El acuerdo Mercosur-UE pone en debate las retenciones y promete más exportaciones para el agro
El texto firmado el 17 de enero fija un giro en derechos de exportación hacia Europa y, según simulaciones, abre un escenario de más producción y ventas externas. La soja quedaría con topes decrecientes y el resto tendería a cero desde el tercer año
El Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, firmado el pasado sábado 17 de enero, reactivó la discusión sobre el futuro de los derechos de exportación (DEX) y su impacto sobre producción y exportaciones. El documento de análisis publicado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y Fundación INAI plantea que el pacto introduce "introduce un marco de reglas comerciales más previsible y estable, con implicancias relevantes para la inserción internacional de la agroindustria argentina".
El punto central se encuentra en el hecho de que luego de tres año en vigor del acuerdo, la Argentina no aplicará derechos de exportación a los productos destinados a la Unión Europea, con excepciones para algunas cadenas, entre ellas la soja. En otras palabras, el acuerdo establece un sendero de alivio impositivo para gran parte de los embarques a Europa. Sin embargo, este beneficio no aplica para el complejo sojero.
En soja, el tratamiento no elimina las retenciones de manera directa, sino que fija techos máximos que se vuelven más exigentes con el tiempo. De acuerdo con el texto: "En el caso del complejo sojero, estos topes se consolidan inicialmente en 18% y se reducen de forma gradual hasta alcanzar el 14 % en el décimo año", lo que define el máximo potencial de DEX para exportaciones a la UE en ese nivel.
Sin embargo, existe un obstáculo operativo que puede cambiar el modo en que impacta esa norma en el mercado interno. En este sentido, DEX diferenciados por país de destino resulta una medida poco viable en la práctica porque, cuando el grano se compra en las primeras etapas (acopios, cooperativas, industria), no existe información precisa sobre el destino final de cada lote. Por eso el impuesto se traslada hacia atrás en la cadena a través del precio interno.
Con ese supuesto como base, el informe modela tres escenarios prospectivos para cereales y oleaginosas: uno "base", otro de baja de DEX (Bajadex) y un tercero (Brechas) que suma mejoras de productividad por mayor previsibilidad y mejores precios relativos. La herramienta utilizada es un modelo de equilibrio parcial del sector agrícola, el mismo que se emplea para el Escenario de Referencia Argentino para los Mercados Agroindustriales.
Hacia 2034/35, la producción total de cereales y oleaginosas podría subir de 155 millones de toneladas (escenario base) a 160 millones con reducción de DEX y hasta 173 millones con mejoras adicionales de productividad. El salto implica pasar de 131 millones en 2024/25 a 155 millones (base), 160,4 (Bajadex) o 173,1 (Brechas).
En comercio exterior, las simulaciones a precios 2025 muestran un que las exportaciones de cereales y oleaginosas (incluyendo productos primarios, aceites y harinas) podrían pasar desde USD 33.230 millones en la situación inicial a alrededor de USD 42.000 millones en el escenario más dinámico, con un escalón intermedio de USD 38.072 millones bajo reducción de DEX.
Además de los derechos de exportación, el informe destaca que el acuerdo incorpora reglas pensadas para reducir la discrecionalidad del Estado. En concreto, se compromete a no volver a aplicar mecanismos como las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) o los Registros de Operaciones de Exportación (ROE), al menos en el comercio con la Unión Europea, lo que aporta mayor previsibilidad. El objetivo es contar con reglas más claras y estables que puedan dar confianza a los productores y a la industria para invertir, incorporar tecnología y planificar a largo plazo.
De ser posible y sostenida la disminución de las cargas a la exportación, el agro argentino podría sumar producción y dólares, pero el resultado no depende solo de una cláusula sobre retenciones. Ya que los DEX representan sólo una fracción del acuerdo y el impacto debe entenderse dentro de una arquitectura más amplia de inserción internacional. En ese marco, el gran desafío será que la previsibilidad prometida no quede atrapada en el papel y logre traducirse en decisiones concretas a campo e industria, en un mercado donde la formación de precios y los incentivos se juegan mucho antes de que se conozca el destino final de cada tonelada.