Editorial

Lo único seguro es defender el grano

La cosa no mejora y sigue atada con alambre. Swap chino, dólar soja y taba en el aire. Una de las pocas certezas es que el dólar real va a seguir subiendo. Sólo se puede confiar en la moneda del campo.
Claudio Gianni
20 de Noviembre de 2022


La cosa no mejora y sigue atada con alambre. Swap chino, dólar soja y taba en el aire. Una de las pocas certezas es que el dólar real va a seguir subiendo. Sólo se puede confiar en la moneda del campo.

Producir y vender en la Argentina es cosa de guapos. Implica invertir sin tener demasiados indicios de hacia dónde irán componentes de la ecuación que deberían ser fijadas por el mercado pero están en manos del Estado. Desde ya, el valor del dólar se lleva el protagonismo en el caso del campo, ya que los commodities agrícolas están valuados en esa moneda.

Todo el mundo sabe que el precio del dólar oficial no responde a la realidad. Para mínimamente compensar la inflación debería terminar el año en $205-210, y difícilmente supere los $185. Las proyecciones indican que la devaluación oficial rondará el 68% en 2022, contra una inflación ponderada en torno del 96%. En realidad el precio es el que se negocia entre privados, arriba de $300, que muchas consultoras ven en torno de $400 o algo más para cuando den las 12 y arranque el nuevo año. El gobierno se resiste a un ajuste razonable, lo que lo lleva a emparchar por sectores. Eso genera una ruleta endiablada; el que resulta beneficiado encuentra algo de oxígeno, el que no es tocado por la varita dirigista aguanta cómo puede y hasta dónde puede.

Los últimos días muestran a un ministro de Economía sonriente, hablando de una "duplicación" de las reservas del Banco Central". Según dijo ahora rondarían los "u$s 10.000 millones, disponibles para trabajar en el mercado único libre de cambios". El milagro devendría del nuevo swap chino, que -de acuerdo con lo que comentó- habilitaría el equivalente a u$s 5.000 millones hasta julio de 2023, renovable. El acuerdo serviría para "ahorrar" los dólares de las reservas y utilizar directamente yuanes en el comercio con el gigante asiático. Además se dice que en las próximas semanas habrá desembolsos adicionales de dólares por parte de los organismos internacionales (dependerá de la aprobación de las metas del tercer trimestre por parte del FMI).

Toda esta avalancha de novedades debería tranquilizar el mercado, pero los dólares alternativos van en sentido contrario, el BCRA vende dólares oficiales más rápidamente de lo que se esperaba, y las proyecciones para 2023 meten miedo. Algunos atribuyen esta reacción poco alentadora a "una gran cantidad de argentinos viajando a Qatar". Otros dudan de los declamados efectos del swap y argumentan que no se tratará de una recuperación genuina de reservas. Incluso se menciona que los Fondos Comunes de Inversión prefieren no renovar los vencimientos de corto plazo de letras del Tesoro y presionan a la divisa.

La sensación que queda es que el "efecto Massa" se ha debilitado en las últimas semanas, y entonces los dólares formales no oficiales prenden luces amarillas. Es que siguen siendo pocos los logros: la inflación vuela, la bomba de Leliqs se agranda, la pobreza no cede, las exportaciones se complican y las fábricas no consiguen insumos, ahogadas por el cepo importador.

El ministro camina por la delgada línea roja. Apurar una devaluación en serio parece inexorable, pero es un camino plagado de peligros. No tanto por el ala radicalizada del gobierno, que ya ha indicado que no forma parte de él y que aspira a volver a gobernar el país algún día (¿?), sino porque una depreciación importante con reservas tan mermadas y un presidente débil y poco creíble puede ser la mecha que termine de detonar el país.

Mientras tanto, Reuters ha tapizado las páginas especializadas del planeta con un comentario que un funcionario del gobierno habría realizado a la agencia: "estamos analizando un nuevo dólar soja", noticia que ayudó a la baja de la oleaginosa durante la última semana en Chicago. Radio pasillo habla de un dólar a $215; parece poco, nada del otro mundo por cierto. Tres cuestiones que surgen. En principio se seguiría agravando la emisión. En segundo término, ¿si el swap chino solucionó el problema, para qué ir por un nuevo dólar soja? En tercer lugar, ¿quién venda su soja podrá acceder normalmente al dólar MEP, porque quedarse en pesos es un suicidio?

Todo es un tembladeral generado por la mala praxis desde el minuto cero. Y cuando no hay seguridad de lo que pasará con el dólar en los próximos meses, se remarca por las dudas. Ergo, más inflación. En medio de este desaguisado el productor tiene que tomar decisiones de venta; su grano sigue siendo lo más confiable que tiene a la vista, el que almacena y el que espera cosechar en unos meses.

Un conocido economista proyecta el dólar oficial a fines de 2023 en $ 285, con un CCL en torno de $570 considerando las brechas actuales, como hipótesis de mínima. El consenso de los analistas relevados en noviembre por una consultora privada detalla que el tipo de cambio mayorista llegará a $318 a fin de diciembre del año que viene, a lo que hay que cargarle una brecha no muy lejana al 100% para pensar en los dólares alternativos.

De hecho en el mercado de futuros y opciones del Matba-Rofex se está operando un precio de dólar mayorista para septiembre de 2023 en torno de $327. Y están los que incluyen al nuevo gobierno en el cálculo. "Pensamos en una unificación del tipo de cambio y un dólar alrededor de $471 para fines de 2023, contemplando alguna quita aunque más no sea parcial del cepo".

Hay que recordar además que vamos hacia un año en que el campo aportará u$s 10000 millones menos a raíz de la seca. Eso siempre y cuando no se complique la producción de soja, lo que probablemente será el tiro del final para esta aventura en que se ha convertido manejar la economía nacional. ¿El productor? Tendrá que hacer muy bien las cuentas y no desprenderse del grano si existe la menor duda. Ninguna novedad, lo sabe perfectamente. 

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