Seguro

La paradoja de los seguros en el agro argentino: más hectáreas aseguradas, pero menos cobertura

La superficie agrícola asegurada en Argentina se duplicó desde 2003 y llegó a un récord en 2024, pero el mercado continúa concentrado en coberturas simples, mientras las alternativas multirriesgo y paramétricas casi no despegan

12 de Enero de 2026

La agricultura argentina es una fábrica a cielo abierto, que depende en gran medida del clima. En este contexto, el seguro aparece como una herramienta clave no sólo para proteger el capital invertido, sino para sostener la continuidad productiva frente a eventos climáticos adversos. 

Un informe realizado por la Bolsa de Comercio de Rosario que analiza la evolución de los seguros agropecuarios y forestales entre 2003 y 2024 muestra un balance con matices tanto positivos como negativos. En este sentido, la superficie agrícola asegurada se duplicó en las últimas dos décadas, pasando de 11 millones de hectáreas en 2003 a 23,5 millones en 2024, marcando un máximo histórico. 

Sin embargo, hubo un estancamiento hasta 2007 y luego una fuerte expansión hasta el año 2013 (cuando se alcanzó un máximo relativo), la cual fue seguida de una caída del 24,5% en 2014 y un período de meseta hasta 2018. Desde allí, la superficie volvió a recuperarse gradualmente, y en 2024 no sólo alcanzó la marca de 2013, sino que la superó levemente, pese al impacto de la sequía en 2023. 

¿Cuáles son los cultivos que más se aseguran? 

Hasta 2020, las oleaginosas dominaron el mercado del seguro agrícola, con una proporción promedio del 62% frente al 37% de cereales. Sin embargo, a partir de 2020 los cereales pasaron al primer lugar y, en 2024, ampliaron su participación al 59%, mientras las oleaginosas bajaron al 40%. 

En este cambio el trigo aparece como un caso "clásico" de aseguramiento y el cultivo con mayor proporción histórica de superficie sembrada cubierta, con un promedio del 57%, por su exposición a granizo en noviembre y diciembre. Sin embargo, en términos absolutos la soja concentró más hectáreas aseguradas en la última década. 

Por su parte, el maíz hasta el 2019, la proporción de área sembrada asegurada rondaba el 33%. Sin embargo, entre 2020 y 2023 subió 20 puntos, hasta llegar a promediar 53%. Y en 2024, el salto fue aún más drástico, llegando a una superficie asegurada del 92%, el valor más alto de todo el período analizado. 

¿Cuáles son las coberturas más elegidas? 

Del sistema de coberturas, la póliza contra granizo simple es la opción más elegida. En este sentido, entre los años 2015 y 2022, llegó a representar el 87% de las pólizas emitidas, y aunque desde 2023 perdió participación (bajando al 67% en 2024), sigue siendo ampliamente dominante. En paralelo, el granizo con adicionales muestra un retorno gradual, ya que pasó de representar el 13% entre 2015 y 2022, al 19% en 2024.

Mientras tanto, las opciones más completas siguen siendo las menos elegidas. Los seguros multirriesgo apenas representaron el 0,01% de las pólizas emitidas y en 2024 sólo 3 de 35 entidades ofrecieron este tipo de cobertura. Y los paramétricos, que habían ganado visibilidad entre 2020 y 2023, directamente no mostraron oferta en 2024. 

Sin embargo, un seguro público-privado en la provincia de Córdoba, organizado por ADIRA y atado a la incorporación de buenas prácticas agrícolas, propone cobertura integral (sequía, heladas, granizo, inundaciones, exceso de lluvias, viento, falta de piso e incendio). Además, integra monitoreo satelital continuo, modelos paramétricos y respaldo internacional. La cobertura alcanzaría a más de 500.000 hectáreas de soja y maíz y, al tratarse de una prueba piloto, la inscripción y la cobertura no tienen costo para el productor. 

Hasta 2024 hubo más hectáreas aseguradas y un mercado que crece, pero la estructura sigue concentrada en instrumentos simples, con baja diversificación frente a un escenario donde el cambio climático incrementa frecuencia y severidad de daños. Si la cobertura no evoluciona hacia herramientas más modernas y completas, la incertidumbre climática seguirá traduciéndose en volatilidad productiva y financiera. Fortalecer la gestión del riesgo, con participación pública y privada, deja de ser opcional para convertirse en condición de sostenibilidad del sistema agroindustrial argentino.