Argentina amplió su mapa productivo con el avance de las crucíferas
Impulsadas por la demanda de biocombustibles y combustibles sostenibles para aviación, camelina, carinata y colza se afianzan como una alternativa para diversificar el invierno productivo en Argentina
Las crucíferas comenzaron a perfilarse en la Argentina como una opción dentro del esquema agrícola. En un contexto global de descarbonización, cultivos como camelina, carinata y colza ganaron valor como insumos para biocombustibles, especialmente para la aviación, donde se concentra gran parte del crecimiento esperado.
De acuerdo al último informe económico de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA) estas oleaginosas invernales permiten mantener los lotes ocupados en invierno con retorno económico. Y, al mismo tiempo, ofrecen servicios agronómicos vinculados con cobertura del suelo, reciclaje de nutrientes y mejora de la estructura edáfica.
A su vez, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), sostiene que la generación de energía es la responsable de aproximadamente el 75% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero y, dentro de ese proceso, la aviación se destaca por ser uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. Es en este sector en el que las crucíferas empezaron a ser vistas como una materia prima estratégica para abastecer una demanda que crece y que podría reconfigurar decisiones productivas en distintas regiones del país.
Camelina y carinata aceleraron su expansión
Entre las alternativas, la camelina mostró uno de los avances más marcados, ya que pasó de unas 600 hectáreas sembradas en 2019 a 32.000 hectáreas en 2025, con la meta de llegar a 60.000 durante 2026. Su crecimiento tuvo como impulsor los esquemas bajo contrato, menor requerimiento hídrico, costos de implantación más contenidos y la posibilidad de insertarse en rotación con soja, maíz y otros cultivos extensivos sin competir con la industria alimentaria.
Además, la participación del cultivo en la provincia de Córdoba, ya representa una presencia del 23% del área nacional en la última campaña, con 7.240 hectáreas, y rindes que se movieron entre 8 y 15 qq/ha. La combinación de ciclo corto, cosecha temprana y rápida liberación del lote fortaleció su atractivo para productores que buscan sumar un ingreso sin comprometer la siguiente campaña gruesa.
En el caso de la carinata, desde los primeros lotes implantados en 2019, con aproximadamente 1.500 hectáreas, escaló hasta 9.000 hectáreas en el último año relevado y posicionó a la Argentina como el principal productor mundial. Su desarrollo se sostuvo sobre contratos entre empresas y productores, trazabilidad exigente y un destino orientado al mercado externo, con rindes de entre 12 y 20 qq/ha.
La colza repuntó, pero todavía quedó lejos de su techo
En las últimas campañas la colza recuperó producción y pasó de 17.000 toneladas en 2020/21 a 58.000 toneladas en 2024/25. Sin embargo, ese repunte todavía no alcanzó para volver al nivel de 120.000 toneladas logrado en 2012/13, demostrando que el cultivo retomó dinamismo, pero logró recuperar todo su potencial.
A su vez, la producción se mostró geográficamente concentrada, en Entre Ríos y Buenos Aires, donde se reunió la mayor parte del volumen nacional, mientras que Santa Fe y Córdoba participaron con menor peso. Esa distribución confirma que el desarrollo no avanzó de manera homogénea en todo el país y que todavía existen regiones con margen para crecer.
Nuevas oportunidades en invierno
A pesar del avance de estas oleaginosas, el informe de la BCCBA estimó que en Argentina quedan alrededor de 20 millones de hectáreas libres durante el invierno que podrían destinarse a este tipo de cultivos. Esa superficie potencial, sumada al liderazgo nacional en producción de aceites y a nuevas inversiones industriales, genera "mayores oportunidades al país en materia de ingresos de divisas y diversidad en los destinos de las exportaciones argentinas."
Para que camelina, carinata y colza dejen de ser nichos y pasen a integrar de forma estable la estrategia agrícola, será necesario consolidar contar con información técnica, acompañamiento al productor y mercados más profundos. En una campaña fina dominada históricamente por trigo, cebada o barbecho, las crucíferas empezaron a instalarse como una alternativa rentable, más flexible y alineada con las nuevas reglas del comercio energético global.

