ananá misionero

Innovación en el NEA: el mulching plástico transforma la producción de ananá

Con acompañamiento técnico del INTA, productores incorporan mulching plástico y mejoran sanidad, uniformidad y rendimientos. La tecnología abre nuevas oportunidades para consolidar al cultivo como alternativa regional de valor.

22 de Febrero de 2026

El cultivo de ananá avanza con fuerza en el noroeste de Misiones a partir de la incorporación del sistema de producción con mulching plástico, una tecnología que mejora la sanidad y la uniformidad de las plantaciones, además de reducir la presencia de malezas. La innovación, impulsada por el acompañamiento técnico del INTA, se consolida como un factor clave para potenciar la producción de este fruto tropical.

El ananá (Ananas comosus), de alto consumo en fresco durante el verano, tiene en la Argentina una fuerte identidad regional y concentra casi toda su producción en Misiones. Aunque la superficie plantada sigue siendo reducida y el mercado interno depende en gran medida de fruta importada desde Brasil y Ecuador, el producto local gana terreno como alternativa dentro de las economías regionales.

Según explicó el técnico Rodrigo Kramer, de INTA Comandante Andresito, la adopción del mulching plástico comenzó hace tres temporadas y se extendió progresivamente entre los productores. El principal beneficio fue el control de malezas y la mejora del ambiente del suelo. El sistema protege la superficie, reduce el escurrimiento, conserva la humedad y disminuye la pérdida de nutrientes.

El manejo incluye la construcción de camellones con arado taipero, fertilización inicial e incorporación de dolomita antes del plastificado. De acuerdo con Kramer, esta estrategia permitió lograr mayor precocidad, más hojas por planta, mejor uniformidad y menor incidencia de enfermedades foliares, además de una maduración más pareja y frutos de mayor calidad.

  El plantín, eje del sistema productivo  

Desde INTA Montecarlo, el técnico Luis Acuña aportó una mirada provincial y recordó que el cultivo se expandió desde la década de 1970, con primeras experiencias en Jardín América y posterior consolidación en Colonia Aurora, sobre la costa del río Uruguay.

Acuña subrayó que la calidad del plantín sigue siendo el punto crítico del sistema, tanto por tamaño como por sanidad. La presencia de manchas marrones -indicativas de fusariosis- obliga a descartar el material. También explicó que la fecha de plantación depende del riesgo de heladas, aunque en zonas seguras puede realizarse entre marzo y abril.

Con una adecuada preparación del suelo, mulching y fertilización, la planta puede alcanzar unas 30 hojas antes de inducir la floración con etileno, lo que permite cosechar la fruta aproximadamente seis meses después.

  Más tecnología y potencial de crecimiento  

Ensayos recientes del INTA mostraron buenos resultados con el uso de trichoderma, fertilizantes granulados y nanofertilizantes, aunque persiste una brecha entre las recomendaciones técnicas y las prácticas habituales en los lotes. Cuando no se selecciona correctamente el plantín, se observan menores rendimientos y plantas con desarrollo insuficiente.

Con más productores incorporando estas herramientas y un mayor acompañamiento técnico, el ananá misionero comienza a consolidarse como una alternativa productiva con potencial de expansión, aportando diversificación y valor agregado al entramado agropecuario del norte argentino.