CULTIVOS

Producción competitiva de soja orgánica

Un estudio asegura que los productores de soja orgánica podrían también ser competitivos utilizando prácticas de siembra directa o labranza reducido.
1 de Abril de 2020

Un reciente estudio realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Agrícolas de Penn State asegura que los productores de soja orgánica podrían también ser competitivos utilizando prácticas de siembra directa o labranza reducido.

Según el investigador principal del trabajo, John Wallace, profesor asistente de ciencia de malezas, los hallazgos son muy significativos ya que pueden contribuir a una mayor producción sostenible de soja orgánica.

El experimento, que se enfocó en encontrar formas de reducir la intensidad o la frecuencia de la labranza o la alteración del suelo en los sistemas de producción de cultivos orgánicos, se realizó en parcelas orgánicas certificadas del Centro de Investigación Agrícola Russell E. Larson de Penn State. Los investigadores compararon la producción de soja bajo labranza tradicional precedida por un cultivo de cobertura con intersiembra de maíz, con la producción de soja bajo labranza reducida precedida por un cultivo de cobertura de centeno prensado con rodillo, que se sembró luego del ensilaje de maíz.

Según los investigadores, la secuencia de soja de labranza reducida resultó en un 50% menos de alteración del suelo en comparación con la secuencia de soja basada en la labranza convencional a lo largo de los años de estudio, prometiendo ganancias sustanciales en la calidad del agua y la conservación del suelo.

Además, las comparaciones presupuestarias mostraron que la secuencia de soja de labranza reducida resultó en costos de insumos más bajos que la secuencia de soja basada en labranza convencional. Sin embargo, el sistema de labranza reducida arrojó ingresos de U$S 100 menos por hectárea debido a rendimientos promedio ligeramente más bajos.

«Los productores de granos orgánicos están interesados en reducir la labranza para conservar el suelo y disminuir los costos de mano de obra y combustible», dijo Wallace. «En nuestra investigación, examinamos compensaciones agronómicas y económicas asociadas con estrategias alternativas para reducir la frecuencia e intensidad de la labranza en una secuencia de cultivo de cobertura-soja, dentro de un sistema de cultivo orgánico de maíz-soja-trigo espelta».

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Las malezas son un problema grave para los productores orgánicos ya que no pueden utilizar herbicidas. Significativamente, los investigadores encontraron que la biomasa de malezas no difería entre las estrategias de producción de soja. Eso es importante porque la labranza y el cultivo son los principales métodos utilizados por los productores orgánicos para reducir las malezas y otras plagas.

La producción de soja basada en la labranza convencional aumentó marginalmente el rendimiento de grano en menos de dos quintales por hectárea en comparación con el sistema de soja de labranza reducida.

El estudio, publicado recientemente en Renewable Agriculture and Food Systems, es el último de una serie de 15 años de investigación orgánica sin labranza realizada en la Facultad de Ciencias Agrícolas y dirigida por William Curran, profesor emérito de ciencia de malezas. Aunque se retiró el año pasado, Curran también participó en este estudio. La investigación orgánica de cultivos de campo sin labranza continúa en Penn State bajo la dirección de Wallace y la entomóloga Mary Barbercheck.

Wallace sostiene que encontrar formas de lograr una mayor producción de soja orgánica es de suma importancia, ya que más del 70% de la soja orgánica que alimenta a las aves de corral producidas orgánicamente en Estados Unidos es importada. Principalmente proviene de Turquía, India y Argentina.

«Ha habido muchos casos de importaciones fraudulentas, cultivos que en realidad no se produjeron orgánicamente, provenientes de algunos de esos países, y eso ha deprimido las primas que los productores estadounidenses obtienen porque estamos inundados de estos productos», dijo Wallace.

Wallace agregó que le gustaría ayudar a los productores orgánicos estadounidenses, especialmente a los de la región del Atlántico Medio, a producir más soja utilizando métodos de labranza reducida respetuosos con el medio ambiente.

Fuente: Bioeconomía 

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