Campaña 2025/26

El campo cosechó más, pero ganó menos

A pesar de que la campaña 2025/26 se encamina a una de las mayores producciones agrícolas de la historia argentina, los márgenes volvieron a deteriorarse

30 de Abril de 2026

Mientras la soja y el maíz proyectan una cosecha gruesa superior a 110 millones de toneladas, la campaña 2025/26 se encamina a un cierre con fuerte desempeño productivo pero con márgenes en retroceso. Hacia fines de abril la recolección avanzaba sobre el 10% del área sojera y el 26,5% del maíz, según un análisis de IERAL.

De acuerdo con las estimaciones citadas por IERAL, el maíz alcanzaría una cosecha récord de 67 millones de toneladas, con un salto del 34% frente al ciclo anterior. Mientras que la soja se ubicaría en torno a 48 millones de toneladas, apenas por debajo de la campaña previa, sostenida por rindes que compensaron la menor superficie sembrada.

Sin embargo, ese resultado productivo no se trasladó de manera directa al negocio agrícola. El trabajo advierte que la rentabilidad, medida a rindes constantes, se comprimió durante el primer trimestre del año por una combinación de factores que incidieron tanto en los ingresos como en los costos.

En marzo de 2026, los productores propietarios registraron márgenes netos de 402 dólares por hectárea en zona núcleo y 81 dólares en zona extrapampeana. En el caso de los arrendatarios, el resultado fue mucho más ajustado, con 26 dólares por hectárea en zona núcleo y una pérdida de 78 dólares en zona extrapampeana.

Fuente: IERAL 

Fuente: IERAL 

En retrospectiva, la comparación histórica también marca el deterioro. Los valores actuales se ubicaron entre 140 y 190 dólares por hectárea por debajo del promedio mensual registrado entre enero de 2018 y diciembre de 2025.

El maíz quedó en el centro del ajuste

La caída reciente de los márgenes se explica por una baja de 2% en los ingresos medidos en dólares reales entre diciembre de 2025 y marzo de 2026. Mientras que los costos aumentaron entre 6% y 8%, según el caso.

El informe atribuye la merma de ingresos principalmente a la baja del precio del maíz, que no logró ser compensada por la mejora de la soja. A la vez, la suba de costos estuvo asociada al incremento del gasoil, con impacto sobre fletes y movilidad en el campo, y al encarecimiento de fertilizantes.

El deterioro fue más marcado en el cereal porque el transporte tiene una incidencia relativa mayor y porque la urea, uno de los insumos que más aumentó, se utiliza en maíz y no en soja. Por eso, aunque el establecimiento de referencia contempla una rotación equilibrada entre ambos cultivos, el ajuste reciente terminó concentrándose especialmente en el margen maicero.

La lectura de fondo es que una campaña de alto volumen puede mejorar el resultado agregado del sector, pero no necesariamente resuelve la ecuación individual de cada productor. En especial, cuando los costos logísticos, comerciales y de insumos avanzan más rápido que los ingresos.

El financiamiento agravó el escenario

El análisis también evaluó qué ocurriría si el 50% de los insumos se financiara con deuda en pesos a la tasa vigente en cada momento. Bajo ese supuesto, los márgenes netos de marzo de 2026 serían entre 44 y 69 dólares por hectárea inferiores respecto del escenario sin costos financieros.

Con ese costo adicional, el margen de los arrendatarios de zona núcleo también pasaría a terreno negativo. En ese caso, solo los productores propietarios conservarían resultados positivos en ambas regiones analizadas.

Este dato muestra que la estructura financiera puede cambiar de manera decisiva el resultado final. En un contexto de márgenes estrechos, el acceso al capital de trabajo y el costo de endeudarse se vuelven variables tan importantes como el rinde, el precio o el alquiler.

Una presión fiscal que pesa más fuera de la zona núcleo

La carga tributaria volvió a aparecer como uno de los puntos centrales del informe. Durante los últimos doce meses, entre abril de 2025 y marzo de 2026, el fisco absorbió en promedio el 55% del excedente económico generado por una hectárea agrícola en zona núcleo y el 76% en zona extrapampeana.

La diferencia no se explica porque en las regiones extrapampeanas se paguen más impuestos en términos absolutos, sino porque allí el excedente económico es menor. Los rindes, los costos de producción y la distancia a los puertos reducen la capacidad de generación de renta, por lo que el mismo esquema impositivo termina absorbiendo una porción mayor del resultado.

Por su parte, los Derechos de Exportación son el componente de mayor impacto, ya que en la zona núcleo explican el 34% del excedente, mientras que en la zona extrapampeana llegan al 58%. A diferencia de Ganancias, que se calcula sobre el resultado neto, las retenciones gravan el ingreso bruto y no se ajustan a la rentabilidad real del productor.

El problema estructural sigue abierto

La principal conclusión es que la campaña 2025/26 ofrece un alivio por volumen, pero continúa acarreando problemas de rentabilidad. El escenario es especialmente complejo para los arrendatarios y para los planteos alejados de los puertos, donde los costos logísticos y la menor productividad relativa reducen la capacidad de absorción frente a impuestos, alquileres y financiamiento.

En pocas palabras, a pesar de que el campo produce más, no necesariamente gana más. El desafío para las próximas campañas no es solo sostener la producción, sino mejorar una rentabilidad aún presionada por costos altos, precios desiguales y una carga tributaria elevada.

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