ni aprobado ni descartado

El acuerdo UE-Mercosur, en pausa judicial: qué está en juego para Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay

El Parlamento Europeo decidió suspender el avance del acuerdo de libre comercio con el Mercosur y llevarlo ante el Tribunal de Justicia de la UE. La resolución abre un período de incertidumbre con fuertes implicancias económicas y políticas para Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

21 de Enero de 2026

 El ambicioso acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur ingresó en una nueva etapa de incertidumbre política y jurídica. El Parlamento Europeo resolvió esta semana paralizar el proceso de ratificación y remitir el tratado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que determine si su contenido es compatible con los tratados comunitarios, una decisión que vuelve a poner en suspenso uno de los pactos comerciales más relevantes de las últimas décadas.

La votación, realizada en Estrasburgo, se definió por un margen mínimo: 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones. El resultado refleja la profunda división política dentro del bloque europeo y abre un escenario que podría demorar la entrada en vigor del acuerdo entre 18 y 24 meses, plazo estimado para un dictamen del máximo tribunal comunitario.

Un acuerdo histórico, pero cuestionado

El tratado UE-Mercosur fue negociado durante más de 25 años y apunta a crear una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, con más de 700 millones de consumidores. Su objetivo central es la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles entre ambos bloques, abarcando productos agrícolas, bienes industriales, servicios e inversiones.

Para los países del Mercosur -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay- el acuerdo representa una puerta de acceso preferencial a uno de los mercados más ricos y exigentes del planeta, especialmente para exportaciones agroindustriales como carne vacuna, soja, azúcar, etanol, miel y derivados. Para la Unión Europea, en tanto, el interés se concentra en el acceso ampliado a mercados sudamericanos para automóviles, maquinaria, productos químicos y servicios.

Sin embargo, sectores políticos y productivos europeos, en especial vinculados a la agricultura, plantearon objeciones legales y regulatorias. Entre los puntos más cuestionados figuran el llamado mecanismo de reequilibrio, que permitiría introducir medidas correctivas si una de las partes considera afectada su normativa interna, y la base jurídica del acuerdo, que -según los críticos- podría limitar la participación de los parlamentos nacionales en su ratificación.

Qué gana y qué arriesga el Mercosur si el acuerdo se aprueba

Si el Tribunal de Justicia avala la legalidad del tratado y el proceso de ratificación se reactiva, el impacto para el Mercosur podría ser significativo.

En términos económicos, la reducción arancelaria permitiría incrementar exportaciones, mejorar la competitividad de productos regionales y atraer inversiones extranjeras, especialmente en sectores vinculados a la agroindustria, la logística y la transformación de materias primas. Además, el alineamiento con normas sanitarias, ambientales y de calidad de la UE podría fortalecer la reputación internacional de los productos del bloque sudamericano.

Desde el punto de vista político, la aprobación consolidaría una estrategia de mayor inserción internacional y diversificación de socios comerciales, en un contexto global marcado por tensiones comerciales y tendencias proteccionistas.

No obstante, el acuerdo también plantea desafíos. La expansión de exportaciones agropecuarias podría intensificar la presión sobre ecosistemas sensibles, como la Amazonia o el Gran Chaco, si no se acompaña de políticas ambientales estrictas. A nivel interno, la adecuación a estándares europeos podría generar tensiones en sectores productivos menos competitivos.

El escenario inverso: costos de una suspensión definitiva

Si el acuerdo quedara definitivamente bloqueado, el Mercosur enfrentaría un escenario menos favorable. La continuidad de aranceles elevados limitaría la competitividad de las exportaciones hacia Europa y reduciría el atractivo de la región para nuevas inversiones, especialmente frente a otros países que ya cuentan con acuerdos comerciales avanzados con la UE.

En términos geopolíticos, una suspensión podría debilitar la posición negociadora del Mercosur y reforzar la percepción de un bloque con dificultades para concretar acuerdos estratégicos de largo plazo. También podría profundizar debates internos sobre el rumbo de la política comercial y la conveniencia de avanzar en acuerdos bilaterales por fuera del esquema regional.

Un futuro abierto

La decisión del Parlamento Europeo no implica la cancelación del acuerdo, pero sí introduce una pausa clave que vuelve a poner en discusión el equilibrio entre comercio, regulación, sostenibilidad ambiental y soberanía política. Para Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, el desenlace será determinante no solo en términos económicos, sino también en su estrategia de inserción internacional para los próximos años.

Mientras el Tribunal de Justicia analiza el texto, el acuerdo UE-Mercosur permanece en un delicado punto intermedio: ni aprobado ni descartado, pero con consecuencias potenciales profundas para ambas orillas del Atlántico.