Editorial

Messi, la Selección y el valor del dólar

Lo único seguro es que la paridad cambiaria oficial es cada vez menos sostenible y que las reservas del Central se vuelven a adelgazar. Algunos analistas creen que se aprovechará el Mundial para ir por una devaluación más importante.
Claudio Gianni
14 de Noviembre de 2022

Lo único seguro es que la paridad cambiaria oficial es cada vez menos sostenible y que las reservas del Central se vuelven a adelgazar. Algunos analistas creen que se aprovechará el Mundial para ir por una devaluación más importante.

Dicen que quien mal anda, mal acaba. Desde el final del dólar soja el Banco Central ha perdido reservas por al menos unos u$s 1.000 millones en intervenciones en el "mercado único libre de cambios". La sensación es que no va a alcanzar con el SIRA, el dólar Qatar y el Malbec, y muy probablemente todo seguirá empeorando.

Los niveles de la paridad oficial no estimulan las ventas de lo que queda de soja, y en cuanto al trigo y el maíz temprano la merma de divisas va a ser notable. Sin olvidar que el Estado ya cobró por adelantado las retenciones del trigo y no habrá un centavo más al respecto por un largo rato.

El agro es la clave, no hay otra, pero de junio en adelante faltaron entre 200 y 300 mm; La Niña fue implacable. El país no solo tendrá menos trigo, además en muchos casos la calidad será dudosa. El ingreso de divisas por el cereal resultará inferior a la campaña previa en más de u$s 2000 millones; el saldo exportable no superaría los 6 millones de toneladas.

Por el lado del maíz no es razonable pensar en ingresos importantes hasta mediados de año, en tanto la plata de la soja entraría antes pero si se sigue demorando su siembra la producción tiene que verse afectada. De hecho la Bolsa de Comercio de Rosario entiende que el potencial de producción en la zona núcleo será el peor en 12 años.

El aporte de la seca va a generar en la gruesa un menor uso de fertilizantes y agroquímicos, con el consiguiente impacto en ambas cadenas. La pérdida en granos no es solo menores ingresos para la economía del país, es además cuentas que no van a pagarse, fletes que no se van a realizar, acopios que no lograrán el giro necesario. En las ciudades del interior se va a sentir el apretón.

Lo que viene es más complicado que lo que logra percibir la visual del gobierno, ciertamente compelida a cuestiones muchas veces atadas a intereses personales más que a las necesidades de todos. Aun a pesar de las lluvias recientes, que no alcanzan a revertir el escenario, en la zona núcleo hablan de economía de guerra. "¿Cuánta lluvia necesitamos? Para recargar suelos y asegurar un piso de rinde al menos 250 mm, para arrancar", se plantea un especialista como Federico Bert.

Algunos cálculos hablan de que se perderían cerca de u$s 10 mil millones en exportaciones de granos, tomando como parámetro el impacto de otras secas que castigaron a nuestra producción. Mientras tanto, el Tesoro afronta importantes vencimientos cada vez de menor plazo. Además hay que considerar la gran cantidad de dólares que tendrá que desembolsar el BCRA por las importaciones que se realizaron a 180 días y comienzan a vencer a la brevedad.

Tan delicada es la situación que el jueves pasado uno de los factores que contribuyeron a la baja registrada en la soja negociada en Chicago estuvo atado a rumores sobre una reedición del llamado dólar soja en la Argentina. Los estadounidenses ya experimentaron lo que implica en términos de probables ventas argentinas a China, y huyeron despavoridos de las posiciones de corto plazo del poroto. ¿Habrá segundo tiempo para este invento local? ¿Servirá para llegar a los ingresos de una soja demorada, allá por abril-mayo? Quizás no. De ahí que muchos sospechan que la euforia del Mundial -si todo va como deseamos con la Selección- resulte el momento ideal para dar vida a una devaluación más importante, que termine de aliviar la presión y recortar la brecha. Es el mismo criterio que se aplica en los habituales ajustes de enero, es decir, aprovechar que una parte de la población está en otra cosa. Cabe recordar que hay exigencias en materia de reservas que cumplir con el Fondo Monetario Internacional.

Todo este desaguisado obedece a las dificultades para blanquear la situación de la paridad en un contexto político en que el ala radicalizada del gobierno se obstina en no quedar pegada con el hecho. Así llegamos a tener casi 40 tipos de cambio distintos, y cada semana que pasa es peor. La devaluación ya está, falta explicitarla y hacerla llegar a todos los sectores. El dólar vale cerca de $300 para todo el mundo, salvo para los exportadores, que pierden competitividad, y las depreciaciones sectoriales son pan para hoy y hambre para mañana.

Incluso si se considera la indetenible evolución de la inflación es altamente probable que ese número se encuentre desactualizado. Téngase en cuenta que, a valores del presente, el contado con liqui tocó los $515 durante la crisis de octubre de 2020, o $ 390 cuando la coalición que hoy gobierna ganó las elecciones en 2019. Para los analistas, el CCL está muy cerca de su piso y a distancia sideral de su techo.

Seguir dilatando las correcciones macroeconómicas va a significar un mayor proceso inflacionario y una importante desaceleración de la actividad económica. El supercepo empieza a complicar a las fábricas de maquinaria agrícola, la minería, y hasta la provisión de Internet entra en duda. Si no hay cambios de fondo y la merma en las exportaciones de 2023 bordea los u$s 10.000, la política apretará todavía más las importaciones.

Desde luego que lo ideal es no estar enfermo, pero si se ha incurrido en permanentes desmanejos de la salud la dolencia llegará y será necesario hacer lo que no se hizo hasta ahí para evitar que siga agravándose. En una de esas entre partido y partido de la selección tenemos una sorpresa. 

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