Más allá de la semilla y el fertilizante: el estrés abiótico como límite productivo
El impacto de factores ambientales como la sequía y la radiación extrema ya condiciona hasta el 65% del rendimiento de los cultivos. Según especialistas, los efectos del estrés abiótico y el cambio climático se traducirían en pérdidas de US$ 38.000 millones anuales para mediados de siglo
En la última edición de EnBio, celebrada en Junín, técnicos de todo el país y del exterior coincidieron en que, para mejorar los rindes y recuperar la salud del suelo, es necesario poner el estrés abiótico en primer plano.
"Los problemas de rindes estancados, junto con la compactación y degradación de los suelos que se repiten en los campos del país, responden básicamente a situaciones de estrés abiótico".
Desde EnBio describieron el estrés abiótico como el conjunto de factores climáticos y mecánicos que, aunque afectan de manera significativa a cultivos como soja y maíz, muchas veces no son visibles ni se miden de forma sistemática.
En el segundo día del encuentro, el Ing. Sebastián Zuil se refirió a la frecuencia de ocurrencia del estrés, tanto en duración como en intensidad, señalando que en los últimos 7 años resulto mayor con respecto a la base de datos climática histórica.
"Para futuras campañas, hay que seleccionar cultivares e híbridos de mejor comportamiento a estreses ambientales, con alta capacidad de compensación, alta tasa de crecimiento durante el PC y más sincrónicos en su producción de estructuras reproductivas".
Bajo este enfoque, el ingeniero Rodolfo Rossi, presidente de Acsoja, advirtió que, según estimaciones publicadas en la revista Nature, hacia mediados de siglo los daños asociados al cambio climático podrían alcanzar los US$ 38 mil millones anuales, lo que refuerza la urgencia de avanzar en soluciones efectivas y económicamente viables.
En ese sentido, sostuvo que es momento de impulsar prácticas agrícolas basadas en cultivos tolerantes al calor, la sequía y demás variables ambientales.
Los microbios, el nuevo NPK
Para el asesor Wenceslao Tejerina, director de Agroestrategias, las pérdidas por estrés abiótico pueden alcanzar hasta el 65% del rendimiento potencial. Entre los factores involucrados mencionó altas temperaturas, exceso de radiación UV y luminosidad, presencia de ozono, sequía, asfixia radicular, heladas, viento, deficiencias nutricionales e incluso metales pesados en el suelo.
"Durante décadas nos entrenaron para preguntar: ¿Cuántas bolsas de NPK necesito?. Pero en 2025, la pregunta más inteligente es: ¿Cómo puedo liberar los nutrientes que ya tengo en mi suelo?. A tu suelo no le faltan nutrientes, le falta vida".
En la misma línea, el doctor Prometeo Sánchez García, profesor e investigador del Colegio de Postgraduados de México, explicó cómo una planta que luce en buen estado puede, sin embargo, estar atravesando un proceso de estrés y perdiendo rendimiento.
"No hay que quedarse solo con la profundidad de las raíces o con que haya agua en el perfil. La planta puede tener un buen desarrollo radicular, pero estomas cerrados que no le permiten absorber agua; o puede verse bien a simple vista y, aun así, estar bajo estrés por radiación. Una planta que durante ocho horas al día sufre estrés no puede rendir al máximo".
Compactación de suelos y estrés
En relación con la compactación del suelo, Sánchez García explicó que puede tener origen químico, físico o biológico.
En el caso de la compactación química, indicó que se vincula principalmente con una elevada concentración de calcio que, tras sucesivas fertilizaciones, especialmente a base de azufre o fósforo, puede generar formaciones similares a un "sarro" o yeso que terminan taponando los poros del suelo.
Por su parte, la compactación física está asociada al tipo de suelo y al uso que se le da, particularmente al tránsito reiterado de maquinaria.
En esta línea, subrayó que incluso el agua de lluvia genera una compactación natural y, frente a ello, recomendó la aplicación de ácidos orgánicos y luego micronutrientes para mejorar la microbiología del suelo.

