CARBAP advierte: "La fiebre aftosa no se desregula, se previene"
La entidad rural recordó el antecedente de la crisis sanitaria de 2001 y cuestionó que el cambio en el programa se impulse sin debate técnico ni consenso con los productores.
La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) manifestó su preocupación ante la intención de modificar la estructura del programa de vacunación contra la fiebre aftosa en la Argentina y advirtió que "la aftosa no se desregula: se previene". La entidad sostuvo que la medida se impulsa sin justificación técnica, sin discusión en los ámbitos institucionales correspondientes y en un momento inoportuno para el sector ganadero.
En un comunicado, la organización recordó que la historia reciente del país demuestra los riesgos de relajar las estrategias sanitarias. En abril de 1999 se intentó aplicar la última dosis de vacuna contra la enfermedad y en mayo de 2000 la Argentina fue declarada libre de aftosa sin vacunación por la Organización Mundial de Sanidad Animal. Sin embargo, aquella decisión -impulsada con la promesa de reducir costos y abrir nuevos mercados- terminó teniendo consecuencias graves.
Según detalló CARBAP, la falta de controles fronterizos, la debilidad en la vigilancia epidemiológica y la ausencia de actividades complementarias derivaron en una crisis sanitaria que se hizo evidente en marzo de 2001, cuando se reconocieron más de 2.000 focos de fiebre aftosa en el país.
Frente a ese escenario, fue necesario reconstruir el sistema sanitario mediante una fuerte articulación público-privada. Se reorganizó la vacunación a través de entes y fundaciones sanitarias, lo que permitió recuperar el control de la enfermedad en menos de un año. El último episodio relevante ocurrió en 2006 y fue contenido rápidamente.
Actualmente, la mayor parte del territorio argentino es reconocido como libre de fiebre aftosa con vacunación, mientras que algunas zonas poseen el estatus de libres sin vacunación. Para la entidad, este sistema consolidó un esquema sanitario robusto que incluso es reconocido internacionalmente.
Los informes del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), señaló CARBAP, muestran ausencia de circulación viral y niveles de inmunidad poblacional adecuados, lo que confirma el buen funcionamiento del programa vigente.
No obstante, en plena campaña de vacunación y sin consenso previo, el Gobierno pretende modificar mediante un acto administrativo la estructura central del sistema. Desde la entidad sostienen que el cambio no cuenta con fundamentos técnicos y responde exclusivamente a una mirada económica.
Además, cuestionaron que la iniciativa se haya impulsado sin debate en los ámbitos institucionales previstos por la normativa, como la Comisión Nacional de Lucha contra la Fiebre Aftosa (CONALFA) y las Comisiones Provinciales de Sanidad Animal (COPROSAS), espacios donde históricamente se discuten las políticas sanitarias del sector.
Para los productores, el sistema actual -basado en entes sanitarios y fundaciones- garantiza cobertura territorial, coordinación de las campañas y equidad entre productores, especialmente para aquellos con rodeos pequeños. Según datos productivos citados en el comunicado, el 17% de los establecimientos tiene menos de 20 bovinos y el 34% entre 20 y 100, lo que implica que más de la mitad de los productores posee rodeos de pequeña escala.
En ese sentido, la entidad advirtió que un esquema desregulado podría llevar a que los operadores privados prioricen los establecimientos más grandes y cercanos, dejando sin cobertura adecuada a los productores más pequeños o alejados.
CARBAP también cuestionó los argumentos económicos del cambio. Actualmente, el costo de la dosis aplicada equivale a menos de 600 gramos de novillo, cuando históricamente representaba cerca de un kilo, lo que demuestra -según la entidad- que el sistema no representa una carga excesiva para los productores.
Finalmente, la organización alertó que modificar intempestivamente el principal programa sanitario de la ganadería argentina podría generar incertidumbre en un momento favorable para el sector, con un mercado internacional demandante de carnes de calidad y con exportaciones que resultan clave para el ingreso de divisas.
"Modificar de manera intempestiva el principal programa sanitario de nuestras carnes bovinas, sin consensos y considerando nuestros antecedentes, puede generar un problema adicional o incluso una nueva barrera comercial innecesaria", concluyó la entidad rural, que reiteró su disposición a discutir mejoras dentro de un marco de diálogo técnico y transparente.