Economia

Sin ajuste no hay Paraíso

El Estado se resiste a poner sus cuentas en orden y espera una vez más que el privado cargue con todos los costos. La lógica indica que un intento de este tipo no debería funcionar.
Claudio Gianni
11 de Agosto de 2022

Sin ajuste no hay Paraíso

El Estado se resiste a poner sus cuentas en orden y espera una vez más que el privado cargue con todos los costos. La lógica indica que un intento de este tipo no debería funcionar.

Cuesta creer en los cambios que propone el nuevo ministro de Economía, sencillamente porque los zapatos que van a apretarse son básicamente los de los privados. El esfuerzo recaerá nuevamente sobre las cabezas de aquellas personas que día tras día batallan con salarios que se diluyen con cada golpe de la inflación. Quienes trabajan en pymes o están dentro de un esquema informal en general ven pasar de largo los aumentos que consiguen los grandes sindicatos. A ellos también se les va a pedir un enorme esfuerzo a la hora de hacerse cargo de tarifas que se irán a las nubes en un abrir y cerrar de ojos. Había que hacerlo, pero a raíz de haber perdido tiempo con un relato de vida efímera ahora todo se hace más duro.

Del otro lado de la pirámide la situación es similar. A los empresarios se les pide un anticipo de las ganancias que no saben si van a tener finalmente. La AFIP estaría preparando una resolución que impone adelantar a 2022 el pago de este gravamen en el caso de empresas consideradas de "alta rentabilidad", buscando recaudar unos $200.000 millones extra. También pretende el gobierno la liquidación de dólares por exportaciones que aún no se formalizan.

Pero lo que más duele a unos y otros es comprobar que el Estado no piensa hacer un ajuste de gran magnitud, que resultaría vital para empezar a enderezar la nave. Es cuestionable el congelamiento de puestos de trabajo en ministerios y otras reparticiones. Primero porque se estaría haciendo tras una incorporación masiva de personas cercanas a distintos estratos del poder. Y en segundo lugar porque la situación demanda una reducción del número de puestos de trabajo en estas dependencias. Un programa periodístico hizo referencia al escenario en un ente de control: no solo sobra gente que no tiene funciones, además carecen de escritorios donde sentarse. Fusionar ministerios es muy buena idea en tanto se recorte paralelamente la cantidad de personal que "trabaja" en ellos. De lo contrario, es solo un golpe de efecto.

Tampoco parece haber un plan estricto para reducir lo que se gasta en cada dependencia oficial. Se sospecha que el Estado paga un porcentaje importante por encima de lo que le cuesta a un particular un determinado bien o servicio. Porque le cobran más y nadie lo defiende o porque quien negocia el proceso va prendido con un vuelto.

El gasto social goza asimismo de buena salud. La duda es si todos los que reciben un plan reúnen condiciones para ello. En 3 años el monto de dinero afectado a este menester creció 300% por encima de la inflación. En más de un caso conforma un escenario injusto para la minoría que cada día piensa cómo encontrarle la vuelta a su negocio, hoy seriamente complicado. Algo parecido sucede con las jubilaciones de quienes jamás aportaron al sistema.

El ministro de Economía espera un ajuste en torno de los 500 mil millones de pesos. Cada centavo saldrá de los privados, gente ya muy cansada de aportar. Alemania acaba de reducir fuertemente los impuestos para aliviar la situación del sector privado, en la Argentina esto suena utópico.

En tanto no se verifique un notable achicamiento del Estado, es muy difícil que la población gane en confianza para movilizar sus ahorros y volcarlos a la vida productiva. La fe en la política está en uno de sus puntos más bajos. Nada está definitivamente perdido, pero hay que girar 180 grados si se pretende evitar males mayores.

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