Stranger Things: quién es el enemigo silencioso que afecta a la ganadería argentina
Presente en gran parte del país, afecta el bienestar de los bovinos y genera pérdidas millonarias en la producción de carne y leche.
La mosca de los cuernos (Haematobia irritans) es un ectoparásito obligado que se alimenta de sangre y parasita principalmente al bovino, generando efectos negativos tanto en el bienestar animal como en la productividad. Este insecto, de pequeño tamaño pero gran impacto, se encuentra ampliamente distribuido en las principales regiones ganaderas de la Argentina, donde se ha convertido en uno de los parásitos externos de mayor relevancia económica.
Introducida en el país a comienzos de la década de 1990, la mosca de los cuernos se expandió rápidamente gracias a su capacidad de dispersión. Los adultos pueden vivir alrededor de 50 días y volar entre 3 y 11 kilómetros, lo que facilita su propagación entre rodeos y establecimientos. A diferencia de otras moscas, pasa la mayor parte del tiempo sobre el animal, especialmente en el lomo, cuello y cabeza, y solo se aleja para oviponer en la bosta fresca.
La alimentación constante de sangre provoca irritación, estrés y un gasto energético adicional en los bovinos, que interrumpen el pastoreo y modifican su comportamiento para defenderse de las picaduras. Esta situación se traduce en menores ganancias de peso en sistemas de carne, reducción en la producción de leche en tambos y una caída en la eficiencia de conversión alimenticia. En rodeos con alta infestación, las pérdidas productivas pueden ser significativas y sostenidas en el tiempo.
En el caso de los toros, la presión parasitaria elevada también puede afectar la capacidad de servicio, debido al estrés crónico y al deterioro del estado corporal. Además, las picaduras reiteradas generan lesiones cutáneas que disminuyen la calidad del cuero y pueden favorecer infecciones secundarias. En sistemas lecheros, la mosca de los cuernos también es señalada como un factor que puede contribuir de manera indirecta a la aparición de mastitis, por la transmisión mecánica de bacterias.
En la Argentina, el problema se intensifica durante los meses cálidos y húmedos, cuando las condiciones ambientales favorecen el desarrollo del insecto. Si bien el control se ha basado históricamente en el uso de insecticidas, la aparición de resistencia en distintas regiones del país obliga a replantear las estrategias de manejo, incorporando rotación de principios activos y enfoques integrados que contemplen el ciclo biológico del parásito.
La presencia de la mosca de los cuernos representa así un desafío sanitario permanente para la ganadería argentina. Su impacto directo sobre la producción de carne y leche, sumado a los efectos sobre el bienestar animal, refuerza la necesidad de monitoreo constante y de prácticas de control eficientes, en un contexto donde la competitividad del sector depende cada vez más de la sanidad y la eficiencia productiva.

