Chau al asado: el consumo de carne vacuna cayó 5 kilos y el cerdo gana terreno
Un informe de FADA revela cómo la brecha de precios, el impacto de los fletes por el conflicto bélico y una presión impositiva que no da tregua definen el nuevo escenario de consumo, donde los factores ajenos al campo explican el 90% del costo final de los alimentos
El contraste de la economía argentina actual se refleja con claridad en el "changuito". Según el último reporte de Composición de Precios de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA), los hábitos de consumo están cambiando al ritmo de la inflación y del contexto internacional.
Menos vaca, más cerdo y lácteos
La brecha de precios ha modificado el menú familiar. En el último año, el consumo de carne vacuna cayó de 49,5 kg a 44,5 kg anuales por habitante. La razón es clara: mientras la vaca aumentó un 64%, la carne de cerdo subió solo un 25%.
Esto empujó a que el consumo de cerdo subiera a 19,3 kg por persona, consolidándose como la alternativa "amigable al bolsillo". Por su parte, los lácteos crecieron un 7% en consumo, favorecidos por aumentos que quedaron por debajo de la inflación general.
El "impuesto al plato"
Uno de los datos más crudos que arroja el informe de FADA es la pesada carga tributaria que recae sobre los alimentos básicos. Bajo la impactante consigna de que "nos comemos un bollito de cada cuatro de pan en impuestos", la entidad detalla que para la carne vacuna la carga impositiva alcanza el 28%, mientras que en el pan representa el 24% y en la leche el 26%. En este marco, el 70% de esa recaudación se queda en las arcas nacionales, impulsado principalmente por el peso del IVA.
En el caso del pan, el 61% son costos de producción, el 24% impuestos y el 15% la ganancia. Este precio se construye a lo largo de toda la cadena: si lo vemos por eslabones, la producción del trigo en el campo es el 7% del precio del pan, el molino el 4% y la panadería el 65%.
El efecto Medio Oriente y el mito de los granos
El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente ha dejado de ser un problema lejano para impactar directamente en el "changuito". Según los analistas del FADA, el bloqueo del estrecho de Ormuz ha disparado los precios de los combustibles, encareciendo los fletes. Hoy, la logística representa el 6% del valor de un sachet de leche y el 8% de los costos del productor de trigo, una presión que amenaza con trasladarse a los precios finales o comprimir aún más los márgenes de los eslabones productivos.
En paralelo, las economistas de FADA aprovechan el informe para desmitificar una creencia instalada: el peso real de los granos en el precio que paga el consumidor. Los datos son reveladores: el maíz solo representa el 6% del precio de la carne vacuna, mientras que el trigo influye apenas en un 10% del valor del pan francés. Alrededor del 90% del precio final está compuesto por factores como la logística, el costo de personal, la energía y, fundamentalmente, la carga fiscal mencionada anteriormente.
Radiografía por eslabón
Para entender por qué los alimentos cuestan lo que cuestan, el informe propone una radiografía detallada que permite identificar quién "pesa" más en cada cadena productiva. En la cadena del pan, el eslabón más fuerte es la panadería, que explica el 65% del precio final debido a los intensivos costos de elaboración, servicios y comercialización minorista.
En cuanto a la carne, el análisis muestra una mayor distribución: la cría representa el 35% del valor, seguida por la carnicería con un 20%, mientras que el feedlot y la industria frigorífica completan el esquema previo a los impuestos. Por último, la cadena de la leche se presenta como la más atomizada y, quizás, la más castigada en términos de rentabilidad. Con el tambo (27%) y la industria (24%) trabajando casi a la par en la formación del costo, el margen de ganancia neta para todo el sector es de apenas el 3%.

