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El cierre de las destilerías de etanol complica a ganaderos

La escasa oferta de DDGs obliga a los productores a usar alimento más caros en momentos donde los márgenes de la actividad están muy ajustados.
Bioeconomia.info.
21 de Abril de 2020

La ganadería no es una actividad tan sencilla como parece. No se trata simplemente de comprar un ternero, llevarlo al campo y dejarlo allí para que engorde. Requiere de una dieta específica que asegure una nutrición adecuada que permita el aumento de peso del novillo.

Durante los últimos 20 años, los productores ganaderos de EEUU están utilizado granos de destiladores húmedos (DDGs), un coproducto de la producción de etanol, como fuente de energía y proteína en sus dietas. El uso de este alimento ofrece innumerables ventajas.

«La alimentación del rodeo con DDGs proporciona proteínas, en particular proteína de derivación o proteína ruminaldegradable (RUP), que es útil para los animales más jóvenes y de rápido crecimiento», dijo Galen Erickson , profesora de ciencias animales de la industria ganadera de la Universidad de Nebraska-Lincoln en Succesfull Farming. "Proporciona más energía que el maíz. Facilita la mezcla de la ración y permite utilizar forrajes de menor calidad, como paja en lugar del costoso heno de alfalfa».

El estado de Nebraska, el segundo mayor productor de etanol de EEUU., contaba con solo una planta de bioetanol en 1985. Hoy la cifra alcanza a 25. Combinadas, tienen la capacidad de producir alrededor de 8,7 millones de metros cúbicos del biocombustible. Más del consumo total de gasolina en Argentina. En su conjunto, procesan más de 18 millones de toneladas de maíz cada año y producen más de 6 millones de toneladas de DDGs.

«Estimamos que la inclusión de DDGs en las dietas hace que los productores obtengan entre U$S 30 y U$S 50 más por animal terminado», dice Erickson. «Esto se debe a un mejor rendimiento y un menor costo por kilogramo logrado, incluso cuando el precio es el mismo que el maíz en seco».

Pero a medida que las plantas de etanol cierran o reducen su producción ante la menor demanda de bioetanol, los productores se ven obligados a reformular sus dietas, incurriendo en un mayor costo de alimentación, que llega como mínimo al 25%.

«Si no consigo destilados húmedos tendré que comprar heno de alta calidad para reemplazar las necesidades de proteínas de mi ganado, que tiene un precio superior», asegura un productor de Nebraska.

Cambiar la dieta del rodeo no podría llegar en peor momento, ya que el mercado continúa desmoronándose. «Los precios de futuros de la carne en pié están muy por debajo de donde estaban antes de COVID-19, y tampoco eran buenos en ese momento», dijo John Robinson, vicepresidente de membresía y comunicaciones de la Asociación Nacional de Carne de Vacuna a Succesful Farming. "Los costos adicionales son un golpe horrendo para una situación ya mala que enfrentan los productores de ganado en todo el país, independientemente de su fuente de alimento.

Desde el comienzo de año hasta mediados de abril, siete plantas han dejado de producir completamente y tres han desacelerado el ritmo en Nebraska, según la Asociación de Combustibles Renovables (RFA).

«Un estudio de 2015 de la Universidad de Nebraska mostró que la industria del etanol en Nebraska factura U$S 5 mil millones por año, por lo que el impacto financiero en nuestro estado es enorme a medida que estas plantas se vuelven inactivas o reducen la producción», dijo Roger Berry, administrador de la Junta de Etanol de Nebraska.

«Estamos escuchando que las plantas de etanol están cerrando día a día», dijo Robinson. "Desafortunadamente, el impacto en los productores de ganado que han formulado DDGs en sus raciones de alimento, se ven afectados por esta situación. Se enfrentan a una situación difícil porque van a tener que encontrar una nueva fuente de alimento y reformular sus raciones. Eso es realmente difícil para los productores y nutricionistas, especialmente para aquellos que están acostumbrados a abastecerse localmente".

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En todo Estados Unidos hay 202 plantas de etanol que tienen una capacidad total de 65 millones de metros cúbicos, según RFA. En un año típico, entre ocho a diez pueden llegar a estar fuera de operación.

Desde el 1 de marzo de 2020, 69 plantas, con una capacidad de producción anual de casi 23 millones de metros cúbicos, han estado completamente inactivas. Otras 64 instalaciones han reducido la producción entre el 10% y el 50%, lo que elimina otros 6,5 millones de metros cúbicos de la oferta.

«He estado involucrado en la industria del etanol durante unos 15 años, y nunca he visto nada parecido a esto», dice Geoff Cooper, CEO de RFA. «Es realmente un momento devastador para la industria».

En un año normal, cuando cada planta funciona en los niveles normales, estas instalaciones producen alrededor de 44 millones de toneladas de DDGs anualmente. Con casi el 66% de la producción inactiva o reducida, eso suma a una cantidad significativa de alimento perdido.

«La industria del etanol ha estado funcionando muy cerca del punto de equilibrio durante varios años debido a la política federal», dijo Berry. «Las exenciones a las pequeñas refinerías han causado mucha incertidumbre en la industria del etanol en los últimos tres años».

La reducción en el uso de etanol fue de un día para el otro y las plantas de etanol todavía producían al mismo nivel cuando se produjo la pandemia. «Debido a esto, las instalaciones de almacenamiento comenzaron a saturarse de etanol», destacó. «Ahora, la mayor parte del almacenamiento se encuentra prácticamente completa, lo que hace que la logística para deshacerse del etanol producido sea muy difícil».

En la medida que la situación económica mejore, Berry cree que las plantas de Nebraska volverá a estar activas. Sin embargo, Cooper dice que es demasiado pronto para saber exactamente cómo será la recuperación para la industria.

"En el pasado, hemos visto episodios similares en los que el mercado se ha recuperado rápidamente. Las plantas pudieron acelerar rápidamente la producción y volver a la normalidad ", dijo. "Pero también hemos visto episodios como la Gran Recesión, donde fue una recuperación mucho más larga y lenta. No creo que sepamos todavía qué patrón es más probable que veamos".

Fuente: Bioeconomía

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