Brasil

Lo que faltaba, escasea un alimento ícono

La superficie cultivada con porotos en la temporada agrícola 2015-2016 ha sido la menor en al menos 39 años

5 de Julio de 2016

Muchos en Brasil no consideran que una comida esté completa si faltan el arroz y los porotos. Es lo que suelen comer seis días a la semana, en el almuerzo y la cena, sazonado con ajo y con un poco de carne de vaca, pollo o cerdo.

Últimamente, sin embargo, el precio de un kilo de porotos marrones se ha duplicado de alrededor de 5 o 6 reales a 12 reales (US$3,72). 

Los brasileños ya tienen que lidiar con una recesión brutal, un juicio político a la presidenta, una epidemia de zika y el mayor escándalo de corrupción de la historia del país. Ahora sufren el asalto a su comida favorita. Un clima errático ha dado lugar a la peor cosecha en cuatro años. Junto con la inflación, la escasez ha enviado los precios del poroto por las nubes.

El más afectado es el ubicuo frijol carioca o bayo, que es muy apreciado por el caldo cremoso que exuda al ser cocinado. Esta variedad de color marrón claro, favorito de millones, representa alrededor de 65% de las ventas del grano en Brasil. En el último año, los precios al por menor del frijol carioca han aumentado cuatro veces más rápido que la tasa de inflación conforme se han reducido los suministros.

Para muchos brasileños, sin embargo, el hábito del frijol es difícil de quebrar. Siete de cada 10 brasileños comen a diario alguna de las variedades de este grano. El consumo anual es de 19 kilos per cápita, según el Instituto Brasileño de Frijoles y Legumbres (Ibrafe), en comparación con alrededor de 3,5 kilos por habitante en Estados Unidos.

Los frijoles han sido un elemento básico de la cocina brasileña desde hace siglos. El acarajé, frijol frito hecho como una hamburguesa, es distintivo de la cocina afrobrasileña. Cuando huyó de los ejércitos invasores de Napoleón en 1807, “la familia real portuguesa fue recibida en Rio con frijoles negros”, cuenta Marcelo Eduardo Lüders, presidente del Ibrafe.

El presidente interino Michel Temer, cuyos índices de aprobación son casi tan bajos como los de Rousseff, no quiere correr riesgos. A finales del mes pasado, anunció a través de Twitter que Brasil iba a suspender temporalmente los aranceles de importación para permitir que más frijoles cultivados en el extranjero llegaran a los supermercados brasileños.

Sin embargo, es poco probable que las importaciones satisfagan a los quisquillosos brasileños amantes del frijol. Mientras que variedades como el frijol negro —un ingrediente clave en la feijoada, un guisado de carne considerado el plato nacional— se cultivan en otros países, el preferido carioca raramente se consigue en el extranjero.

Una desafortunada combinación de fuertes lluvias y sequías en los principales estados productores de frijol del país ha limitado gravemente las cosechas de este año

La Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab), que hace un seguimiento de las cosechas en el país, ha pronosticado una caída de 6,1% en la producción de frijol este año, a 2,9 millones de toneladas. El Ibrafe estima una cosecha de frijoles carioca de 1,5 millones de toneladas en 2016, casi 22% menos que el año pasado.

Para exacerbar la escasez, los altos precios de la soja y el maíz han animado a los pequeños productores a sustituir los frijoles por esos cultivos. La Conab calcula que la superficie cultivada con frijoles en la temporada agrícola 2015-2016 ha sido la menor en al menos 39 años.

The Wall Street Journal

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