calidad de semilla

El INTA destaca el análisis temprano como clave para asegurar la implantación en soja

Un diagnóstico anticipado permite conocer si las semillas están vivas y en condiciones de generar plantas. La información resulta determinante para definir manejo, destino del lote y potencial de rendimiento.

26 de Marzo de 2026

La calidad de la semilla es uno de los pilares que condiciona el resultado de cualquier cultivo de soja, aunque muchas veces su evaluación se realiza de manera tardía o incompleta. Especialistas del INTA advierten que medir la viabilidad antes y después de la cosecha permite anticipar problemas y tomar decisiones estratégicas para garantizar un buen inicio del ciclo.

En ese contexto, la viabilidad de las semillas se posiciona como el indicador más importante. Este parámetro permite determinar si las semillas de un lote están efectivamente vivas y tienen capacidad de originar una nueva planta. Contar con este dato en etapas tempranas posibilita definir si un lote es apto para la siembra o si presenta limitaciones que podrían comprometer el establecimiento del cultivo.

Según explicó Carina Gallo, especialista del INTA Oliveros, "el primer atributo de calidad cuyo valor es importante conocer es la viabilidad del lote de semillas, es decir, la condición de ‘estar vivas' de cada una de las semillas que lo componen".

El análisis no solo verifica si la semilla está viva, sino que también evalúa su estado físico y fisiológico. Para que una planta se establezca correctamente en el campo, las estructuras embrionarias deben mantenerse íntegras y saludables. De lo contrario, pueden registrarse fallas en la implantación, nacimientos desuniformes y pérdidas de plantas que afectan directamente el rendimiento.

"Cada semilla debe estar saludable, física y fisiológicamente, para lograr un correcto establecimiento en el campo e iniciar un nuevo ciclo agrícola", remarcó la especialista.

"Cada semilla debe estar saludable, física y fisiológicamente, para lograr un correcto establecimiento en el campo e iniciar un nuevo ciclo agrícola", remarcó la especialista.

Una de las herramientas más utilizadas para este diagnóstico es la Prueba Topográfica por Tetrazolio, técnica de laboratorio que permite identificar con precisión qué proporción de un lote mantiene capacidad de generar plántulas. El resultado se expresa como porcentaje de semillas viables y constituye una referencia directa del potencial de siembra. "Este análisis brinda mucha información y se convierte en una herramienta valiosa para monitorear la calidad de los lotes durante todo el proceso", señaló Gallo.

En el caso de la soja, este control adquiere especial relevancia debido a la sensibilidad de la especie frente a distintos factores que pueden afectar la integridad de la semilla durante su formación, cosecha o almacenamiento. Por ello, los especialistas recomiendan realizar evaluaciones en distintos momentos de la cadena productiva.

De acuerdo con el INTA, un lote debería contar con al menos un 90% de semillas viables para asegurar buenos niveles de germinación y vigor, dos variables estrechamente ligadas al éxito del cultivo.

Además de determinar si las semillas están vivas, la prueba permite detectar distintos tipos de daños que afectan su desempeño. Entre ellos se encuentran los daños mecánicos, producidos durante la cosecha o el transporte; los provocados por insectos; las alteraciones derivadas del ambiente de producción; y defectos de origen genético.

Cada uno de estos problemas deja marcas específicas en los tejidos de la semilla, lo que facilita su identificación en laboratorio y permite comprender las causas detrás de una baja implantación en el campo.

En este escenario, evaluar la viabilidad deja de ser un paso opcional para convertirse en una herramienta clave de gestión. Conocer qué ocurre dentro de cada semilla antes de la siembra puede marcar la diferencia entre un cultivo que expresa todo su potencial y otro que arrastra problemas desde su inicio.