Frutas y hortalizas argentinas: entre la presión exportadora y la fragilidad del mercado interno
Tras años de caída en exportaciones y pérdida de mercados por parte de las frutas y hortalizas argentinas, la nueva estabilidad macro abre oportunidades, pero también exige mayor productividad y competitividad
Un informe de Fundación Meditarránea-IERAL advierte que las economías regionales frutihortícolas mantienen un fuerte peso productivo y exportador, pero llegan debilitadas tras años de pérdida de participación mundial. En este contexto, deberán ganar competitividad en un nuevo escenario macro más estable y exigente.
Mientras esta actividad continúa teniendo una gran relevancia territorial que mantiene a producciones en el centro de muchas economías regionales, atraviesa una tendencia negativa en segmentos importantes durante los últimos años. A esto, se suma un contexto macro diferente que promete previsibilidad, pero exige competitividad de manera más directa.
Fortaleza productiva y vulnerabilidades
En Cuyo, el entramado mezcla uvas y vinos con hortalizas como el ajo, con fuerte orientación exportadora. En cambio, en el NOA, el limón y sus derivados concentran gran parte de las ventas externas de frutas, acompañados por porotos y legumbres, con alta volatilidad productiva.
En la Patagonia norte, manzanas y peras siguen siendo parte del emblema nacional, aunque con mayor peso de la industria y una inserción externa más débil que en otros momentos. Esa combinación de identidad productiva y cambios de dinámica comercial están generando grandes cambios en la actual dinámica del negocio.
Fuente: IERAL en base a INDEC.
Actualmente varios complejos comparten un patrón que se repite, en el cual deben convivir entre la exportación y una dependencia parcial del mercado interno. En productos más ligados al consumo doméstico, los precios al productor quedan muy atados al resultado de cada cosecha, con el riesgo de caídas de precios y márgenes cuando la oferta es abundante, lo que termina postergando inversiones.
Y en cuanto a los complejos con mayor tendencia al comercio exterior, el riesgo se mueve con otros factores. Entre ellos, los más habituales son la volatilidad de los precios internacionales y la competencia global tensionan la rentabilidad, incluso en producciones con trayectoria exportadora como limón, ajo o porotos.
Pérdida de participación mundial
Debido a la adopción de una mirada de mediano plazo, el sector perdió dinamismo. En este sentido, durante los últimos quince años se observa una trayectoria descendente de exportaciones, sobre todo en productos frescos, y también retrocesos en varios elaborados, aunque con excepciones puntuales.
El dato más significativo es la pérdida de participación en el comercio mundial. El informe menciona que, por ejemplo, en peras Argentina pasó de 17,5% en 2013 a cerca de la mitad en 2024, mientras que en vinos la participación bajó de 3,3% en 2012 a 2% en 2024.
Detrás de esa baja aparecen explicaciones internas correspondientes a cada sector. Costos internos elevados, dificultades logísticas y mayor competencia internacional dejaron a muchas cadenas sin una posición de fortaleza generalizada, en especial en el negocio de fruta fresca.
Nuevo contexto macroeconómico
A su vez, el cambio de régimen a nivel mundial tiene como consecuencia una nueva lógica. En este sentido, aparece una economía más estable, con menor inflación y mayor previsibilidad que favorece la planificación y reduce riesgos históricos. Esta tendencia puede ser una activa para los productores que buscan invertir a largo plazo mediante riego, protección climática, frío, empaque, mecanización y trazabilidad.
Sin embargo, la presencia de un tipo de cambio real más bajo puede tensionar la competitividad, sobre todo en segmentos intensivos en mano de obra y logística como las frutas frescas. En esos casos, sostener la inserción externa está estrechamente ligado a la productividad, los costos y las mejoras logísticas.
En ese marco aparece un dilema que forma parte de la estructura de los complejos frutihortícolas. Por un lado, los productos frescos pueden captar precios altos por contraestación, enfrentan costos logísticos elevados a medida que aumenta la perecibilidad. Por el otro, los elaborados ganan estabilidad operativa, pero compiten con más sustitutos y márgenes ajustados.
En este contexto, juegan un rol fundamental los acuerdos comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea. En este sentido, el informe establece: "La reducción de aranceles favorece principalmente a algunos productos elaborados, como jugos, aceites esenciales y legumbres procesadas. Para los productos frescos, el beneficio es más acotado y sigue condicionado por los costos logísticos y las exigencias sanitarias".
El responsable de la sección Regional de Fundación Mediterránea, Jorge Day, advierte: "La mayor estabilidad macroeconómica constituye una condición necesaria para ordenar las decisiones productivas, pero no resulta suficiente para revertir la situación del complejo frutihortícola".
En 2026 un contexto macro más ordenado puede sentar las bases para que las economías regionales argentinas logren un gran crecimiento. Sin embargo, este marco repercute en la microeconomía, la logística y las inversiones. Si no bajan distorsiones de costos, no mejora infraestructura y no aparece financiamiento de largo plazo, la estabilidad corre el riesgo de quedarse en promesa.