Editorial

 El peso se destruye a una velocidad cada vez mayor

Analistas advierten sobre la alarmante aceleración que está tomando el deterioro de la moneda argentina, rechazada por la población. Y podría seguir en rumbo de colisión ya que no hay medidas de fondo a la vista.
Claudio Gianni
16 de Noviembre de 2022

Analistas advierten sobre la alarmante aceleración que está tomando el deterioro de la moneda argentina, rechazada por la población. Y podría seguir en rumbo de colisión ya que no hay medidas de fondo a la vista.

La inflación es un fenómeno en retirada en el mundo. La carestía que hoy registran las naciones desarrolladas es consecuencia de las urgencias que generó un proceso desgraciado e inesperado como la pandemia. Así y todo estos países soportan una inflación anual que no está tan lejos de los registros mensuales de la Argentina. Intentar una comparación de casos buscando justificativos es cuanto menos una canallada.

La historieta de la multicausalidad del proceso inflacionario no es aceptada en ninguna parte del mundo, al menos no dentro de los países con gobiernos medianamente razonables. La propia Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, que debió emitir dinero exageradamente para cubrir la necesidad de dejar a la gente en sus casas durante la pandemia, trabaja desde hace meses para bajar el circulante y volver a poner en caja la mayor parte de esos dólares.

La inflación es un fenómeno monetario. Es a la vez testigo insobornable del deterioro de una moneda y de la falta de escrúpulos de quienes gobiernan, que lejos de contener sus gastos siguen despilfarrando bajo el paraguas de la emisión. En este escenario, la Fundación Libertad y Progreso denunció que la velocidad de rotación de la Base Monetaria y del M1 está en los mayores niveles de toda la Administración Fernández, lo que se refleja en la pérdida acelerada del valor real del peso.

El M1 es un agregado monetario que se define como la cantidad de dinero que circula en la economía compuesto por los billetes y monedas en manos del público, los depósitos corrientes de los ciudadanos y las reservas que los bancos tienen en caja depositadas en los bancos centrales de cada país.

Dicho de otro modo, el gobierno inunda de billetes la plaza, y la gente huye de ellos cada vez con mayor rapidez, se los saca de encima cuanto antes, lo que erosiona aceleradamente su valor. Es el fenómeno de la inflación. Desde que el hombre pisó la Tierra lo que abunda no vale, lo cual puede considerarse una de las primeras leyes de la economía, que ha perdurado a través de los siglos.

Las imágenes de gente comprando un paquete de galletitas en un supermercado de Caracas con una bolsa de billetes ya no parecen tan lejanas. Hemos visto algo similar con turistas pagando una cena en Buenos Aires. Es un muy mal antecedente, sin dudas.

La velocidad de rotación de la Base Monetaria ha llegado a 5,8 días en octubre, es decir, 7 días menos que en el segundo trimestre de 2020. La entidad liberal indica que esto implica que al cabo de 28 meses el deterioro de la moneda es 55% más rápido, reflejando la mayor caída en la demanda de dinero desde las PASO de 2019.

Lo mismo le cabe al M1, cuya velocidad de circulación cayó de 14,9 días en el segundo trimestre de 2020 a 8,8 días en octubre de 2022. Cabe recordar que previo a la hiperinflación de 1989 la rotación se daba cada 4,7 días. No hay manera de disimularlo, los pesos son lo más parecido a una enfermedad, la gente no quiere saber nada con conservarlos.

Este escenario crítico no se soluciona con la intervención falsamente todopoderosa de un secretario de Comercio y sus controles de precios. Requiere medidas de fondo, en principio las que el propio ministro de Economía en las sombras le reclama a quienes detentan el poder en la coalición gobernante: medidas fiscales, monetarias y productivas que cambien de raíz lo que se viene haciendo. Como indicáramos en otras oportunidades, dentro del gobierno virtualmente nadie apoya las ideas de Rubinstein, cosa que él mismo reconoció en días recientes.

Estamos insertos en una espiral que alguien debería detener cuanto antes. Aldo Abram, director de la Fundación, advierte sobre la necesidad de que "Massa logre pronto un shock de confianza; ya que la credibilidad en su gestión está empezando a debilitarse y con ella la demanda de nuestra moneda".

Oscurece rápidamente, y ninguno de los que tienen responsabilidad en el tema atina a arrojar luz sobre la situación. Está claro que a este paso 2023 va a ser un año difícil de digerir para los argentinos.

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