de Noviembre de 2025

El reciente reporte de CONINAGRO sostiene que la campaña de soja 2025 comienza bajo una señal de alerta, debido a que la oleaginosa mejora su valor relativo frente a ciertos insumos, pero su capacidad para cubrir los costos esenciales del agro sigue reduciéndose de forma preocupante. 

Según el informe, en octubre de 2025 la soja mostró una suba del poder de compra del 13 % frente a fitosanitarios, y ahora bastan 14 kilos de poroto para comprar un litro de glifosato. Esto representa una mejora del 29% respecto al promedio quinquenal. 

Sin embargo, la historia cambia cuando se evalúan otros insumos críticos. Para adquirir fertilizante (DAP), por cada kilo hacen falta 2,8 kilos de soja, lo que representa una caída de 9% en poder de compra. 

El deterioro se profundiza en inversiones de capital. Siendo que un tractor hoy equivale a unas 480 toneladas de soja, es decir, un 34 % más que el promedio de los últimos cinco años. Mientras que las cosechadoras y sembradoras también implican un encarecimiento cercano al 20 % frente a la soja. 

En cuanto al costo de la mano de obra rural y la logística el panorama tampoco es positivo, ya que pagar un salario mensual demandó 2,2 toneladas de soja, un 31 % más que lo habitual. Por su parte, el flete de 300 km por tonelada requirió 103 kg de soja, una pérdida del 14 % en su poder adquisitivo histórico. 

El resultado en la "ecuación costo-beneficio" la soja ya no cotiza lo suficiente para garantizar más que una parte de los insumos básicos, lo que pone en jaque la viabilidad económica de muchos emprendimientos agrícolas. Sin embargo, algunos insumos puntuales (herbicidas, ciertos fitosanitarios, y la hectárea), la soja recupera parte de su valor. 

Este contraste se prevé una campaña agrícola compleja, en la cual la soja resiste en algunos rubros, pero pierde terreno en inversiones estructurales necesarias para sostener la producción. 

¿Qué significa este panorama para los productores? 

La mejora puntual en el poder de compra frente a herbicidas o incluso frente al valor de la tierra aporta un alivio inmediato en los gastos del ciclo actual. Lo que permite enfrentar controles de malezas o renegociar alquileres con un margen algo más flexible, especialmente en un contexto donde cada kilo de soja rinde un poco más para cubrir ciertos insumos básicos de la campaña. 

Sin embargo, el panorama estructural es mucho menos favorable, ya que la soja pierde poder de compra frente a los costos decisivos del negocio, como maquinaria, combustible, transporte y mano de obra. Siendo una vez más extremadamente difícil sostener inversiones y planificar a largo plazo. 

La soja queda rezagada y ya no garantiza por sí sola cubrir los costos de una producción sostenible. Por eso, depender exclusivamente de este cultivo se vuelve una apuesta más riesgosa y pone sobre la mesa la necesidad de diversificar estrategias. 

El informe de CONINAGRO plantea un desafío estructural en el cual los productores deben reordenar sus decisiones productivas, y esta vez no sólo en función del rendimiento sino de la eficiencia económica real. Queda por ver si el mercado, la política agrícola o la estabilidad cambiaria pueden darle al productor un verdadero respiro.