Suelo

Aconsejan limitar la dependencia de fertilizantes importados y aprovechar fuentes locales de nutrientes

Mientras el costo de los fertilizantes importados volvió a subir por la tensión global, el agro argentino mantiene sin aprovechar fuentes locales de nutrientes presentes en efluentes y residuos orgánicos

29 de Abril de 2026

El costo de producir alimentos volvió a quedar atado a factores que exceden al propio sistema productivo. En un contexto internacional tensionado, la suba de los fertilizantes impactó de lleno en la estructura de costos del agro argentino y dejó al descubierto una dependencia que se profundizó en los últimos años.

La urea, principal fuente de nitrógeno utilizada en los cultivos, registró en medio de la tensión en Medio Oriente, una nueva escalada de precios y alcanzó valores máximos desde 2022. A esto se sumó el encarecimiento de los fosfatados, impulsado por restricciones en la oferta y tensiones geopolíticas en regiones clave para el comercio internacional.

En este escenario, rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz adquirieron un rol central. Esto se debe a que por allí transita una parte esencial del comercio global de fertilizantes, por lo que cualquier conflicto o interrupción logística impacta de manera directa en el costo de producción agrícola a nivel mundial.

La dependencia externa

Durante 2025, la Argentina alcanzó, de acuerdo con datos citados por la Bolsa de Comercio de Rosario en base al INDEC, uno de los niveles más altos de importación de fertilizantes del siglo, con 4,1 millones de toneladas ingresadas. El dato no solo refleja una mayor demanda, sino también la falta de alternativas locales para cubrir las necesidades nutricionales de los cultivos.

Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario en base a INDEC

El incremento interanual del 28% evidenció que, incluso en un contexto de precios elevados, el sistema productivo no logró reducir su dependencia al mercado externo. Esto implica una mayor vulnerabilidad frente a la volatilidad internacional y una presión creciente sobre los márgenes del productor.

Nutrientes disponibles que se pierden

Sin embargo, detrás de esta dependencia aparece una contradicción estructural. Mientras el país destina divisas cada vez mayores a la compra de fertilizantes sintéticos, dentro de su propio sistema productivo se generan diariamente grandes volúmenes de materiales ricos en nutrientes.

Plantas de tratamiento de efluentes y distintas industrias agroalimentarias producen residuos con alto contenido de nitrógeno, fósforo, potasio y materia orgánica activa. A pesar de su potencial agronómico, estos materiales suelen ser descartados o tratados como desechos, lo que implica costos adicionales de gestión y una pérdida de recursos valiosos.

Un cambio de enfoque

En los últimos años, la investigación científica comenzó a cuestionar el paradigma tradicional sobre el destino de los residuos orgánicos. Estudios recientes pusieron el foco en los biosólidos y tecnosuelos, analizando su capacidad para integrarse al sistema productivo y aportar nutrientes de manera eficiente.

Un trabajo publicado en Applied Soil Ecology en 2026 demostró que la función microbiana del suelo -clave para el ciclado de nutrientes- puede activarse mucho antes de que la comunidad microbiana alcance una composición similar a la de un suelo natural. En términos prácticos, esto implica que los beneficios agronómicos pueden aparecer en etapas tempranas del proceso, acortando los tiempos de respuesta productiva.

Ensayos previos indicaron que los biosólidos mejoran la estructura y porosidad del suelo, favoreciendo el desarrollo radicular. Además, aportan nutrientes clave como nitrógeno, fósforo y potasio, y pueden reemplazar parcialmente fertilizantes químicos, con efectos positivos en la productividad y la sustentabilidad.

Del residuo al insumo productivo


A partir de esta evidencia, algunas empresas comenzaron a avanzar hacia modelos de economía circular. En ese marco, la empresa agrotecnológica Cycle F impulsó un enfoque orientado a la revalorización de efluentes y residuos orgánicos, transformándolos en fertilizantes regenerativos y bioestimulantes.


Desde la compañía explicaron que el cambio de paradigma requiere una mirada técnica y no solo ambiental. Y señalaron: "La solución es fundamentalmente agronómica y requiere un abordaje técnico riguroso", al mismo tiempo que remarcaron que no se trata de reemplazar insumos de manera directa, sino de integrarlos bajo criterios productivos.


En esa línea, destacaron que el aprovechamiento de estos materiales permite resignificar un problema histórico del sector. Y afirmaron: "Cuando estos materiales dejan de ser un pasivo ambiental o un residuo costoso de gestionar, pasan a ser una herramienta estratégica de producción".


Según indicaron desde la empresa, "es posible mantener o incluso incrementar los rendimientos agrícolas mientras se reduce la dependencia de insumos importados y se mejora la salud integral del suelo". Se trata de una combinación que empieza a ganar relevancia en un contexto de alta volatilidad internacional.

Un cambio de paradigma en discusión

Durante años, el eje del debate estuvo puesto en cómo tratar y disponer estos residuos de manera segura. Sin embargo, la actual volatilidad de los precios internacionales y la presión sobre los costos obligaron a repensar el enfoque, y el problema ya no es solo ambiental.

La evidencia disponible sugiere que el verdadero desafío no radica en cómo gestionar estos materiales, sino en el costo de oportunidad de no utilizarlos. En este contexto, el agro argentino se encuentra entre dos posibilidades: continuar dependiendo de insumos externos o avanzar hacia un modelo que permita aprovechar los recursos disponibles dentro del propio sistema productivo.